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El caso Letelier sigue en la nebulosa

Luís Agüero Wagner
Redacción
viernes, 10 de abril de 2009, 11:41 h (CET)
Hace pocos años Washington fue la sede de dos actos conmemorativos por los 30 años del asesinato del ex canciller Orlando Letelier.

El gobierno chileno organizó, en coordinación con el estadounidense, un evento el 21 de septiembre de 2006 en el monolito existente en Sheridan Circle, justo donde se realizó el atentado con bomba contra el ex ministro de Allende, en el que murió junto a su secretaria Ronnie Moffit.

En paralelo, el embajador venezolano en Washington, Bernardo Álvarez, preparó una ceremonia para el mismo día.

La familia del extinto ex canciller aprobó las intenciones venezolanas, dada la larga historia que vinculó a Letelier con ese país.

"Después del golpe, cuando a mi padre lo tomaron preso -explica el senador Juan Pablo Letelier-, uno de quienes gestionó su libertad fue el venezolano Diego Arrias, gobernador de Adeco (Partido Social Demócrata). Y soltaron a mi padre el 10 de septiembre de 1974. ¿Y adónde se fue? A Venezuela. Luego partió a Washington. Cuando lo mataron, Venezuela ofreció su territorio para enterrar a mi padre, porque Pinochet no permitió enterrarlo en Chile. Sus restos fueron repatriados en 1994".

Los actos paralelos solo fueron una evidencia más de que las heridas del caso siguen abiertas.

EL ASESINATO
El 21 de septiembre de 1976, alrededor de las 9 de la mañana, Marcos Orlando Letelier del Solar. fue asesinado mediante una bomba activada por control remoto, que se encontraba colocada debajo del piso del vehículo en que se movilizaba. El coche bomba también mató a la ayudante estadounidense de Letelier, Ronni Moffit y dejo herido al esposo de esta Michael Moffitt.

En la autopsia se consigna como la causa de muerte de Orlando Letelier: desangramiento, amputación traumatica de las extremidades inferiores, lesiones sufridas en explosión.

El cuerpo de Orlando Letelier fue sepultado en Venezuela, pues Pinochet no permitió enterrarlo en Chile. Sus restos fueron repatriados en 1994.

El asesinato de Letelier era la parte de un esfuerzo coordinado por varias dictaduras de los Ejércitos en América Latina para intimidar y asesinar a sus opositores políticos. Este esfuerzo, conocido como Operación Cóndor, incluyó naciones como Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Tres de aquellas naciones - Uruguay, Argentina y Chile - comenzaron a asesinar figuras de oposición en países extranjeros durante la primavera de 1976 con el patrocinio del gobierno de los Estados Unidos.

Varias personas fueron procesadas y condenadas por el asesinato. Entre ellos estaban Michael Townley, un expatriado estadounidense colaborador muy cercano a la agencia de inteligencia chilena DINA, el general Manuel Contreras, antiguo jefe de la DINA, y el general de brigada Pedro Espinoza.

LA CONEXIÓN PARAGUAYA MAS IMPUNE QUE NUNCA

Letelier era un político y economista chileno, miembro del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, padre del hoy senador Juan Pablo Letelier.

Varias personas fueron procesadas y condenadas por el asesinato. Entre ellos estaban Michael Townley, un expatriado estadounidense colaborador muy cercano a la agencia de inteligencia chilena DINA, el general Manuel Contreras, antiguo jefe de la DINA, y el general de brigada Pedro Espinoza.

No obstante, nadie hasta ahora se explica cómo pudo zafar de tamaño karma el cuñado y socio en varias empresas de Aldo Zucolillo, Conrado Pappalardo.
La historia de ese brutal crimen había empezado unos años antes, y en las más altas esferas del poder mundial.

Luego de que el 15 de septiembre de 1970 Nixon se reunió con el Consejo de Seguridad Nacional Henry Kissinger, el fiscal general John Mitchel y el director de la CIA Richard Helms en su despacho de la Casa Blanca, y ordenó actuar contra Salvador Allende, el operativo empezó en Asunción.

Con el apoyo asegurado de las agencias norteamericanas de defensa, de estado, de comercio, Tesoro, la CIA y la National Security Agency, Stroessner empezó el juego moviendo sus fichas sigilosamente.

Primero traficó profusa información de inteligencia militar (II Departamento), Relaciones Exteriores y la estación de la CIA en Asunción valiéndose de la embajada paraguaya en Santiago, relativas a divergencias y alianzas políticas que puedan resultar útiles para la tarea desestabilizadora. La embajada paraguaya en Buenos Aires aportó vitales datos, que fueron procesados en Langley, antes de ser remitidas a las instancias decisivas.

En segundo término, se inició un voluminoso flujo bancario entre Asunción y Santiago, dinero que se utilizó para financiar huelgas, sobornar autoridades civiles y militares, políticos, empresarios, sindicalistas y organizaciones paramilitares. El flujo se agudizó durante el mes de agosto de 1973, siendo vital el desempeño del general Roberto Viaux quien se hallaba exiliado en Paraguay luego de encabezar, el 21 de octubre de 1969, una sublevación de miembros del Ejército chileno, episodio que fue conocido como el "El Tacnazo".

Finalmente, como es regla, los aeropuertos de Paraguay fueron cedidos al Pentágono como soporte de apoyo logística a Chile, incrementándose inusualmente el tráfico aéreo entre Panamá-Asunción-Chile, con equipos de comunicaciones, armas y pertrechos destinados a los complotados contra el gobierno constitucional. Las tareas en Asunción fueron coordinadas por un coronel de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, William Meyer.

El golpe que estaba en curso desde que Nixon y Kissinger lo habían decretado, finalmente se produjo el 11 de septiembre de 1973. Pinochet, hombre agradecido, hizo su primer viaje como jefe de estado chileno tomando como destino al Paraguay, donde personalmente expresó su gratitud a Stroessner por los servicios prestados. Le entregó la distinción de General Honoris Causa del Ejército chileno.

Desafortunadamente el tutor de ambos, Richard Nixon, no tuvo tiempo de unirse al festejo. Se encontraba asediado ya por las investigaciones relativas al escándalo del Hotel Watergate, que lo obligó a dimitir tres meses después.

Uno de los documentos que vio la luz en el año 2000, muestra cómo Pinochet personalmente pidió al dictador Stroessner, de Paraguay, que emitiera pasaportes con nombres falsos para Michael V.Townley y Armando Fernández Larios. Estos dos individuos eran agentes de la DINA (policía política chilena) que posteriormente se declararían culpables del atentado mortal contra el ex canciller de Salvador Allende, Orlando Letelier, cometido en Washington el 11 de septiembre de 1976, exactamente tres años después del golpe de Pinochet.

Cuando todos esperaban que el entramado diplomático se desmadejaría con un relacionamiento más fluido entre gobiernos "socialistas" en Chile y Paraguay, encabezados por Michelle Bachelte y Fernando Lugo, se puso en evidencia una gran desilusión.

Se suponía que podrían investigarse a fondo las implicancias en el brutal atentado de Conrado Pappalardo, quien siempre se escudó en el respaldo del diario de su familia, ABC color para huir de la justicia. Desafortunadamente, los dueños de ABC color fueron los principales puntales del obispo durante su proselitismo, y difícilmente éste pueda superar sus compromisos con Aldo Zucolillo y su familia, de tal suerte a propiciar la justicia que corresponde a los asesinos de Orlando Letelier.

Todos estos indicios hacen notar que la conexión paraguaya seguirá impune. LAW

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