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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

El domingo en peligro

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 26 de marzo de 2009, 11:24 h (CET)
Una propuesta para que las tiendas abran el domingo presentada por Nicolas Sarkozy empezará a debatirse en la Asamblea Nacional francesa en diciembre de 2008. Intereses económicos de las zonas turísticas , o aquellas “de atractivo comercial excepcional” piden que se “deje trabajar a las personas que quieren trabajar”. El proyecto que los grandes centros comerciales puedan abrir en domingo inquieta a algunos diputados por los “efectos colaterales” que puede provocar al atraer a la gente hacia los centros que abran los domingos, en detrimento de los pequeños comercios. “ Abrir 52 días al año, son 52 días de trabajo, de crecimiento y de poder de compra”, defiende el diputado de Hauts-de- Seine. El primer ministro francés François Fillon aseguró el 12 de noviembre de 2008 que no estaba previsto “la generalización del trabajo el domingo”, pero una legalización en zonas concretas en las que a menudo se trabaja en una situación de ilegalidad, “permitiría experimentar para dar respuesta a nuevas necesidades”, es decir, legalizar el trabajo dominical en otras zonas.

El debate de abrir los comercios todos los días del año también lo tenemos aquí. Todo gira alrededor de más ganancias. El deseo de poseer más. Este anhelo es insaciable. Se deben derribar los graneros para construir unos demás grandes, como dice el Evangelio. El mismo Jesús avisa del peligro de la codicia: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios” (Lucas,12:20,21).

Nuestro comportamiento es parecido al de los israelitas que durante la larga travesía por el desierto cometieron dos errores en lo que respecta al maná, el pan del cielo, la provisión de alimento diario que tenía que recogerse cada amanecer. Si acaparaban más del necesario, el sobrante se llenaba de gusanos y se podría. El viernes tenían que recoger doble ración porque el sábado, el maná providencial no caería del cielo. Desobedecieron la orden del Señor: “Y aconteció que algunos salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron. Airado, Dios, les dice: ¿Hasta cuando no queréis guardar mis mandamientos y mis leyes? (Éxodo,16:27,28).

La característica del hombre caído en el pecado es el miedo. Le atemoriza el futuro y, esto le hace acaparar por si acaso. La Biblia enseña a ser previsores de cara al futuro, poniendo como ejemplo la laboriosidad de las hormigas (Proverbios,6:6-11). Cuando se traspasan los límites de la prudencia, la previsión se transforma en afán acaparador, siendo nefasto tanto para el que cae en la trampa porque pierde el alma, el bien más precioso, como a los que dependen de él, sean familiares o empleados, porque la codicia los perjudica gravemente.

Con el fin de evitar este peligro Dios instituyó el séptimo día como jornada de descanso laboral, para dedicarla de una manera especial a Él. Los judíos no le hicieron caso y nosotros seguimos su mal ejemplo. Desaprovechamos los beneficios espirituales que comporta dedicar el domingo a Dios, y lo empleamos para seguir construyendo graneros de mayor capacidad. El resultado de haber abandonado a Dios es el desastre económico, entre otras cosas, todo lo contrario de lo que se perseguía.

El alma no puede permanecer vacía. Si Dios no la ocupa, un substituto debe reemplazarlo. De ahí que el afán al dinero es tan intenso que nos ciega el entendimiento y, una tras otra, los decisiones que tomamos nos conducen a destinos no deseados. Se hacen planes para reactivar la economía, pero la crisis monetaria no desaparece, todo lo contrario. La realidad evidente es que unos pocos cada día son más ricos, hasta el punto que no saben que hacer con su dinero, y una mayoría cada vez más pobre y con crecientes dificultades para sobrevivir. El bienestar material está herido de muerte a no ser que se tome en serio el dicho de Jesús: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo,4:4).

Redescubrir que el domingo es para Dios y que sirve para alimentarse del pan de vida que es Jesucristo y su palabra, enderezará la economía que está por los suelos.

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