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Etiquetas:   Desde Francia   -   Sección:   Revista-arte

El París de Toulouse-Lautrec

Elisa Garrido
Redacción
lunes, 30 de marzo de 2009, 22:00 h (CET)


Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa, padre del cartelismo moderno, nació el 24 de noviembre de 1864 en Albi.

A los ocho años viajó a París para iniciar sus estudios recibiendo sus primeras lecciones de dibujo y pintura. Pero al poco tiempo tuvo que ser trasladado de nuevo a Albi debido a la aparición de extrañas dificultades motrices, lo que obligó su retirada del colegio para ser sometido a tratamiento médico.
Recorrerá todos los especialistas para curar su extraña dolencia, sin encontrar una solución.

Toda su infancia estuvo marcada por esa enfermedad genética que afectaba al crecimiento de los huesos y que era un misterio en el siglo XIX. Actualmente se denomina picnodisostosis. Es un tipo de desorden genético que afecta al desarrollo óseo y tiene como manifestaciones generales el enanismo, la osteopetrosis y las anomalías craneales y es provocado por la consanguinidad de los padres que en su caso eran primos hermanos.

Debido a esta enfermedad, junto con dos fracturas de fémur que sufrió cuando sólo tenia trece años, provocaron que sus piernas dejaran de crecer y sólo alcanzase una altura de un metro y cincuenta y dos centímetros.
Durante algunos años quedó incapacitado, desarrollando, en esos periodos de convalecencia, un ávido interés por el arte y la literatura.

En 1881 Toulouse-Lautrec se trasladó a París decidido a ser un pequeño gran pintor.
Más tarde, decidió instalarse en Montmartre, el corazón de la vida nocturna, donde frecuenta sus coloristas y animados cabarets, como Le Mirliton, Le Chat Noir o Le Moulin Rouge.
En la actualidad, Montmartre, es un barrio comercial parisino donde se alojan diversos cafés y es el lugar preferido por los pintores para reunirse o exponer sus obras en la calle.
En el siglo pasado fue el lugar bohemio por excelencia donde se daban cita los amantes del arte de vanguardia y se ubicaron los lugares de ocio nocturno del momento.




Jane Avril bailando. 1892 París, Museo de Orsay



Allí Toulouse-Lautrec se convertirá en el pintor de la modernidad, desarrollando un estilo neo-impresionista para relatar las escenas de ese mundo de vicios y euforias.

Como buen artista de vanguardia, no sería admitido en el Salón de París al considerar inaceptables sus obras, así que para dar a conocer su arte busca todas las vías alternativas, publicando en los periódicos, dedicándose a la difusión de litografías o carteles publicitarios y alcanzará la fama con estos últimos.

Sus carteles muestran en la belle epoque a las alegres bailarinas May Belfort o Jean Avril, al polifacético Aristide Bruant que actuó en Le Chat Noir y más tarde en su propio cabaret, Le Mirliton.

Sus experiencias personales, localizadas en el ambiente bohemio del distrito de Montmartre, marcan la temática de su obra. Se codeaba con diariamente personajes extraños de dudosa reputación y mirada turbia.
En este ambiente libertino y trasgresor de los valores y las convenciones sociales burguesas, se enmarcan las mejores realizaciones del artista y consolidan a la capital francesa como epicentro del arte europeo del siglo XIX.
Todo ello conforma esta singular galería de personajes populares vinculados a los emblemáticos locales parisinos de moda, escenarios frecuentados por Lautrec y que han acabado convirtiéndose, más tarde, en iconos universales de la ciudad de París.

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