Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Tocados por la gracia

María Romo de Oca
Redacción
miércoles, 1 de abril de 2009, 06:38 h (CET)
Del filosofo García Morente a Claudia Koll, icono del cine porno.

Para variar, os traigo dos pequeños tesoros. No soy amiga de los relatos de vidas de santos, las novenas, y en general, de la religiosidad “vintage”. Hay que superar esas etapas, tal vez un día necesarias… Porque Dios es más grande. Yo prefiero la naturalidad de su presencia en la realidad de cada día. Me encanta que quiera ser “el Señor de todos los instantes”. Y creo que la eternidad se da la mano con este tiempo hermoso. Aclaro esto, para contaros dos conversiones maravillosas.

Vivimos un tiempo de conversión, ese salto que todos necesitamos para pasar de la mediocridad a la gran Alegría. Atención al primer testigo. No es frecuente que la descripción de un filósofo nos suministre tan ricos y profundos matices. ¡Vaya si lo aprovechamos!

El catedrático, Manuel García Morente, natural de Jaén y estudiante en Granada, fue discípulo de Bergson y de los grandes filósofos de Francia y Alemania, donde hizo estudios superiores. Ganó, en 1912, la cátedra de Ética en la Facultad de Filosofía en Madrid. Fue profesor de la Institución Libre de Enseñanza, Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública, Decano de la Facultad que alcanzó con su trabajo entusiasta, niveles aún hoy desconocidos. Hasta organizó un crucero universitario por el Mediterráneo.
Su formación le llevó al ateismo. Era gran amigo de Ortega, Marañon y de toda la progresía intelectual de la II República.
Estado civil, viudo y con dos hijas. A una de ellas, presidenta de las Mujeres Empresarias, la traté bastante. Al iniciarse la Guerra Civil, destituyen a García Morente y se exilia, en Paris, completamente solo.
Allí le esperaba la gran conmoción. Nadie diría que iba llegar envuelta en la suave música de Berlioz. La escuchó a las 2 de la madrugada del 29 al 30 de abril de 1937. Hace ahora 72 años. De repente, sintió que Cristo estaba con el. Conversión. Ordenación Sacerdotal. Y persecución increíble de ese mundo de catedráticos ateos que siempre le rodeó en la Universidad. Su testimonio es éste:
“En el pequeño reloj de pared sonaron las doce de la noche. La noche estaba serena y muy clara. En mi alma reinaba una paz extraordinaria...Debí quedarme dormido. Mi memoria recoge el hilo de los sucesos en el momento en que me despertaba bajo la impresión de un sobresalto inexplicable.
No puedo decir exactamente lo que sentía: miedo, angustia, aprensión, turbación, presentimiento de algo inmenso, formidable, inenarrable, que iba a suceder ya mismo.
Me puse de pie tembloroso y abrí de par en par la ventana. Una bocanada de aire fresco me azoto el rostro. Volví la cara hacia el interior de la habitación y me quede petrificado. Allí estaba Él. Yo no lo veía, yo no lo oía, yo no lo tocaba. Pero El estaba allí. En la habitación no había mas luz que la de una lámpara eléctrica de esas diminutas, de una o dos bujías, en un rincón. Yo no veía nada, no oía nada, no tocaba nada... Pero Él estaba allí. Yo permanecía inmóvil, agarrotado por la emoción. Y le percibía... Y no podía caberme la menor duda de que era Él...
No sé cuanto tiempo permanecí inmóvil y como hipnotizado ante su presencia. Sí sé que no me atrevía a moverme y que hubiera deseado que todo aquello, Él allí, durara eternamente, porque su presencia me inundaba de tal y tan intimo gozo, que nada es comparable al deleite sobrehumano que yo sentía. Era como una suspensión de todo lo que en el cuerpo pesa y gravita, una sutileza tan delicada de toda mi materia, que dijérase no tenia corporeidad, como si yo todo hubiese sido transformado en un suspiro o céfiro o hálito. Era una caricia infinitamente suave, impalpable, incorpórea, que emanaba de Él y que me envolvía y me sustentaba en vilo, como la madre que tiene en sus brazos al niño. Pero sin ninguna sensación concreta de tacto...
Es un pasaje de santa Teresa se describe algo parecido. Está en el capítulo 27 de la Vida…:una percepción sin sensaciones, una percepción puramente espiritual”.
En este relato, tres años después, expone las consecuencias que aquel acontecimiento tuvo en su vida: “Podría quizá suponer que Dios quiso afianzar mi conversión con una gracia tan profunda que se me grabase inolvidablemente en mi alma. Permitió que se produjese en mi mente ese fenómeno subjetivo cuyo recuerdo indeleble, fuese capaz de ayudarme a perseverar victorioso, frente a todas las asechanzas, dificultades e inconvenientes que, necesariamente, habían de oponerse a mi vocación... Hace ya más de tres años que aconteció. Desde entonces nada he vuelto a notar en mí que se parezca a lo que suele llamarse estados extraordinarios o sobrenaturales. Mi vida espiritual ha seguido un curso normal y robusto. He ofrecido a Dios todos los padecimientos morales que necesariamente mi conversión ha traído consigo, y que no han sido pocos. Siempre el recuerdo del Hecho ha constituido para mi un consuelo extraordinariamente eficaz. Me ha servido de escudo y me ha ayudado a triunfar en todas las dificultades y adversidades”.

