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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las hay que se quejan de vicio

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 6 de abril de 2009, 11:46 h (CET)
No soy de los que se llevan las manos a la cabeza cuando me entero de que alguna persona percibe una retribución alta por sus trabajo, soy liberal y creo en los méritos personales, en una retribución adecuada a las prestaciones con las que cada uno puede contribuir a mejorar su entorno y a proporcionar riqueza a la nación. Es más, no me duelen prendas en aceptar que aquellos en los que la Divina Providencia ha puesto su mano y han salido favorecidos con determinadas aptitudes para la escritura, el arte, los deportes, el comercio o cualquier actividad digna con la que sobresale sobre el resto de ciudadanos, reciba la recompensa económica que su especial habilidad le hace merecer. Sin embargo, a sensu contrario, debo decirles que soy diametralmente contrario a aquellos que, sea por enchufe, arribismo, sinecura, prácticas endogámicas o privilegios inmerecidos, consiguen remontarse por encima de los demás, sin tener otro mérito que el haber sabido “trepar” o disponer de “padrinos” adecuados que les hayan ayudado a hacerlo y, sin comerlo ni beberlo, se encuentran aupados a las poltronas del bienestar, la riqueza y los honores, a los que nunca hubieran podido llegar por su propio trabajo y esfuerzo.

Por desgracia, estos casos de arbitrariedad y favoritismo son el pan nuestro de cada día en los ámbitos de la política, donde estamos acostumbrados a ver como sujetos/as cuyo único aval ha sido militar en un partido, saberle bailar el agua a sus jefes y moverse con soltura por entre los vericuetos de las influencias y las lisonjas, en los que suelen ser verdaderos artistas, logran medrar a costa de los demás. En todos los partidos políticos podemos encontrar especímenes que reúnen tales “cualidades” pero, donde se prodigan de una forma más notable, sin ninguna duda, es en el PSOE, partido que, en un tiempo, se dedicó a favorecer a las clases sociales más necesitadas, pero que, de un tiempo a esta parte, han llegado al convencimiento de que les resulta más rentable, a los que manejan el “cotarro”, dedicarse al propio enriquecimiento, repartiendo las migajas entre los paniaguados que les ayudan a atesorarse.

La verdad es que, sujetos como el Pepiño Blanco, el bachiller Montilla, la Bibiana Aído, la socióloga Leire Pajín y el señor Celestino Corbacho, ministro de Trabajo; son ejemplos vivos de cómo, sea por relaciones familiares o fuere por el sistema de ir escalando escalones rascando espaldas y pegando codazos, han conseguido ocupar lugares que, si se hubieran dedicado a lo que, por sus estudios y conocimientos, les hubiera correspondido, hoy en día nadie los conocería ni, probablemente, pasarían de ser miembros de esta masa amorfa integrada por los mediocres. Por eso, cuando me he enterado de que, la señora Pajín, percibe la cantidad de 5.000 euros mensuales (832.000 de las antiguas pesetas) y que, por añadidura, recibe otros 90.000 euros (14.900.000 ptas,) al año en concepto de “indemnización”, durante dos años, por haber sido Secretaria de Estado; uno se pregunta si, visto lo visto y teniendo en cuenta su historial ¿no debiera ser el Estado o el PSOE quien nos indemnizara a nosotros, los ciudadanos, por haber puesto en un empleo, pagado con nuestros impuestos, a semejante nulidad?. Por lo visto, la señora Pajín, considera que es muy natural la retribución que percibe y, como no podía fallar, atribuye al “machismo” del sexo contrario el que nos hagamos cruces de que se pueda dar una situación tan abracadabrante. ¡No, señora mía, no nos quejamos de su sueldo ni por ser mujer, ni por ser joven ni por nada que no sea su evidente falta de preparación para ocupar su puesto, por nada más!

Sin embargo uno puede pensar, por ejemplo, dejando aparte la idiotez esta de la famosa “paridad”, si es que, ¿no hay en todo el PSOE algún hombre o mujer que tenga carrera, que haya tenido experiencia profesional y que disponga de una preparación adecuada para ocupar, con solvencia y efectividad, el cargo que ocupa esta moza? O, ¿es que los españoles, por el simple hecho de que se cumpla la paridad, hemos de soportar a unas señoras sin preparación a las que les viene ancho el cargo y que, por añadidura, tienen la arrogancia y el descaro de presentarse como expertas en temas que desconocen? Pero es que, tratándose de socialistas, viniendo del comunismo y con antecedentes como el de su primer caudillo, Pablo Iglesias, ¿no se les cae la cara de vergüenza de percibir semejantes emolumentos, exagerados incluso para un técnico eficiente, mientras hay tantos miles, cientos de miles y millones de obreros en paro que han agotado sus prestaciones?¡ Menudo ejemplo! y menuda cara se necesita para que, todavía, se venga a hacer la ofendida porque haya personas que estimen que el Estado les está robando, cuando se dan cuenta de que se dedican parte de los impuestos para subvencionar a partidos políticos que aúpan a semejantes personajes a puestos para los que no están cualificados.

Y es que, por añadidura, esta señora es de las que pontifican sobre los derechos de las mujeres y reclaman su igualdad con los hombres. Veamos, señora mía, ¿cómo es posible que tenga la temeridad de querer impartir lecciones de ética, moralidad y de lo que conviene o no a la Sociedad si apenas ha dejado de tomar el biberón y sus palabras no tienen otro respaldo que el de su experiencia por los despachos del PSOE. El que tenga quien la apadrina y que provenga de la endogamia socialista no la avala a usted para que vaya sembrando sus opiniones cuando, debido a su falta de una repreparación adecuada, pueden calar en personas cuyas luces naturales no les permitan distinguir entre lo que es una información sensata, documentada y con apoyo científico de una sarta de tópicos demagógicos, pronunciados con toda solemnidad, como si la persona que los emite fuera una experta en la materia. Mire, le voy a dar un consejo, aunque ya sé que no me hará caso: deje usted su puesto, vaya a darse una vuelta por las colas de parados, ante las oficinas del INEM, y déles una conferencia sobre el aborto y, ya verá usted, lo que le contestan. España necesita trabajo, buenos gestores y, sobre todo, librarse de esta enfermedad que padece desde hace años y que la lleva a la ruina: el socialismo.

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