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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

El primer lugar de la educación es el propio hogar

Carmen Ramírez (Málaga)
Redacción
jueves, 2 de abril de 2009, 11:26 h (CET)
La situación se agrava cada día más en nuestro país. Pero a algunos padres no hay quién consiga hacerles ver que en la educación de sus hijos, son ellos los primeros que tienen la obligación de inculcarle, valores como el respeto a los demás, la no violencia, el rechazo al sexismo, a la xenofobia, etc. Todo esto se aprende en casa. No podemos pensar en llevar a nuestros hijos al colegio, para que nos lo eduquen y quedarnos tranquilos. Los padres deben educar en y para el diálogo, han de dedicar tiempo a sus hijos, darles pruebas de su amor, escucharlos con atención, respetarlos, comprenderlos…pero sin hacer dejación de su legitima autoridad, con palabras de aliento y alabanza sincera, pero también de advertencia clara y de reproche justo y cariñoso.

De los padres depende que, desde la más tierna infancia, el ser humano vaya adquiriendo los conocimientos que le ayuden a ser mejor hijo, hermano, ciudadano y hombre. Las primeras nociones aprendidas en la familia son las del bien y del mal. Regar a lo largo de nuestra vida en esas primeras semillas hará que, poco a poco, se vayan convirtiendo en frondosos árboles capaces de resistir los más duros vendavales.

La educación no es únicamente el conjunto de conocimientos culturales que nos ayudan a desenvolvernos mejor académica y profesionalmente en nuestra vida; también es el bagaje de principios y valores que nos hacen más seres humanos. La educación tampoco se limita a un momento concreto de nuestra existencia pues toda la vida constituye una constante oportunidad de crecimiento y consolidación de esa educación aprendida.

Educar a nuestros jóvenes y niños es enseñarles a vivir responsablemente la libertad. Por esta razón, la educación no es algo secundario o indiferente. Es lo más importante que tenemos en nuestras manos para construir un mundo nuevo. No es una cuestión menor, pues de la educación depende el futuro (e incluso el presente) de nuestros hijos.

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