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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Leyes imposibles

Santiago Chiva (Granada)
Redacción
miércoles, 8 de abril de 2009, 11:36 h (CET)
Los gobiernos tienen más que comprobado que en temas de Bioética se pueden aprobar leyes de imposible cumplimiento, sin especial desgaste. Hace unos meses Obama aprobó la investigación con células madre obtenidas eliminando embriones humanos, pero aseguró estrictos controles (algo imposible de lograr ni con cámaras de seguridad 24 horas en cada esquina de todos los laboratorios del país) Según el Informe Hendin, al poco de aprobarse la Eutanasia en Holanda, el 60 % de los casos no eran declarados por los médicos y el 20% de los facultativos manifestaban expresamente que ellos no estaban dispuestos a hacer los informes que pedía la ley, de modo que los controles quedaban en nada. En Bélgica, la Comisión Federal de Control y Evaluación de la Eutanasia que valoró los primeros meses de la aplicación de la ley, reconocía los límites del control de la aplicación de la ley: al final, decía, depende del respeto de los médicos a la obligación de declarar las eutanasias. Y parece ingenuo pensar que los médicos lo harán de modo que se auto inculpen.

Cuando en España se despenalizó el aborto en determinados supuestos, los requisitos enunciados en la ley y sus reglamentos, a pesar de la solemnidad jurídica que transmite el texto, no impidieron que aquello fuera un coladero del aborto libre. Es ingenuo pensar que la ley Aído, que en su fase de proyecto ha dado varios bandazos, vaya a dar con la tecla del cumplimiento estricto de la ley. Si te da igual matar un feto de 14 semanas, no te temblará el bisturí si tiene 18, 22, 24 o 36. El concepto de viabilidad fuera de la madre es algo demasiado etéreo para el que ha cogido práctica en hacer abortos y sobre todo en cobrarlos.

El efecto de “pendiente deslizante” que se da en todas estas leyes no es una consecuencia no deseada y evitable: es lo que se busca. El carácter de excepcionalidad, los supuestos, requisitos y dictámenes de comités éticos son lo pasajero, lo que sirve de medio, el peaje que hay que pagar para llegar a lo que realmente se busca: aborto libre, eutanasia a la carta o embriones en hipermercados biosanitarios. Podemos engrosar en el número de los ingenuos o, pasar a ser integrantes de la cofradía de la vista gorda. Pero también podemos denunciar las incoherencias de estas leyes de imposible cumplimiento.

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