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Opinión
Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

Mirón

Mario López
Mario López
jueves, 2 de abril de 2009, 10:52 h (CET)
Antiguamente en Madrid los heraldos que anunciaban la primavera, como flores de mayo, eran las violeteras. Hoy, los machacones anuncios de El Corte Inglés. En esto hemos salido perdiendo. Sin ánimo de caer en la tentación de decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, sí tengo que reconocer –aunque sólo sea para mí mismo- que en lo tocante al trabajo este año salgo perdiendo en relación con cualquier otro tiempo pasado.

Cada vez que me preguntan que qué tal me va, respondo de manera retórica con un “bien” que cada día me resulta más difícil de pronunciar. Pero si contestara diciendo la verdad no iba a conseguir ningún beneficio, porque el “búscate la vida” hoy en día es el lema de la solidaridad en la proximidad. Sin embargo, a cientos de miles de españoles no les ha costado lo más mínimo echarse a la calle para, según ellos, defender a los que no tienen voz que, a lo que parece, son un colectivo que se reduce a los fetos. Yo soy feo pero no un feto, así que no soy ciudadano susceptible de suscitar actos solidarios. Así que, si usted me pregunta que qué tal estoy, ya lo sabe, “bien gracias”. Llevo ya unos cuantos días que no soy capaz de conciliar el sueño. Me acuesto a media noche y me levanto sobre las cinco de la mañana. Y, de forma maquinal, enciendo el ordenador para ver si me ha llegado algún correo que me traiga buenos augurios. Pero no. Parece que el dique seco en el que estoy embarrancado terminará siendo mi tumba. Escribo cartas compulsivamente, porque en esa tarea distraigo el pensamiento en asuntos menos graves que los que me acechan a diario y, además, tiendo puentes al mundo exterior. Es gozoso ver cómo decenas de columnistas adornan las páginas de los diarios con sus artículos chispeantes, variopintos. Como un árbol de Navidad. El leer columnas es lo que en tiempos era mirar escaparates. Siempre he sido pobre y, como tal, al sentido que más partido le he sacado en esta vida es al de la vista. Por debajo de cierto nivel económico, todos somos mirones.

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