Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El “machismo” el salvoconducto del feminismo

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 27 de marzo de 2009, 11:40 h (CET)
Es algo que debería de poner en guardia a las feministas acérrimas, aquellas que sostienen que quieren la igualdad absoluta con los hombres, por estimar que lo que pueda hacer una persona del otro género son capaces de hacerlo ellas tan bien o mejor. Y digo que deberían preocuparse porque es evidente que algunas de sus representantes más conocidas, por ocupar importantes cargos en la Administración pública, parece que han decidido amurallarse contra toda crítica utilizando un latiguillo que, a modo de comodín, tanto les sirva para un fregado como para un barrido, el del tan traído y llevado “machismo”. Queremos decir que ante cualquier acusación de incompetencia, ante situaciones que puedan ponerlas en un compromiso o críticas a cerca de una actuación determinada, que les sea formulada por un hombre, no como tal, sino como ciudadano de la nación, como político de la oposición o como miembro de cualquier institución del Estado, inmediatamente sacan a relucir el término mágico que las protege de verse obligadas a dar una respuesta razonada a aquello por lo que se les pide explicación. Qué en el aeropuerto de Barajas se cierra el tráfico por dos centímetros de nieve y en el Parlamento se le pide información a la ministra del ramo, la señora Magdalena Álvarez, ésta, en lugar de dar una explicación mínimamente coherente de las causas de tal situación, se parapeta detrás del escudo del feminismo lanzando el consabido: “usted es un machista”.

Y es que, entre las féminas de cupo del Ejecutivo, que no son precisamente un ejemplo de eficacia, empuje y competencia, como ha quedado demostrado a través de su trayectoria en el Gobierno; últimamente, se ha puesto de moda que cuando una de ellas tropieza ( más a menudo de lo que sería de desear) todo el conjunto de sus compañeras, las que gozan de las bicocas ganadas a fuerza de arrastrar sus pudibundas posaderas por los despachos del PSOE o pertenecen a la muy ilustre cofradías de las hijas de los prebostes del partido, se unen formando piña para entonar, a coro, la fórmula con la que se proponen amedrentar a los ingenuos que piensen que van a razonar, argumentar o rebatir con documentos aquella cuestión que se les ha propuesto. ¡Machistas! ¡Si no fueseis machistas no os hubierais atrevido a pedirnos que nos justifiquemos, machistas, asquerosos machistas! O sea, que cuando la señora Chacón se presenta ante el Rey vestida de lechuguino, consciente de que va a llamar la atención no en su calidad de ministra, sino precisamente por querer resaltar su feminidad por encima del cargo que ocupa; a esta señora no se la puede criticar porque es un acto de machismo. Cuando la señora Álvarez mete la pata en el caso del Ave de Barcelona, o en el tema de la huelga en el aeropuerto del Prat o, más recientemente, en el parón de Barajas, a cualquiera que le pidiera que asumiera sus responsabilidades lo tildaba de ¡machista!, pero cuando se trataba de dar argumentos o justificar su actuación como ministra de Fomento, sus palabras se embarullaban, sus conceptos se confundían y el resultado resultaba una jerigonza ininteligible como aquellos discursos disparatados del genial Antonio Ozores.

Ahora, de nuevo, la señora Chacón –sobre la cual en más de una ocasión he dado mi opinión –, nos confirma, una vez más, que no era la persona más adecuada para ocupar el difícil cargo del ministerio de Defensa; cuando acaba de comprometer a España ante el resto de naciones de la OTAN, enemistándonos otra vez con el nuevo presidente de los EE.UU, el señor Obama, aquel en el que tenía puestas sus esperanzas el señor Zapatero y que se creía tenerlo en el bolsillo para que le ayudara en lo de la Alianza de Civilizaciones o le echara un cable para conseguir ayuda económica del BCE o, al menos, le permitiera hacerse una fotografía con él en blanco y negro, para que no se notase la diferencia de su piel blanca con el rostro atezado de su homólogo americano.

Es obvio que una actuación precipitada, un antojo de primeriza, un corazonada de la señora ministra (que luego ha intentado camuflar alegando, tarde y a destiempo, que era una resolución de todo el Ejecutivo) la ha conseguido poner a los pies de los caballos, por una simple cuestión de procedimiento y cortesía internacional, nuestras buenas relaciones con los países de la OTAN y con los EE.UU. Y es que nuestra ministra necesitaba hacer méritos, ponerse medallas y dar la sensación de que actuaba con eficiencia y se adelantaba a todos, anunciando a la tropa su pronto regreso a casa. Pues vean que, ante una metida de pata de tamaño calibre, ha vuelto a aparecer el coro de plañideras del PSOE para entonar la proverbial letanía del machismo de quienes piden a la ministra que justifique sus actos y que, si no lo hace, se vaya a casa para que ocupe su cargo alguien mejor dotado para ello.

Se dice que se puede morir del éxito y me estoy temiendo que este gremio del feminismo radical, de estas damiselas que quieren tener todas las prerrogativas, pero ninguno de los inconvenientes de ocupar los puestos tradicionalmente reservados a los hombres, está haciendo méritos para que se acaben pasando de rosca y su propia impaciencia, su escasa moderación, sus métodos de utilizar el victimismo para granjearse las simpatías del resto de las mujeres y su empeño en reclamar un sistema igualitario, sin aceptar que, para ello, se han de acostumbrar a recibir las misma críticas a las que se exponen sus tradicionales adversarios, los hombre; sin que cada vez que se las censure, cada vez que se equivoquen, o siempre que se enfrenten a alguien del género opuesto, su feminidad no les ha de servir para que se les de la razón si es que no la tienen ni se han de valer de su condición de mujer como medio para obtener beneficios especiales, cuotas por género y no por méritos o cualquier tipo de prebenda si no la merecen igual o más que cualquier competidor, sea hombre o mujer.

Es hora que nos dejemos de zarandajas, es tiempo de que no se nos avasalle bajo el pretexto de ser machistas porque este ha sido, es y será, si no lo remediamos, el talón de Aquiles de los hombres, que parece que tenemos que vivir pidiendo perdón por serlo y consintiendo que el sexo contrario nos imponga condiciones draconianas para competir con ellas. Puesto que se lo han buscado, que sea en igualdad de condiciones, tanto intelectuales como físicas, de modo que la igualdad sea efectiva y no primada como parece que pretenden algunas. De no aceptarse estas reglas, tarde o temprano, como ocurre con el ramillete de ministras que nos trajo el señor Zapatero, se acabará por quedar demostrado que también las mujeres se equivocan, pueden ser incompetentes, frívolas en el cumplimiento de sus deberes y adolencen de los mismos vicios, si no más, que sus compañeros del otro sexo. Y, si no me creen ¡al tiempo!

Noticias relacionadas

El huracán Florence expone la dura realidad de la desigualdad en Estados Unidos

El huracán de categoría 4 avanzó a una velocidad de varios kilómetros por hora inundando las Carolinas estadounidenses

La Cataluña imaginaria y autosuficiente de los separatistas catalanes

“La autosuficiencia es incompatible con el diálogo. Los hombres que carecen de humildad o aquellos que la pierden, no pueden aproximarse al pueblo” Paulo Freire

Dos debates, dos Españas

La crispación general y el estilo bronco, zafio y chulesco del diputado Rufián representaba el nivel de descrédito que ha alcanzado el debate parlamentario

La distopía del Máster Casado

Sánchez en situación apurada

Casado exculpado por el fiscal
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris