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Fumarse la economía

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 7 de abril de 2009, 12:52 h (CET)
Ante la natural y anunciada defenestración del ministro Solbes, desbordado por la agitación de unos mercados financieros mundiales que le tenían los pulsos alterados y le mantenían en un continuo estado de estrés absolutamente antinatural con su permanente dinamismo de durmiente, suena el nombre de la señora Salgado para la cosa de los dineros públicos, mucho más templada de moral y altísimamente cualificada para, por ejemplo, prohibirnos el uso de la voz crisis, la queja contra las acciones de su Ministerio o aun despistar sobre las grandes cuestiones imponiendo la obligatoriedad de misa parsí para rogar a los dioses una solución a la crisis.

Se agotan a la par las ideas para combatir el desmadre económico que los adalides capaces de desfacer entuertos, pero sobran las personajes fundamentalistas que son más que imaginativas con la cosa de lo excéntrico o extemporáneo. ¿Nos prohibirá tocar el papel moneda con la excusa de que contienen gérmenes?..., ¿prohibirá el uso de los billetes de quinientos euros por la densidad microbiana de cada centímetro cuadrado?..., ¿o se limitará a dividir la sociedad con mamparas entre quienes usan billetes altamente contaminados y quienes usan impoluta y aséptica calderilla, decretando espacios equipados con los correspondientes equipos de aireación forzada?... He aquí las inquietudes que a la ciudadanía nos tiene en un fil con el arribo de la nueva ministra.

La eficacia de esta señora para lo imprevisible ya está sobradamente constatada, siendo más que capaz de imponer por el artículo 33 (altísimo grado masón) lo que a su peculiar parecer personal o a su capricho se le ha emperejilado. Puede ser que con el paso del tiempo y su mayor experiencia en los asuntos del gobierno haya adquirido mayor sensatez y se limite a imponernos que demos la paga semanal a los chavales con una tarjeta de crédito convenientemente desinfectada, o puede que su radicalidad se haya exacerbado en vista de los excelentes resultados obtenidos con sus anteriores despropósitos y tengamos que encajar cualquiera de estos días un nuevo invento de esta señora tan ocurrente..., para nuestro bien, eso sí.

Tal vez sea necesario una señora así en los tiempos que corren —tiempos extraños por de más, en los que todos dan por cierto lo que ni siquiera se explica con coherencia—; pero, qué quieren que les diga, a mí me parece que la cosa es como tener una severa avería en casa y llamar a Pepe Gotera y Otilio para que pongan orden en el caos, o tener un incendio doméstico e intentar apagarlo con gasolina. Seguramente la nueva ministra tiene talentos extra, más allá de prohibir lo absurdo con el fin de coartar libertades individuales en un país que se está cayendo a pedazos como si tuviera la lepra, pero no puedo imaginar —o prefiero no hacerlo— cuáles podrían ser. Aunque, bien pensado, después del bochornoso espectáculo del G20, en el que algunos supuestos dignatarios perdieron transitoriamente su dignidad para pedir autógrafos al divo-presidente Obama, cualquier cosa es posible, y lo que prime de aquí en más sea elevar a los freakys no ya a las cumbres de la popularidad televisiva, sino a los ministerios. Es el Nuevo Orden.

Que algunos países hayan puesto al frente de sus gobiernos a personajes como ésos que tanto se han afanado en obtener autógrafos obameros, humillando al conjunto de sus gobernados, no debiera ser excusa para que todos los demás —los aparentemente dignos— optaran por imitarlos; pero habida cuenta de lo bien visto que ha estado por los medios y cuánto le complacía el baboseo al presidente norteamericano por lo bien que se deslizaba en las diferentes cumbres europeas, es probable que hayan tomado nota quienes no estaban en la clack obamista y opten por conductas semejantes, no sea que se queden fuera del reparto de caricias o sin espacio para dar lametones. No es un espectáculo, no; son los freakys han salido ya de la tele, han comenzado a invadir los ámbitos de la alta política y están tomando las riendas de las cuestiones globales, con lo que lo más absurdo comienza a ser ya coherente en este nuevo orden que está amaneciendo.

Después de lo que se vio en el G20, en el que a los líderes de los 20 sólo les faltó hacer la ola al presidente Obama, algo así era de temerse. Perdido el pudor y el temor al ridículo, no es extrañó que ya se propenda a lo que tanto complació al rey de este mundo y comiencen a engastarse al frente de los diferentes ministerios de cada país las joyas más preciadas de cada corona, no importa para hacer qué, pues que lo que importará de aquí en más es lo absurdo, por quedar las grandes cuestiones en manos de los órganos creados por este mismo Nuevo Orden.

Así está cosa, e inútiles ya los talentos que puedan sacar a un país dado de sus propias dificultades por haber sido cedida la soberanía al rey de este mundo, ya cualquiera puede ser ministro, quien sabe si porque aunque esté prohibido fumar en el exterior, ahí le pegan al canuto a base de bien. Será o no, quién sabe; pero en ese contexto, precisamente, encaja con especial primor la señora Salgado. Por mi parte, sin embargo, sigo fumando.

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