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A contraespaña: doña Carme, la Delfina

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
lunes, 30 de marzo de 2009, 13:07 h (CET)
En estos desastrosos tiempos de derrumbe económico, fruto de casi treinta años de liquidación industrial de España y de trasplante económico del porvenir a los volátiles presentes gracias a estos nuestros políticos con estatista visión de topuelos, no cesan de correr rumores de adelanto de elecciones, cosa que desde aquí aplaudo por el bien de España..., antes de que España deje de serlo si continúan los mismos. De ser cierto y verificarse este adelanto, es posible que nuestro actual Presidente, tras constatar el desastre al que ha sometido a España y a los españoles con sus erráticos y excéntricos gobiernos, ceda el paso a su Delfina, doña Carme Chacón, y ésta se postule como la primera candidata a la Presidencia de España. ¡Que el Cielo nos coja confesados!

Entre los atípicos y excéntricos adalides socialistas, sin duda destaca con luz propia (negra) doña Carme. Está mucho más allá de los iluminados economistas socialistas que desde sus puestos ministeriales han hundido la economía hasta el subsuelo de la catástrofe, más que los responsables de trabajo que han convertido a las masas laborales en objetos de consumo de empresarios sin escrúpulos, más que los ocurrentes ministros que al tiempo que liquidan nuestras empresas energéticas proponen consumir los productos españoles... fabricados en China o Turquía, y más que, en fin, quienes han puesto a España en el exacto punto en que se encuentra: a la cola de Europa y empatados con Ruanda-Burundi (sin faltar) en materia de educación —además de la ignominia ésa de Bolonia que iguala a nuestros titulados con los asnos—, de Chad en las cosas de la Justicia, de EEUU en las de la Sanidad o de Tailandia o el Congo en la cosa de la corrupción. Doña Carme solita, en un desbordar lo que parecía imposible en materia de despropósitos, desde su puesto de Ministra Pacifista de la Defensa se ha cargado en pispás dos milenios de merecida de fama de honor y valentía de nuestro Ejército y de nuestras tropas. ¡Enhorabuena!, sólo le falta ya, como al señor Bono con lo de Iraq, condecorarse a sí misma.

Para nada cuentan ya los casi seiscientos años que tardaron en conquistarnos los romanos (sus mejores legiones fueron las hispanas), ni el que nuestras fuerzas combatieran con éxito a los más temibles y granados ejércitos de las diferentes épocas de la Historia (de griegos hasta árabes), ni que unos cuantos Tercios dieran cera a base de bien y a un tiempo a los de Orange, a los británicos de su Corsaria Majestad, a los turcos de Barbarroja y, a la vez, extendieran cuatro gatos (pero con los nueve más que bien puestos) su dominio y su cultura por la totalidad del globo, o que aún los del invencible Napoleón tuvieran que salir de España por pies y con el rabo entre las piernas. Nuestros verdaderos males históricos siempre han venido de dentro, de nuestros gobernantes; nadie nos venció nunca, sino que fueron suficientes unos pocos gobernantes para que España pasara de ser candelero a carbonilla. Pues bien, entre el mentor Zapatero y la Delfina doña Carme superan a todos los anteriores y aún llegan más lejos, consiguiendo entenebrecer en poco menos de un quinquenio casi dos mil años de merecida fama, honor y valentía, consiguiendo que a los soldados españoles les tiren al paso plumas de gallina las tropas de otros ejércitos aliados. Todo un logro. Si hasta la llegada de Zapatero al poder, cualquier ejército o potencial enemigo medianamente ilustrado sabía que si tenía un soldado español de frente, tenía más de un problema de los serios, entre él y su Delfina han conseguido que nuestro Ejército sea el hazmerreír de la OTAN, de nuestros enemigos, de nuestros aliados y de nosotros mismos. Del «Españoles me dé Dios en el mar que en la tierra no los quiero» del temible almirante Nelson, habrá que pasar al cacareo con que nuestros aliados nos despiden cuando, por órdenes superiores, salimos de la forma que lo hacemos de allá donde estamos, naturalmente sin pasar las preceptivas órdenes superiores siquiera por el Parlamento. A lo mejor, y al paso que vamos, doña Carme se decide a asumir la realidad que la concierne y cambiar el águila militar del emblema del Ejército por una gallina ponedora.

Si esto es lo que ha conseguido el tándem Presidente-Delfina en poco más de cuatro años —cargarse más dos mil años de haberes de Historia, conquistados a mucha sangre y más sufrimiento—, imagínense lo que la Delfina sola podrá hacer como Presidenta. Apasionante. Será sin duda todo un espectáculo ver cómo desaparecemos como país y cómo la Historia misma de la Humanidad sofoca una de sus principales lumbreras.

Ustedes me sabrán perdonar la radicalidad, si es que por tal entienden mis razonamientos, pero a los hechos me remito: los socialistas son la peor enfermedad imaginable que podría haber contraído España, no para una parte, sino para la nación entera. Desapasionadamente vean los hechos y analícenlos, y díganme qué hubiera pasado si quienes hubieran liquidado el tejido industrial español hubiera sido una potencia extranjera, pongo por caso; o si quienes han institucionalizado la corrupción hubiera sido..., qué se yo, Francia o Gran Bretaña; o si quienes hubieran sometido a nuestros trabajadores a esta vigente ignominia de eventualidad permanente, salarios esclavistas y miseria futura, hubieran sido los gringos; o si quienes hubieran reducido los mejores estudios universitarios a rebuznos, hubieran sido los italianos; o si quienes se apropiaran de nuestras compañías estratégicas por las bravas hubieran sido los rusos. La cosa, desde luego, no es menuda. Y, sin embargo, estamos como estamos, que ya desde Europa —los primeros interesados en nuestro derrumbe y los mayores beneficiarios de nuestra liquidación como país— les duele la boca de decirnos (y hasta amenazarnos) que basta ya de expoliación en casi todas las áreas de nuestra sociedad y economía, de inoperancia de la Justicia y de corrupción galopante, porque por lo que se ve más le duele a ellos este despelote tan vergonzoso que a nuestros propios dirigentes. ¡Quién conoció a España y quién la conoce!

Pues, por lo que se ve, no contentos con lo conseguido con esta sucesión de despropósitos que nos están disolviendo como uno de los países con la más modélica Historia (incluso con sus páginas negras), quieren los socialistas además imponer que la Delfina alcance la Presidencia. Será para ver ese día. Si unos poquitos se cargaron en menos de una veintena de años los granados frutos de que lo ha sido España en varios milenios, y entre Zapatero y la Delfina casi tres mil años de honor y valentía de nuestro Ejército en poco más de cuatro años, será de verse lo que duramos como nación bajo el dominio de tan preclara lumbrera. Sin embargo, es probable que doña Carme consiga la Presidencia porque si algún partido tiene incondicionales fanáticos para llamar izquierdas a esto y votarles, sin duda es el socialista. Sin embargo, y por si acaso, vayan eligiendo país para nacionalizarse, porque de ser verdad que se presenta y gana, de ser España y de ser españoles nos quedaría más bien poco.

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