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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Amnistía Internacional y el aborto

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 2 de abril de 2009, 10:52 h (CET)
Si tienes un minuto, abre este mensaje. Abrí el mensaje, era de Amnistía Internacional que comenzaba su correo destacando: La protección de las víctimas más indefensas. Se refería a los inmigrantes, que además de la crisis económica van a sumar los problemas de la hostilidad y la discriminación. Solicitaban mi colaboración en la campaña que han iniciado para vigilar que el Gobierno de España no lleve a cabo modificaciones legislativas contrarias al derecho internacional en materia de inmigración, refugio y asilo y terminaba diciendo: No podemos permitir que se produzcan retrocesos en los derechos de estas personas y para ello necesitamos tu apoyo más que nunca. Porque los derechos humanos no admiten rebajas.

Sin poner en duda los problemas de los inmigrantes que denuncia Amnistía Internacional, les escribí que las víctimas más indefensas son los niños en el vientre de su madre y les pregunté si hacían algo por evitar 100.000 abortos anuales en España.

En contestación a mi pregunta he recibido el siguiente correo:

Estimado amigo:

Muchas gracias por contactar con nosotros.

En respuesta a su correo recientemente recibido, quiero informarle de algunas cuestiones relativas a nuestra postura sobre el aborto.

Amnistía Internacional no considera el aborto como un derecho humano, tal y como erróneamente se ha difundido en algunos medios de comunicación, ni solicita su legalización sin más. Nuestra política sobre los derechos sexuales y reproductivos tiene por objeto garantizar que las mujeres y los hombres puedan ejercer sus derechos sexuales y reproductivos sin sufrir coacción, discriminación o violencia como, por ejemplo, determinadas medidas coercitivas de control de la natalidad como la esterilización y el aborto forzados.

Es decir, Amnistía Internacional insta a los Estados y a otros agentes pertinentes, según proceda, a:

Facilitar a mujeres y hombres información completa sobre salud sexual y reproductiva;

Derogar leyes que penalicen el aborto;

Asegurar que toda mujer que sufra complicaciones derivadas de un aborto tenga acceso a los servicios de salud que precise, con independencia de que haya obtenido el aborto de forma legal o ilegal;

Garantizar el acceso a servicios de aborto a las mujeres que se queden embarazadas como consecuencia de una violación, una agresión sexual o un incesto, o cuando el embarazo ponga en peligro la vida de la mujer o suponga un grave riesgo para su salud. AI no adopta postura alguna sobre si las mujeres deben someterse o no a un aborto en cualquiera de las circunstancias mencionadas, sino que se esfuerza por conseguir servicios de aborto seguros y accesibles para estas mujeres con el fin prevenir las violaciones graves que podrían sufrir si se les negase esta opción.

Amnistía Internacional seguirá trabajando para que las mujeres puedan decidir libremente si desean mantener relaciones sexuales y en qué condiciones, con el fin de evitar embarazos no deseados o la aparición de otros factores que impulsan a las mujeres a recurrir al aborto, pero también continuará apoyándolas cuando estén expuestas a sufrir violaciones graves de sus derechos humanos a consecuencia de un embarazo no deseado.

Atentamente,

Esteban Beltrán Verdes
Director de Amnistía Internacional España

A pesar de la afirmación inicial de que AI no considera el aborto como un derecho humano, del resto de sus manifestaciones queda meridianamente claro que su postura sobre el grave problema del aborto no pasa por ofrecer ninguna ayuda a la embarazada para que no aborte, ni medida alguna para evitar la muerte del no-nacido. Su declaración de que los derechos humanos no admiten rebajas resulta bastante devaluada al no reconocer el más básico de todos los derechos: el derecho a la vida, que se subordina a la decisión de la madre y a las leyes “progres” que puedan pergeñar las inestables mayorías de los parlamentos, inspiradas desde la ONU y sus conferencias internacionales, sobre población, mujer, género, etc. que están consiguiendo introducir un lenguaje manipulador y una “nueva ética”, más cercana al Mundo Feliz de Aldous Huxley que a la raíces de nuestra civilización occidental.

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