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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Zapatero feliz como un niño

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 1 de abril de 2009, 06:13 h (CET)
El señor Zapatero es feliz, su rostro de Mr. Bean, sonríe otra vez como si se tratase de un clon del famoso actor inglés. Y es que nuestro ZP ha conseguido, por fin, que el primer mandatario norteamericano, el señor Barak Obama, lo reciba, si no me equivoco, el próximo día cinco de Abril. Para otro presidente de cualquier otra nación europea probablemente se trataría de una visita más dentro de su agenda de trabajo, pero para Zapatero tiene una especial significación, algo así como una especie de sortilegio que piensa le va a librar, para siempre, del estigma que cargó sobre su conciencia cuando, en aquella ocasión, permaneció sentado mientras desfila por delante de él, la bandera de los EE.UU. Nuestro Presidente está convencido de que,si consigue fotografiare al lado del señor Obama, todos los problemas que le vienen aquejando en España se van a solucionar por arte de magia; algo así como si recibiese el espaldarazo tradicional que recibían los aspirantes a caballeros,cuando el rey les tocaba en ambos hombros con la espada y se les permitía enjaezarse con los atributos de caballero: el casco, las mallas de hierro, el escudo, las espuelas, la espada y la lanza.

Al señor Zapatero le puede su ramalazo de progre, por eso ha tenido que hacer acto de presencia en la reunión de líderes progresistas que han querido escenificar su unión en la Cumbre Progresista Viña de Mar, Chile. Parece que están convencidos de que le han dado la puntilla al capitalismo y que, a partir de este momento, sus aspiraciones a volver a la etapa, tristemente famosa, del intervencionismo estatal al estilo keynesiano, se va a imponer en todas las naciones de la tierra. Uno de los más acérrimos defensores de este retorno a los orígenes del intervencionismo estatal, es el señor Brown, de Inglaterra, quien, con su prestigio cuestionado en su propia tierra y los Torys pisándole los talones, está intentando, como le ocurre al señor Zapatero, destacar fuera de su país para compensar el descrédito que tiene en Inglaterra, con su aparente liderazgo frente a aquellas naciones que, precisamente, más se vienen distinguiendo por el fracaso de sus economías, por la pobreza endémica de sus ciudadanos y por estar sometidas a las tiranías más trasnochadas, a cargo de caciques populacheros que deben someter a los que se les oponen por medio de la fuerza para evitar que los arrojen del poder.

Sin embargo, la realidad no parece corresponderse con las ilusorias aspiraciones de aquellos que creen que les ha llegado el momento de eternizarse en el poder, acudiendo a los métodos utilizados por los autócratas del Kremlin. El señor Obama, aparte de algunos gestos de cara a la galería y de algunos guiños a sus votantes como pudieran ser el tema de la llamada salud sexual de las mujeres y otras veleidades referidas a las energías renovables, lo cierto es que continúa manteniendo sus sanciones a Cuba; está chorreando millones para sacar a las entidades financieras de sus apuros y no habla de retirarse del Afganistán, sino al contrario está pensando enviar 19.000 efectivos más para reforzar las tropas destinadas a aquel territorio. Pensar que los EE.UU van a dar un vuelco en lo político es no conocer, en absoluto, el sistema de vida de aquella nación donde, tanto demócratas como republicanos,cuentan en sus filas a la flor y nata de Wall Street; lo que hace impensable que el señor Obama pueda imponer un tipo de administración que suponga un cambio de sistema político si bien, en algunos temas, como la sanidad pública se puedan producir cambios. En todo caso, no lo va a tener fácil en el Senado en momentos en que la nación se está endeudando fuertemente para poder atender al plan de rescate propuesto por el mismo señor Obama.

Resulta ridículo escuchar al señor ZP expresarse con convicción, como cuando habla de una “economía verde”. ¿A qué se refiere usted, señor Zapatero?, ¿acaso piensa usted en prados para vacas? O ¿es que cree que, con eso de volcarse en la prevención del cambio climático, van a conseguir sacar de la recesión a las naciones que en más apuros se encuentran, como son todas las que se reunieron en Viña del Mar? Les voy a poner un ejemplo: el señor Zapatero saca pecho porque dice que España es la nación pionera en eso de las energías renovables y es posible que esté en lo cierto; pero verán ustedes, no hace mucho pude leer unas declaraciones de un alto cargo de la industria eléctrica, muy implicada en las facetas eólica y solar y, a pesar de estar muy entusiasmado con los proyectos que se llevan a cabo en este sentido, tuvo que reconocer que, hasta este momento, nada más han conseguido un 1% de toda la producción eléctrica de nuestro país. Añadió que si, hasta ahora, se han podido continuar desarrollando tales proyectos ha sido por las subvenciones recibidas del Estado sin las cuales no serían rentables. ¿Cuánto tiempo y cuantos miles de millones de euros van a ser precisos para que, estos métodos alternativos y no contaminantes, lleguen a suplir a la energía atómica –la más barata y poco contaminante –) o a las centrales térmicas? Y, entretanto ¿vamos a dejar que las actuales centrales eléctricas desaparezcan, sin que existan otras que las puedan sustituir? Un poco de seriedad y sentido común. Bien está que se procure actuar en la protección del medio ambiente, pero lo que no se puede hacer es ignorar que la situación actual del noventa y nueve por ciento de la economía mundial se apoya en estructuras adaptadas a los actuales sistemas energéticos.

¿Coches eléctricos? ¿Cuánto tardarían en España a poder circular, normalmente, por nuestras carreteras este nuevo tipo de vehículos?. En primer lugar, todas las fábricas de automóviles deberían adaptarse a la nueva fabricación, los especialistas necesitarían reciclarse, las nueva maquinaria costaría miles de millones de euros, se deberían arbitrar centros de recarga de baterías; en los casos mixtos de propulsión por medio de gasolina y electricidad, se precisarían nuevos motores adaptados a este tipo de energías; en fin un proceso largo, costoso, con dificultades y, muy posiblemente, con obstáculos promovidos por aquellas empresas que se vieran perjudicadas por los nuevo competidores. Veinte años, treinta… es difícil saber cuantos pero, lo que sí es cierto, es que, entretanto, la vida sigue, la gente tiene que continuar viviendo, las empresas mantener su actividad y, para ello, sería preciso disponer de petróleo y energía eléctrica; todo ello con independencia de que cuatro visionarios progres nos quieran hacer creer que el mundo puede dar un giro de 180º con sólo que ellos se lo propongan. Mejor harían en mirar lo que tiene a sus pies y procurar resolver los problemas que nos agobian actualmente, dejando para otro momento sus quijotescas historias. No podemos esperar veinte o treinta años a que los parados vuelvan a trabajar, o a que las fábricas recuperen su ritmo normal y los vendedores de coches consigan vender los más de 400.000 que están pendientes de salir de los almacenes. Todo lo demás son meras especulaciones. O, al menos, así me lo parece.

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