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Paraguay: Tráfico de influencias en el clero

Luís Agüero Wagner
Redacción
jueves, 2 de abril de 2009, 10:52 h (CET)
Leon X, empeñado en la construccion de la Iglesia de San Pedro de Roma, solicitó al pueblo católico una ayuda extraordinaria, y legitimó la venta de indulgencias conmutando por dinero ayunos, peregrinaciones y demás sanciones religiosas que la Iglesia solía imponer por los pecados cometidos. La predica del negocio en Alemania se hizo con exagerada publicidad y falta de pudor, al punto que incluso se encargó al Banco de los Fugger el cobro correspondiente a las indulgencias, algo que acabó desencadenado la reforma luterana.

El episodio no parece haber escarmentado al clero si consideramos que en Paraguay la conferencia episcopal emitió un documento donde se instaba a los fieles a colaborar con más entusiasmo para las “actividades pastorales”, declarándose la iglesia paraguaya en bancarrota. La declaración en quiebra coincidió con el aborto de un intento del obispo-presidente Fernando Lugo de entregar 15 millones de dólares de la Binacional Itaipu “para obras sociales” a la iglesia católica, para su “administración”.

Un escandaloso uso populista de la religión se ha implantado en el Paraguay con el ascenso al poder del obispo Fernando Lugo. Como si fuera una cuestión de estado, la simbología religiosa está presente en todos los actos del gobierno, y ocasionalmente el clérigo-presidente sube a un púlpito para realizar sus discursos.

La tentación de refugiarse en lo corporativo apareció así en la política paraguaya nuevamente a la vuelta de la esquina, en el seno de un gobierno que aunque saludado como un avance “progresista”, retrotrajo a una sociedad ya de por sí conservadora a las más nefastas etapas oscurantistas de la historia.

Para notar que todo esto no constituye exageración, basta mencionar que el amigo personal y colega del obispo Fernando Lugo, el también obispo Mario Melanio Medina, se ha convertido en un poderoso traficante de influencias abocado a conceder contratos en Yacyretá.

Durante la campaña proselitista del obispo Fernando Lugo, Melanio Medina apareció en cortos publicitarios de TV con su sotana y un rosario en la mano pidiendo "en nombre de Dios" que se vote por el obispo Fernando Lugo.

El obispo es conocido por aparecer en las páginas de las secciones políticas de los diarios como si fuera un tribuno más. Anteriormente aparecía criticando al gobierno, ahora aparece defendiéndo a Lugo y traficando influencias.

Ya la prensa se hizo eco de que su defensa del actual director de Yacyretá, se debió a que recibió en varias oportunidades millonarias sumas en donación para las "actividades pastorales" de su diócesis, por valor de alrededor de cien mil dólares.

Ahora vuelve a ser noticia por traficar influencias para obtener contratos.

CON EL LOGO EPISCOPAL
Medina envía a sus recomendados no solo una tarjeta personal sino una que tiene el logo diocesal de la que está a su cargo.

La última nota que el prelado envió está dirigida al jefe de seguridad de Yacyretá, Baudelio Gamarra, a quien solicitó que converse sobre temas laborales en ese sitio con Eladio González Álvarez.

"Agradecido por la atención, le saludo atentamente", se despide el religioso.
Medina, quien apoyó abiertamente al mandatario en su candidatura a la Presidencia, es considerado un influyente personaje del gobierno de Lugo y, por ello, los que desean conseguir trabajo acuden a él.

Aunque nadie quiera admitirlo, la actual incursión abierta de la iglesia católica en favor del obispo suspendido Fernando Lugo se originó cuando el ex presidente paraguayo Nicanor Duarte Frutos asumió públicamente su adhesión al culto evangélico, contrariando a las autoridades eclesiásticas que siempre han reivindicado su derecho al monopolio religioso global.

Las autoridades de la iglesia católica de inmediato respondieron disparando fuertes críticas a la gestión del gobierno de Duarte. Entre estas voces sobresalió el obispo Mario Melanio Medina, a quien se considera en Paraguay prácticamente un político más.

Medina, al igual que Lugo, exteriorizaba constantemente su vocación de político haciendo críticas en tono de candidato opositor en campaña, y apareciendo en la sección de noticias políticas de los diarios como si fuera un tribuno en medio de la disputa electoral.

Los grupos luguistas un importante respaldo de la iglesia católica que puso su servicio sus templos y casas parroquiales en todo el país para convocatorias y reuniones políticas, prestando su estructura y grupos de oración y afines como bases a sus candidatos, y desde el púlpito y la prensa instaron abiertamente a los electores a votar por Lugo, en tanto el Nuncio apostólico hizo las veces de Poncio Pilatos desentendiéndose del asunto.

El resultado está a la vista, y como si fuera un estado suspendido fuera de la Historia, el Paraguay pareciera haber retrocedido a tiempos del inescrupuloso y corrupto papa Alejandro VI, que repartió el mundo entre españoles y portugueses como si se tratase de la sagrada comunión.

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