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La flor del campeón

Pablo Primo
Pablo Primo
@primoarias
miércoles, 1 de abril de 2009, 06:43 h (CET)
Tocó sufrir ante la presión y pasión turca pero España solventó la primera gran complicación de la era Del Bosque con la suerte de los campeones. El combinado español no hizo las delicias de un público acostumbrado a los mejores manjares, pero a cambio fijó la reserva del billete para el Mundial de Sudáfrica. Los euroasiáticos nos durmieron y bloquearon más de lo esperado, salieron fuertes y anegaron nuestra circulación de balón, en fin, un triunfo con más fortuna que juego.

El tanto de Piqué a balón parado -¡cómo está creciendo este futbolista!- permitió a España salir del laberinto impuesto por los otomanos. Llegaron a aburrir, el cansancio por la acumulación de partidos y la ‘carga’ del equipo favorito cegó la visión periscópica de nuestros jugadores de mayor talento e imaginación. Xabi Alonso, Xavi y Senna cayeron en la red del orden y coraje de su rival. Atrapados y espesos como el peor día de resaca.

Pero la campeona de Europa, metida en grandes dificultades, enseñó una cara más que interesante. Un equipo duro, resistente atrás, con la firmeza y envergadura aportada por Albiol y Piqué, además del trabajo incansable de Sergio Ramos y Capdevila. No se cometieron errores defensivos y eso equivale a una batalla ganada.

También saben competir en partidos con mucho garra, en aquellos duelos que se le retuercen por la intensidad y entrega del rival. Los grandes equipos tienen estas cosas: ganan cuando se lo merecen y cuando sus méritos no superan a los del contrincante. Ocurrió frente a Turquía y ya van 30 partidos desde la última derrota.

Una España eficiente y suficiente, como los grandes, que no necesitó brillar. Desde su gol, templó el ritmo, equilibró sus líneas ofensivas con Mata y Silva y pudo redondear la victoria ante el bajón físico de su oponente. Una victoria necesaria pero que no pasará a la historia porque esta vez no hubo exhibición.

Podemos decir que La Roja de Vicente del Bosque ya es un campeón con todas las de la ley, de ésos que arrollan cuando juegan bien y ganan hasta cuando se les tuerce el día. No se encontraron a sí mismos pero conservan la estrella del campeón.

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