Claudia un mito erótico
Su testimonio es limpio y fresco como esta primavera. Respiramos su sencillez.
Fue el icono sexy del cine italiano de los 90. Todos la recuerdan por la película «Così fan Tutte» del director Tinto Brass o por su papel junto a Antonio Banderas en «El joven Mussolini».En Italia fue una actriz de éxito, con una carrera desarrollada en la rentable industria del cine erótico.
Pero Claudia Koll ya no se desnuda; sólo se remanga para ayudar en los diversos proyectos de voluntariado, en África con los niños enfermos de sida. El gran cambio lo cuenta así:
“Un día entré en la iglesia de Santa Anastasia, en Roma”. “Buscaba, de alguna manera, la ayuda de Dios. Se me acercó un sacerdote y me dijo: “¿Qué quieres de Él?”. Yo le dije: “Nada, soy una pecadora”.Cuando me hizo la señal de la cruz, en la frente, sentí que mi corazón se abría y se llenaba de Jesús. Las rodillas se me doblaron, me tuve que sentar y empecé a llorar... Era la respuesta del Señor”.
“Hasta hace poco tiempo pensaba que yo era una mujer que amaba mucho. Vivía las historias pero no me llenaban”. “Comprendí que el amor, que había buscado siempre por caminos equivocados, era el amor que deseaba desde el corazón, el que todos los corazones desean: la presencia de Dios. Comencé a saborear la vida y a entender que el Señor me empujaba a vivir sin miedo, porque Él estaba a mi lado”.

“El mundo del espectáculo me ha utilizado”. “Por esta sed de amor me vi envuelta en historias equivocadas…”. “Lo más extraordinario, para mí, ha sido descubrir que el Señor venía en mi ayuda, a pesar de ser una gran pecadora. Pero, después de haber herido el corazón de Dios, he sentido que Él, en el momento en el que más lo necesitaba, venía a socorrerme”.

¿Quién da más? Sorprendidos y contentos, estiramos tímidamente nuestra mano, por si cae algo.

Noticias relacionadas

Una muralla para aislar el desierto del Sahara

Intelectuales de todo el mundo analizarán en Marruecos el problema de la inmigración que causa insomnio y desacuerdos en Europa

El discurso de la payasada

Cuatro artículos que me han ayudado a encontrar la mía

Heráclito

Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana

Trapisondas políticas, separatismo, comunismo bolivariano

Una mayoría ciudadana irritada

Prejuicios contra las personas

Es una malévola tendencia, favorecemos los prejuicios y protestamos contra sus penosas consecuencias
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris