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Mentiras arriesgadas
Daniel Lázaro
Menudo inicio de temporada tuvimos el pasado fin de semana con el Gran Premio de Australia de Fórmula Uno. Sin duda alguna, se puede decir mereció la pena tanto tiempo de espera, casi un mes más que pasados campeonatos. Y mucho me temo que todavía no ha acabado.
Con difusores ilegales, con el KERS maldito y con coches que no andaban lo que los pilotos querían. Así de emocionante empezaba el fin de semana en Melbourne. Brawn y Toyota marchaban un peldaño por encima del resto (con su peculiar difusor) y los teóricos favoritos se hundían en los libres y en la clasificación del sábado. Entonces llegaron las primeras decisiones de los comisarios, con la retirada de los tiempos efectuados por los dos Toyota y la sanción a Hamilton por la sustitución de la caja de cambios. ¡Miren qué poco les duró!
Ya el domingo, los veinte pilotos nos brindaron una espectacular carrera, con Trulli, Hamilton y Glock alcanzando la 3ª, 4ª y 5ª plazas respectivamente, tras salir desde lo más profundo de la parrilla, con un Button excepcional y con Barrichello remontando tras la catástrofe que causó en la primera curva de Albert Park. Se pudo comprobar que el Renault no es competitivo, aunque bastante hizo Fernando comparándolo con la comparsa que es Piquet en el equipo francés.
Pero las sorpresas iban a llegar tras la carrera. El mismo domingo pudimos saber que se le había despojado el tercer puesto a Trulli por rebasar a Hamilton con el coche de seguridad en pista. No había imágenes y todos nos quedamos estupefactos, ya que el italiano marchaba por delante… y el jueves ya salimos de dudas: se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. El refranero español es de sabio… díganselo a Vettel, que casi culmina la carrera como si de una moto se tratase.
McLaren y Hamilton habían mentido tras la carrera. Algo inexplicable, pero cierto. ¿Acaso no saben que se graban todas las comunicaciones entre piloto y equipo? Ahora mismo se les debe estar cayendo la cara de vergüenza a los británicos, con un cero bien redondo en la clasificación. “Lewis, tienes que dejar pasar al Toyota ahora”. “Entendido, ya le he dejado pasar”. Anda que… más translucido que el agua.
Y el cabeza de turco (no hablo de los destrozados por Güiza) ha sido Dave Ryan, director deportivo de McLaren. Estoy casi seguro de que él fue el único culpable del caos. Puestos a mentir…
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