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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

El voto de pobreza

Mario López
Mario López
jueves, 9 de abril de 2009, 11:53 h (CET)
El mundo de la buena gente de derechas por estos días, y desde que Zapatero les desposeyó del señorío de la Moncloa, está convulso. Por un lado, no saben qué hacer con toda esa mezquindad que les rezuma. Su líder carismático, Aznar, farfulla milongas bastante fastidiosas aunque inocuas por previsibles. Su líder nominal, Rajoy, se esfuerza por salvar del descrédito, bajo su más que endeble autoridad, a su tesorero Bárcenas, al diputado Galeote –RAE: hombre que remaba forzado en galeras- y al dandi Camps, el calvorota. La libérrima presidenta de la CAM, en su loca huída hacia adelante, cierra comisiones a sus adversarios y abre emisoras a sus amigos.

La COPE decide alejar al taliban de sus micrófonos y este se revuelve contra ella como bestia batida a la retranca (moriré matando, dice). La Conferencia Episcopal, sin dar otras muestras de humanidad, endurece sus ataques contra la nueva ley del aborto. Así las cosas, en medio de esta crisis telúrica, el obispo de Segovia Ángel Rubio Castro pide a los curas que donen el 10% de sus sueldos a los parados. La media salarial del clero es de 700 euros; los obispos cobran 200 euros más. Si todos los católicos imitaran a los curas, en España hoy no habría paro. Y si lo hubiera sería semejante a una tranquila jubilación. Pero es que no hay caso. Los católicos quieren ganarse el cielo aquí y más allá de la muerte. Para ganárselo aquí abrazan el capitalismo y para ganárselo allá, el confesionario. Y así es muy difícil hacer que las cosas mejoren. En lugar de decir a la sociedad laica lo que tiene que hacer con su cuerpo, la Conferencia Episcopal debería exigir a sus fieles el cumplimiento riguroso del voto de pobreza. Ya veríamos como entonces pocas gentes de derechas se iban a arrimar a la política y a nadie le parecería extraño el socialismo.

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