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Etiquetas:   Desde un córner   -   Sección:  

Liverpool- Chelsea, un partido para enmarcar

Antonio Pérez Gómez
Antonio Pérez Gómez
sábado, 11 de abril de 2009, 12:46 h (CET)
Menudo partidazo el de ayer en Anfield. Liverpool- Chelsea. Ahí es nada. La quinta vez que se enfrentaban en esta temporada ambos conjuntos, pero jugaron como si no se conocieran previamente. Dos de los equipos más sólidos del mundo. Un Liverpool que juega de memoria y que, de la mano de nuestro Benítez, no deja nada para la improvisación (las malas lenguas aseguran que ensayan hasta la extenuación todo, incluso la retirada a vestuarios) y un Chelsea que se basa en la potencia y la verticalidad. Y además ahora con el toque “chic” de Hiddink.

Era Champions, pero jugaron como las 4 ocasiones anteriores (2 en liga y 2 en Copa): a todo trapo, de área a área, ocupando todo el terreno y derrochando esfuerzo, en otra nueva exhibición de generosidad física y táctica. Como si un hubiera partido de vuelta. Semejante hemorragia de fútbol tenía que dar como fruto un partidazo, y eso fue lo que vimos ayer.

Otro de los síntomas de este brío futbolístico es que no hubo apenas minutos de tanteo. Era el minuto 6´ cuando un buen pase de Arbeloa lo convierte en gol Torres. Locura en las gradas. Todo el mundo sabe lo que sucede cuando un equipo como el Liverpool anda delante en el marcador. Te ejecuta a la contra, sin remisión (que se lo digan al Madrid hace unas semanas).

Sin embargo, los red no fueron fieles a si mismo. Benítez no fue fiel a su fútbol y allí todo el mundo se contagió de la locura ofensiva. El Liverpool pudo (y quizás mereció) ampliar su ventaja, con un chut lejano con mucha intención de Torres, pero no sucedió. No se calmaron los locales y quizás ese fue su error. Tras un aviso de Drogba, que paró meritoriamente Pepe Reina, vino el gol de los londinenses a 9´ del descanso. Jarro de agua fría. Un tal Ivanovic, de cabeza, establecía las tablas en el marcador a la salida de un córner..

Y ahí mutó el partido. El empate cogió desprevenidos a los scousers y ya no supieron leer el guión del partido. Además, Mascherano estaba sancionado y Lucas Leiva, su sustituto, no estuvo a la altura. A la vuelta del descanso, los del Chelsea tomaron la manija del partido. El Liverpool llevaba la responsabilidad y la posesión, pero los azules eran los auténticos dueños en medio de esa batalla constante en cada cuadrante del terreno de juego.

Cuando Ivanoic, de remate idéntico al anterior, marcó el 1-2, todos supieron que era el principio del fin. El postrero gol de Drogna finiquitó al Liverpool y seguramente la eliminatoria.

Por cierto, al terminar el partido, Ivanovic pidió intercambiarse la camiseta con Torres. Este se negó.

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