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Etiquetas:   Botella al mar   -   Sección:  

Difusores, KERS, sorpresas… y el helado de Kimi

Fernando Mendikoa
Fernando Mendikoa
viernes, 10 de abril de 2009, 11:42 h (CET)
La pasada semana hablábamos del inicio del campeonato del mundo de F-1, y ya hay noticias y datos suficientes como para hacer unas primeras reflexiones: y eso que solo han transcurrido dos carreras. Centrándonos en lo puramente deportivo, y dejando de lado por tanto otro tipo de comentarios (que bien podrían hacerse en relación a este llamado “circo”), hay que decir que el Mundial ha arrancado con unos cuantos ingredientes, y para todos los gustos: sorpresas, polémicas, e incluso algunas urgencias ya para pilotos y escuderías. Desde luego, no puede decirse que esté siendo un inicio de campeonato aburrido, ni mucho menos. Una de esas polémicas había llegado incluso antes del comienzo, cuando el mandamás de la F-1, Bernie Ecclestone, propuso repentinamente (y a escasos días de arrancar el campeonato) un cambio en el sistema de puntuación, de modo que el campeón sería el que más victorias lograse al cabo del año. Los equipos montaron en cólera y la idea se ha pospuesto al año que viene, aunque no es fácil que prospere.

La siguiente polémica lleva la firma del gurú Ross Brawn. Los difusores que ha ideado para sus bólidos han provocado que Jenson Button haya logrado el pleno en las dos carreras que llevamos, sin que nadie pueda seguirle la pista al británico, salvo (claro está) su compañero Rubens Barrichello. Dos pilotos que daban sus penúltimos coletazos en este deporte, y que de la noche a la mañana se han confirmado como aspirantes a campeones del mundo, lo que demuestra que casi todo el éxito de un piloto está en el coche que lleve. Aún está por ver si la Federación Internacional del Automóvil les da el ok definitivo, pero por ahora los famosos difusores son legales, e indudablemente efectivos (aunque el gran nivel demostrado por los Brawn GP tenga además otras causas). El caso de otra de las novedades este año, el KERS, es diferente: también es legal (como lo son por ahora los difusores), pero la duda estriba en su efectividad. Este sistema permite almacenar energía para usarla por unos segundos, cuando así lo decida el piloto (a modo de turbo, para entendernos), pero no está nada claro que suponga un avance, ya que su uso es limitado y además aumenta el peso del coche. De forma que ahora mismo tenemos monoplazas equipados con las cuatro posibles combinaciones (con o sin difusores, con o sin KERS), lo que abre el abanico de un modo ciertamente interesante de cara a la resolución del campeonato, y sobre todo al triunfo de escuderías diferentes a las habituales.

Y esto es algo que los aficionados a este deporte esperaban desde hace años. Aunque, como casi siempre suele ocurrir, los cambios no sean del gusto de todos: más aún en el caso de los que no han comenzado con buen pie el campeonato. Por ahora, de éxito total puede definirse lo que está haciendo Brawn GP, un equipo con el que no muchos contaban, a pesar de la presencia de un ingeniero que es referencia absoluta en el mundo de la F-1, como Ross Brawn, que ha pasado por las mejores escuderías. Es tal su superioridad ahora mismo, que Button venció en Malasia a pesar de hacer cuatro paradas en boxes. Es de suponer que el resto de equipos empezarán a utilizar los difusores en cuanto la FIA dé luz verde definitiva, pero Ross Brawn lleva meses de ventaja a sus rivales, y no es muy difícil imaginar que también dé otros pasos que le mantengan delante del resto. Además, también Jarno Trulli y su Toyota han comenzado el curso con muy buena nota, mientras que Timo Glock puede entrar asimismo en el capítulo de las sorpresas positivas de este inicio de campeonato.

En el polo opuesto, destacar el mal inicio de Renault (que anunciaba algo muy diferente para este 2009, y sin embargo sigue deambulando en la mediocridad); el todavía peor comienzo de McLaren (con la losa añadida del castigo por mentir a los comisarios en Australia, y las consecuencias aún mayores que ello les pudiera acarrear); y, sobre todo, el pésimo arranque de Ferrari, que por ahora ni siquiera sabe lo que es puntuar. De todos modos, la recuperación de ambas (McLaren y Ferrari) hay que darla por segura, mientras que en el caso de Renault se antoja más complicada. Y aunque demos por hecha esa resurrección en los coches rojos y en los plateados, son puntos importantes los que se están escapando a esas escuderías y a pilotos que entran en todas las quinielas, como Kimi Räikkönen y Felipe Massa, algo por supuesto similar a lo que ocurre en el caso del actual campeón del mundo, Lewis Hamilton, o incluso en el de Robert Kubica.

Pero no creo que esta situación desencaje lo más mínimo al verdadero protagonista en este arranque del Mundial. De entre todas las imágenes que por ahora nos ha dejado este campeonato, hay una que sin duda sobresale: la de Räikkönen en el G.P. de Malasia, en bermudas y comiéndose un helado. Cuando nadie sabía si la carrera se reanudaría o no tras el diluvio caído, algo que por supuesto significaba una altísima dosis de estrés y tensión para pilotos y equipos, el finlandés demostraba lo que ya muchos teníamos claro: que este tipo está hecho de otra pasta, y que los nervios no van con él; ni siquiera cuando gana una carrera, o un campeonato del mundo, así que mucho menos cuando hablamos de un simple aguacero. Por supuesto, no es esta la primera foto que nos lega para el recuerdo. Nunca olvidaremos al gran Kimi dejando en la cuneta de Mónaco su malogrado McLaren, y poco después apurando una copa de champán a bordo de un yate, como si nada hubiera pasado. Y muy bien acompañado, por cierto. Desde entonces, “Iceman” es el ídolo de unos cuantos que conozco, entre los que por supuesto me incluyo. Por no hablar de aquella primera cita de la temporada pasada (y con la que comenzaba la defensa del título logrado en 2007), cuando confesó que casi se queda dormido durante la carrera. Este Kimi es un crack, definitivamente.

De manera que, si a alguno le había quedado alguna duda de que estamos ante un verdadero fenómeno, ajeno por completo a nervios, agobios, estrés y demás problemas que solo te llevan a desajustes de salud, él mismo se encargó de solventarlas. O más bien de confirmar lo que ya todos sabíamos. Y tiene mucha razón: ya tenemos suficientes preocupaciones en la vida, como para añadir alguna más. Por ello, y dado que él poco o nada tenía que hacer a la hora de que el cielo dejara de soltar agua (y, a partir de ahí, decidir si la carrera se reanudaba o no), resolvió que nada mejor que degustar un heladito. Y si hay que volver a montarse en el vehículo y ponerlo a 300 por hora, sin problemas: él ya había tomado el aperitivo. Al igual que en Mónaco: si el coche no tiene ya remedio, qué mejor que ahogar penas en champán y junto a buena compañía. Por tanto, suponer (a partir de ahí) que está preocupado e inquieto por sumar cero puntos tras las carreras de Australia y Malasia se antoja directamente imposible: no sería nuestro Kimi. El mito se nos derrumbaría y, sinceramente, no estamos como para eso.

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