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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Vivencias cristianas

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 6 de abril de 2009, 11:46 h (CET)
Hoy les propongo un recuerdo, desde él partirá el comentario. A la entrada de la Catedral de Chartres, se encuentra dibujado en el suelo, uno de los más famosos LABERINTOS. Son varios círculos concéntricos, intercomunicados, con entrada, llegada al centro de esas esferas y salida final. Si bien son numerosos los teóricos significados, no me consta una explicación en firme de sus constructores; para ese repaso, los relatos de Javier Sierra constituyen un buen acompañante.

Esa ubicación del dibujo en la entrada, no me parece una mala SUGERENCIA; algo así como una invitación y una pregunta. La entrada en ese lugar de culto, qué despierta en el visitante, con qué actitud se aproxima, con qué proyectos. Se habla del alma y de Dios como centro de las esferas, hay diversas deducciones, quizá demasiadas. Las interpretaciones no me parecen lo fundamental. Con el laberinto, la Cuaresma u otras realidades religiosas; es la vivencia de cada persona, su implicación íntima, la participación que resulta decisiva. La fe y los símbolos, aplicados a las actuaciones personales. Más que intérpretes, necesitamos el compromiso consecuente para ligar creencias y comportamientos. Y esta aplicación final, no podrá ejercerse al margen de la sociedad, es una dialéctica compartida con otras implicaciones personales.

Estimemos 4 de las estrategias básicas aproximativas ante ese interrogante complejo, sobre las creencias, el alma, la divinidad, …; son maneras de circular por el laberinto:

1. LEVEDAD DESMITIFICADORA. Sin entusiasmos, ni con perplejidades; a modo de una bonanza con los mínimos altibajos. Con esta actitud no se lía uno con las cuestiones religiosas elevadas. El razonamiento de la fe se torna en algo acomodaticio de cara a los entornos de cada uno. Es como si creyéramos en un Dios que no abulta demasiado. Las grandes sensaciones míticas o los significados profundos de la fe, quedan en meras carantoñas. La vida, la muerte, el más allá, la moral o la implicación en lo cotidiano, son tratados con enorme suavidad. Con tanta banalidad, ¿Qué queda de esa pretendida Religión? Los principios básicos apenas se insinuan. Por mucho que quieran adornarse, estas estrategias chirrían cuando en el laberinto de lo cotidiano se enfrentan a determinados problemas. Financiación procedente de fondos mafiosos o corruptos; actividades clericales de actitud meliflua y tolerante con los terrorismos; participantes en los rituales, desprovistos de una aplicación práctica consecuente. Baste con estos ejemplos, ponen en evidencia la levedad de esta estrategia. Queda muy deslustrado el enfoque del cristianismo con estas premisas; pero es visible, choca, al pretender la unión de lo supremo con lo insustancial o incluso malvado.

2. SINÉCDOQUE DE CULTURA. Pienso que se trata de una visión cristinana muy extendida. A través de ella, el auténtico núcleo del cristianismo, se va desviando a las diferentes ramas culturales. Con esa tendencia, las influencias cristianas en los comportamientos, pasan a confundirse con las esencias de la creencia religiosa. Confluyen dimensiones variadas, retóricas, estéticas, éticas, políticas; todas aquellas que hayan recibido una cierta impregnación cristiana. Una vez desarrolladas esas dimensiones, se tropieza con impedimentos, errores e incluso perversiones; al cabo de largos trayectos, se juzga, alaba o critica al cristianismo por esos comportamientos. Se desplazó el sentido. Son culturas configuradas en áreas afines a estas creencias, pero son otra cosa, no la esencia de ese sentimiento religioso. Este apartado, no sólo genera confusiones partiendo del malentendido, se añaden justificaciones, se promueven actuaciones, muy alejadas al final del sentimiento religioso primero. Estas desviaciones, por su misma naturaleza, diluyen progresivamente el compromiso inicial. En resumen, cultos, asociados, bien o mal intencionados; pero la fe cristiana es otra cuestión, no es es esa aureola cultural que lo envuelve.

3. ENCARNACIÓN de DIOS. El matiz de esta tercera orientación, casi resulta increible; por eso causa asombro la observación de tantos militantes en su órbita. Se encuadran aquí aquellos cristianos que no se conforman con tener fe en Dios, con su credo del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; no les debe parecer suficiente esa búsqueda y esa esperanza para la vida terrenal. Ellos mismos son individuos que al considerarse parte de Dios, se endiosan, se instalan en la divinidad como base para sus actuaciones sociales. Es una diferencia de matiz, pero importante. Nadie de este mundo está instalado en la divinidad, otra cosa es que se lo crean y procedan como si fuera así; al fin no sería sino una cuestión de poder y dominio. El hombre no tiene otro remedio que estar incardinado en el sentido de la vida, goces, problemas, relaciones, razón y sensibilidad. Pasar de ahí, serán esperanzas, intuiciones, razonamientos, pero nunca confirmaciones absolutas. Esto convierte a estas vivencias de tan directa comunicación divina, en una mero ilusión; cuando no pasan a convertirse en una temeridad. ¡Eso de la comunicación directa con Dios! Hay numerosos ejemplos de este apartado.

4. DESAFÍO en LIBERTAD. Aquí radica el meollo para un cristiano expuesto a los avatares personales y sociales de este mundo. Si no hubiera capacidad de decisión, no podríamos hablar de participación auténtica, el reto nace de ahí, ¿Qué respuesta le damos? Esa primera decisión ratifica la identidad del creyente en su toma de posición. Razona y responde afirmativamente a esa fe del cristianismo. Luego madura esa fe, con la duda, las preguntas y el pensamiento. Ese enfoque elimina simplismos empobrecedores, como la fe ciega sin razones, endiosamientos orgullosos, o disimulos entre la maraña cultural y sin compromiso. Dado que el proceso de esa maduración implica al creyente; si lo es, observará la carga de verdades vivas y abiertas con las que se ve mezclado; no se trata de una mera teoría. Con todos los elementos mencionados, el desafío no elude la responsabilidad; en la respuesta dada, quien se acerca a estos fondos, no puede esquivar el pronunciamiento. Será consecuente o no, valiente o cobarde, torpe o diligente. Es decir, habrá una convicción actuando. ¿Cómo? Ese campo es de aperturas permanentes, sin vallados artificiosos, ni tampoco tiene dueños mundanos.

La verdad es que desde nuestra presencia en este mundo, nos enfrentamos a un intrincado grupo de laberintos. Con más preguntas que conocimientos. Con Walt Whitman diríamos, estos son los pensamientos de todos los hombres; son INQUIETUDES universales, ¿Quién se libra? “Esta es la hierba que crece”, que nos crece a todos en la cabeza; inseguridades, ansias y esperanzas. Con las vivencias mentadas hoy, nos hemos acercado a cuatro de los esquemas de aproximación hacia el cristianismo, como fuente inspiradora. La opción por cada uno de esos enfoques tendrá una trascendencia enorme, para la labor de esos cristianos, para los demás.

La sensibilidad humana es heterogénea para esta elección, como también para seguir otras creencias o ninguna. Somos así. Nunca será la respuesta contundente. Además, la contundencia, en esta y otras, propende a actitudes totalitarias sin fundamento.

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