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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Mucho ruido, ninguna eficacia

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
lunes, 30 de marzo de 2009, 12:56 h (CET)
Hace tiempo que avergüenzan a buena parte de la clase trabajadora. No suelen dar un palo al agua; se han convertido en empresas públicas, a favor del mediocre Gobierno socialista; son sindicatos del Gobierno, sin más; alientan la dejadez e instan al trabajador contra el empresario, cuando los sindicatos de clase tienen mucha culpa de la actual crisis y del paro… ¡Y lo saben! Hacen demasiado ruido, pero carecen de eficacia, eficiencia y efectividad.

La última filtración de datos de la Seguridad Social decía el pasado viernes que el número de parados, a fecha 27 de marzo, era de cerca de ciento sesenta mil más. ¿Se atreverá a maquillar esa cifra la atrevida ignorancia del Gobierno de Rodríguez?

Los presupuestos generales del Estado no pueden alentar parásitos, mantener a inconsecuentes, pagar a irresponsables, apoyar banderías de clase o estar dando tantísimo dinero a esta gente que ha dejado de representar a la clase trabajadora. “¡Es que no quiero que me representen estos tíos!”, se oye decir con frecuencia a los trabajadores.

Ellos tienen mucha culpa de la crisis. Demuestran una incompetencia inusual. Ya va siendo hora de que se abra la Constitución y, a ser posible, que desaparezcan los sindicatos de clase con la actual estructura empresarial y ‘vampiresca’.

Por ejemplo, no entendemos que se queden con gran parte de los fondos del FOGASA, en muchos casos (como pago por la gestión, cuando deben hacérsela gratuita a los trabajadores, ya que cobran del Estado y son mantenidos por éste); no defienden a los trabajadores, además de mirarles por encima del hombro; chupan de los derechos del ‘currito’ y se instalan en oficinas, plataformas y falsas estructuras paritarias, cual empresarios consolidados en un intento de beneficiar a sus más cercanos; entorpecen acuerdos y pactos empresariales que, en muchas ocasiones, no entienden ni comprenden; reciben ‘el oro y el moro’ del Estado, pero además optan a todo tipo de ayudas, subvenciones y prebendas. Nadan en la abundancia, aunque muestran un insaciable egoísmo por allegar fondos para la organización.

Ya no nos extrañamos cuando oímos decir a los empresarios que no quieren afiliados a esos sindicatos de clase, pues solo aspiran a liberarse algún día y a vivir como funcionarios de la Junta de Andalucía o como altos cargos de un Gobierno socialista.

Han perdido la confianza de los trabajadores y de gran parte de la sociedad española. Recuerden su actitud durante las huelgas del Metro madrileño o coincidiendo con las visitas de la presidenta de la Comunidad de Madrid a Hospitales, actos e inauguraciones. Suelen estar donde no deben y no se preocupan de lo verdaderamente importante.

Casi siempre y sea el motivo que sea, aunque no exista éste, se suelen conformar con hacer ruido. Por lo que comprobamos, aún nadie ha explicado a los sindicalistas de clase liberados que, en palabras de Esopo, la rueda más estropeada del carro es la que más ruido hace. Y esa, sin duda, es la rueda sindical.

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