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Fabra, un “padrino” en Castellón

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 27 de marzo de 2009, 11:40 h (CET)
El apellido Fabra está grabado a fuego en la Diputación de Castelló, su sillón presidencial ha visto cómo los ilustres culos de esta saga llevan más de un siglo calentándolos, desde aquel primer cacique Fabra, tío-bisabuelo del actual Presidente, hasta él, han asentado sus posaderas en tan ilustres sillones su bisabuelo, su abuelo y su padre hasta llegar a este Fabra que tiene tan bien aprendida la lección de gobernar la institución cual si el caciquismo nunca hubiera desaparecido de las tierras de esta capital valenciana.

Un cierto tufillo a Sicilia se esparce por las calles castellonenses mezclado en estos momentos con un cierto olor a podrido que rezuma venganza y franquismo por sus cuatro costados. El señor Fabra, detentador del voto cautivo gracias a su facilidad para colocar amigos, conocidos y simples saludados en puestos oficiales, ahora se ha metido en labores de editor y nada mejor para iniciar esta nueva singladura que poner en la calle, eso sí, con dinero público, un libro del que es autor el ya fallecido coronel de infantería José Luís Lapeña quien en este panfleto titulado “España, sueño imposible” en medio de toda una sarta de mentiras desliza perlas como esta donde dice que Franco colaboró con el alzamiento “con el fin de dar a España un régimen de justicia, paz, orden y armonía para todos”. La historia y cuarenta años de dictadura nos han mostrado que lo que dio a España y a los españoles fue un régimen de terror, miedo, el orden de los cementerios y la armonía para los suyos que, aún actualmente, siguen viviendo maravillosamente de la sopa boba que les dejó el franquismo y sus negocios sucios.

Carlos Fabra, “padrino” de los estómagos agradecidos, prologa este libro en el que califica al autor como “valiente”, un libro, aunque me resisto a darle este nombre, en el que el fenecido coronel de artillería osa decir que la guerra” no fue un golpe militar sino un conflicto entre dos partes con ideas distintas e irreconciliables”. Estas son las afirmaciones que se pueden encontrar en los 1.000 ejemplares de este, digamos, libro al que Ricardo Peralta, Delegado del Gobierno en la CV, ha tildado de “propaganda fascista”, propaganda que ha sido costeada con el dinero de todos los castellonenses al tiempo que el Grup per la Recerca Histórica veía como Fabra les denegaba una subvención.

El Presidente de la Diputación de Castellón es una persona muy afortunada en el juego, al menos esa es la razón que alega en sus muchos ingresos, es tanta su suerte que poco antes del sorteo navideño dijo que “si me toca la lotería, me sacaré la pirula y mearé en la sede de Izquierda Unida”. Ya ven cómo se las gasta este caballerete deslenguado al que los micrófonos gastaron una mala pasada en cierta ocasión y se escuchó perfectamente como llamaba “hijo de puta” a un diputado opositor.

El Partido Popular, del que Fabra es uno de los capitostes, calla siempre ante todas las meadas fuera de tiesto de esta gloria de la oratoria patria, es mucho el poder de Don Carlos en su feudo de Castellón y parece que hasta los bancos le tengan miedo ya las entidades bancarias están demorando en demasía las solicitudes judiciales para que se haga la luz sobre las más de noventa cuentas corrientes que el caballero tiene a su nombre, tener tanta cuenta corriente es lo más normal del mundo cuando a uno le toca tantas veces la lotería y se ve obligado, por precaución, a diversificar sus ingresos bancarios ya que nos bueno que todos los huevos estén en la misma cesta.

Las urnas tienen siempre la última palabra aunque, visto lo visto, y después de las declaraciones de Fabra, ufanándose de toda la gente que ha colocado a lo largo de varias legislaturas, estoy convencido que el voto cautivo y los métodos caciquiles son los que imperan al norte del País Valenciano. Mientras, Fabra y sus conmilitones seguirán gastando el dinero de los castellonenses en pagar propaganda franquista o en llenar los bolsillos de ese cantante de la caspa que es Luís Aguilé editándole discos que nadie compra, lo mismo que va a pasar con este libro cuyo mejor destino es vegetar en cualquier polvoriento almacén de la Diputación de Castelló.

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