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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Hoy he ido al médico

Marino Iglesias Pidal
Redacción
lunes, 30 de marzo de 2009, 14:49 h (CET)
Creo que podría escribir… cientos de páginas atendiendo a las lucubraciones motivadas en este hecho: He acudido a la cita establecida con el traumatólogo de la S. S.

No quiero dar el coñazo, tan sólo un pequeño desahogo.

Hace unos… seis, siete, quizá ocho meses, comencé a sentir dolor en la rodilla derecha. Pensé, y sigo pensando, que la lesión fue causada por un esfuerzo realizado con la pierna teniendo el pie mal posicionado. La médica de cabecera me manda hacer una radiografía. Cuando la mira no ve nada anormal. Unas pastillas y si no se acaba el dolor, no se acaba, cita con el traumatólogo.

No es intenso el dolor, pero no puedo correr, no puedo doblar al máximo la rodilla… y, si le exijo un ligero esfuerzo, el dolor se intensifica.

El especialista mira la radiografía, mira y toca la rodilla. No recuerdo sus palabras exactas, algo así: Una pequeña fisura en el menisco que podríamos solventar con una infiltración, pero antes quiero ver su evolución. Pida cita para dentro de tres meses. El hombre me ha causado buena impresión.

Han pasado los tres meses. He acudido a la cita con la radiografía de la rodilla y una de hace un año de la zona lumbar, vista la cual en su momento, la médica de cabecera hace el, parece ser en lo que a mí se refiere, casi habitual diagnóstico, no ve nada anormal. Hace varias décadas, el especialista privado que consulté, mientras miraba el correspondiente cliché me dijo: Viendo esta radiografía y sin verte a ti, diría que es la espina de un individuo condenado a una silla de ruedas, pero no hay nada que podamos hacer.

Quise aprovechar la cita de hoy y llevé ambas radiografías. No era el mismo médico. Me recibió con una palabra obligada. Y yo, he venido hace tres meses con un problema en la rodilla que sigue igual… ¿Esas son las radiografías de las rodillas? No, sólo una – se la tiendo -, de la derecha, que es la que tengo mal. La ha mirado durante los segundos en que he pronunciado las palabras. No tiene nada y, dirigiéndose a la enfermera, que pida cita para hacer una resonancia, a ver si ahí aparece algo… - me consulta - rodilla derecha ¿verdad? Afirmo mientras le tiendo la otra. Esta es de hace unos meses, de la zona lumbar, desde que comencé a trabajar, a los catorce años, he tenido muchos problemas, apenas si puedo doblarme y, a veces, me quedo doblado durante meses; un especialista que me vio hace mucho tiempo me dijo que mirando la radiografía y sin verme a mi se diría que ando en silla de ruedas… Ese especialista no sabía mucho de esto; aquí no hay nada anormal. Cruza las manos sobre la mesa en un gesto inequívoco, termino la consulta. Alcanzo a decir: O sea que todo lo tengo bien aunque funciona muy mal. Hace un gesto displicente y pronuncia una palabra, no recuerdo cual, de despedida. Yo ni siquiera me despido.

Siempre he creído, y me ratifico en ello, que algunas carreras deberían ser vocacionales, entre ellas, de forma singular, la de medicina. También mantengo la creencia de que en el cerebro existen uno o dos compartimentos esenciales, yo los denomino el almacén – la memoria - y la fábrica – el lugar donde se elaboran las ideas -. La mayoría de seres humanos únicamente usan, no sé si por carencia de fábrica o por vagancia mental, el almacén. Lo que tampoco sé es por qué algunos no podemos conciliar el sueño si no encontramos explicación para cualquier cosa que nos surja, por mínima que sea su importancia, accesible al razonamiento, no importa cuan dificultosa resulte la accesibilidad. Esta postura intelectual también debiera ser requisito indispensable en la personalidad de un médico. Yo, igual que siempre me he considerado apto para casi cualquier desempeño, también me he sabido incapaz de ejercer la medicina, No me cabe la menor duda de que, yo médico, tardaría minutos o meses, pero hasta que no encontrara el porqué de las dolencias de mis pacientes no podría conciliar el sueño, y siendo esto imposible, el permanecer indefinidamente sin dormir, pues desde siempre he reconocido que médico no.

Al traumatólogo ¿? que… que estaba en su despacho cuando entré a la consulta, ¡jamás! debió permitírsele ejercer de tal. Pero, lamentablemente, ¡muy lamentablemente! muy pocos individuos hacen gala de tener en su cerebro una fábrica que usan.

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