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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Algunos españoles tienen la desfachatez de ser castellanos

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 25 de marzo de 2009, 11:16 h (CET)
El Estado de las autonomías chirría ásperamente por causa de los compromisos que por unos votos imprescindibles adquieren algunos presidentes de gobierno. El actual, sí, pero no sólo al actual.

Hasta el momento presente España carece de un partido bisagra de ámbito nacional que sirva de sostén a los sucesivos gobiernos. Ese papel lo han representado siempre los nacionalistas, cobrándoselo permanentemente de diversos modos. Eso pasó con González, con Aznar y ahora con Zapatero. Y seguirá pasando dentro de tres años. Si llegamos, ya veremos.

La influencia de esos partidos nacionalistas llega no sólo a la elaboración de leyes que afectan a todos los ciudadanos, independientemente de si viven o no en esas autonomías nacionalistas. En todas las legislaturas el peso nacionalista se hacía patente en la legislación sobre cobro y distribución de impuestos, las cesiones que el Estado iba realizando a las autonomías las iban marcando esos partidos nacionalistas... de acuerdo con sus propios intereses. Todavía todos nos acordamos de Aznar hablando catalán en la intimidad... cuando le convino.

Y nos llegamos en la deuda histórica, que es otra forma de sacar los cuartos del bolsillo común para entregarlos a unos pocos, allá donde haya un grupo de parlamentarios cuyos votos necesite el gobierno central. En el caso de Andalucía las permanentes victorias de Chaves y el estable apoyo de los ciudadanos andaluces hacían conveniente publicitar el desvío de una riada de dinero hacia aquella autonomía.

Y ahora Cataluña, que tantos años lleva reclamando esa deuda histórica, no se conforma con la pantanada que Zapa le promete. Ellos, los nacionalistas catalanes, no pueden ser como el común de los mortales; ellos, los nacionalistas catalanes, siempre necesitan más y ha llegado la hora de cobrarse antiguos apoyos al gobierno central y más recientes traiciones de éste. Todo el dinero les resulta poco, también con la ayuda del PSC.

Algunos españoles tienen la desfachatez de ser castellanos, de haber nacido y vivir en la cuna de España (sí, en una de las dos cunas; Aragón también) e identificarse más que nadie con la idea tradicional de España. Quizá sea por eso, pero en Castilla no hay movimiento levemente regionalista (obsérvese que digo "levemente" y "regionalista") que prospere, no existe ningún parlamentario que plantee graves pulsos institucionales al Estado ni partido que pueda vender caro su apoyo al gobierno. Ni siquiera los parlamentarios del PSOE (del mismo PSOE de Andalucía, primos hermanos de los de Cataluña) representan entre nosotros papel semejante. Del PP mejor hablamos otro día, que ni está ni se le espera.

Así que los castellanos que se fastidien, no hay manera de que nadie les pague la deuda histórica por ser engendradores de España, nadie que les pague la generosa entrega de un idioma castellano al que incluso hay quien pretende llamarlo "español", nadie que nos compense por los tres millones de emigrantes que han ido a enriquecer otras regiones (por cierto, castigadísimas por el franquismo), generando allí la riqueza que no pudieron generar en sus casas, pagando allí los impuestos de justicia social que no han podido pagar en Castilla.

No, para Castilla no hay deuda histórica, Castilla no existe, ni pincha ni corta en esta España actual. Castilla se trasladó en los años cincuenta y sesenta a los Altos Hornos del País Vasco, a las industrias textiles de Cataluña o a las cadenas de las fábricas suizas o alemanas. ¿Quién queda en los campos abandonados, en los envejecidos pueblos, para reclamar nada para Castilla? ¿Juan Vicente Herrera? ¡¡¡Socorroooooo!!!

(Y eso que no he hablado de esa suma desvergüenza que es el cupo vasco o el foralismo navarro, prueba de que no todos los españoles somos iguales ante la Ley)

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