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Señora Aído, ¡no callará usted a los antiabortistas!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 25 de marzo de 2009, 11:16 h (CET)
¿Desde cuando, señora Aído, la vida de un ser humano es algo que tenga que ver con la política? Si no fuera porque los ciudadanos ya estamos enterados de su escasa preparación y si no fuera, también, porque todos sabemos cómo se le hizo un ministerio a su medida de niñata consentida del partido, puede que a algunos nos costara entender que el señor Zapatero tuviera la falta de visión política y el desacierto de colocarla a usted al frente de un ministerio, que no tiene razón alguna de existir, dado que la igualdad entre todos los españoles ante la Ley viene garantizada por nuestra Carta Magna. Es cierto que ustedes, los socialistas, en ocasiones nos han hecho dudar de que tal ley constitucional siga todavía vigente y también lo es que, en muchas de sus actuaciones políticas, no han demostrado tener mucho respeto por el cumplimiento de sus normas; pero lo que no van a poder hacernos tragar es que la vida de un ser inocente, precisamente en el lugar donde debiera estar más protegida y salvaguardada de cualquier agresión externa, que es dentro del vientre de su madre, resulte que, paradójicamente, en esto que se ha dado por denominar la raza humana, la raza que. en teoría, existe la posibilidad de distinguir entre el bien y el mal, sea donde precisamente se encuentre en más peligro y donde tenga más posibilidades de ser masacrado y dependa, no de un tribunal, no de un consejo de ancianos sabios y no de una asamblea de doctos expertos en medicina; no señores, la vida de este inocente va a depender, según la señora Aído y las personas que opinan como ella, de la voluntad de la madre, de esta simple y única instancia, sin apelación posible, representada por el capricho de una mujer que, después de solazarse en su sexualidad, resulte incapaz de aceptar las consecuencias de sus propios actos realizados en libertad.

No contenta con haber contribuido en primera línea a sacar a colación uno de los señuelos de los que se vale el señor Zapatero para distraer la atención de la ciudadanía de su desastrosa gestión de la crisis económica, la señora ministra de Igualdad parece que ahora ,(deberíamos preguntarle qué igualdad se le ofrece al feto condenado a muerte respecto a los que tienen más suerte y se les permite vivir) carga contra las Cofradías andaluzas porque reniegan de semejante carnicería y se manifiestan en defensa del derecho de los nasciturus a poder gozar de la vida, como lo tiene cualquiera de las personas que nos rodean.. Por lo visto, la línea que ha trazado la señor Aído entre lo político y lo religioso, tiene algo que ver con la que la moral y la ética podrían definir entre el derecho a vivir y el derecho a matar que, al parecer, es lo que las leyes propuestas por el PSOE y este cupo tenebrosos de ministras de cuota, han decidido olvidar para satisfacer a este feminismo radical y recalcitrante que no deja de pedir más concesiones, pero que se niegan, como hembras de la especie humana, a apechugar con sus obligaciones naturales o sea con los deberes que les impone su condición de futuras madres y perpetuadotas de la especie.

Y es que la señora ministra de Igualdad parece que busca, ante todo, ampararse en esta especie de coartada de la que se ha provisto; basada en el respaldo de estos guardaespaldas suedocientíficos que, escogidos meticulosamente de entre los que se mostraban favorables a las tesis de la ministra sobre el tema del aborto, no han tenido empacho alguno en recomendarle lo que ella les había pedido que hicieran. ¡Muy burda la jugada, señora Bibiana!, tanto, que no era preciso ser un Perry Mason para saber los resultados de la famosa recua de “expertos” que han resultado, por desgracia, serlo en desfachatez y desvergüenza. Porque lo que todavía no nos ha explicado la señora Aído, es como se explica que la reacción de muchos científicos e intelectuales haya sido tan clamorosa y tajante. No hace más que unos días que cien de ellos firmaron un manifiesto a favor de los fetos a los que condena la ministra y, son múltiples las reacciones, no sólo de los estamentos eclesiásticos, sino del propio colectivo de médicos y de la sociedad civil; en contra de la implantación del famoso derecho al aborto que parece que, tanto la ONU como muchos colectivos feministas radicales, pretenden imponer con carácter general, como uno de los medios de controlar la población de la Tierra. Debería informar a los ciudadanos cómo es posible que en la famosa comisión de Expertos no hubiera representación de científicos antiabortistas, o de colectivos católicos o del colectivo de jueces y magistrados, para que opinaran sobre la legalidad y el entronque en la Constitución de una medida que priva de la vida a un ser dotado de todos los requisitos para acceder a la vida, sin que ello dependa de un capricho de su madre. No se ha hecho así y esto deslegitima a la señora Aído a pretender apoyarse en unos consejos emanados de un grupo parcial y claramente proabortista.

Basta, para darse cuenta de la falta de presencia de expertos en derecho, la sinrazón de autorizar a una menor de 16 años –que no está autorizada ni para votar ni para que le practiquen una operación, para lo cual precisa la autorización de sus padres – para que pueda decidir si aborta o no. Pongámonos, por un momento, en la mente de esta muchacha, asustada por un embarazo no previsto, aconsejada por amigas sin escrúpulos y, con toda probabilidad, azuzada por el padre de la criatura que, espantado por la responsabilidad que se le viene encima, no piensa en otra cosa que en salir del paso sea como sea. ¡Díganme ustedes las posibilidades que tiene la pobre criatura de salir con vida de semejante trance! Es obvio que la chica necesita del consejo de personas más experimentadas, más ecuánimes y con un sentido común más asentado; que la hagan reflexionar y le puedan hacer ver los lados positivos de la situación,así como ofrecerle su apoyo para que se sienta aliviada y pueda reflexionar con mayor calma. No parece que sea este el fin de la joven Aído, falta también de experiencia de la vida y con ideas cargadas del relativismo imperante pero, al parecer, con muy poco instinto maternal, “cualidad” que, al parecer quiere imbuir en el resto de mujeres para que, entre todas, acaben con los nacimientos. Por cierto que aquí nos encontramos con una manifiesta contradicción con los innumerables casos de padres que no pueden tener hijos y que tienen que irse a países africanos o asiáticos para poder conseguirlos; cosa que sólo algunos consiguen después de pasar innumerables peripecias y gastarse verdaderas fortunas en ello.

¿No sería preferible, señora Aído, que el Gobierno organizase un ministerio, el suyo por ejemplo, donde se llevara una estadística de las personas que buscan hacerse con un bebé y que, antes de que provocase un aborto, se ofreciese a las muchachas que se encuentran en el trance de sobrellevar su maternidad, la posibilidad de entregar a sus hijos en adopción? Ya ve, algo tan sencillo y que, sin embargo, le daría sentido a este ministerio que usted preside y que, hasta ahora, más se parece el laboratorio del Doctor Menguele que a un organismo público creado para el bien de los ciudadanos. ¡Piénselo usted, señora ministra, piénselo antes de que, en el futuro, se recuerde su paso por la política como el de aquella feminista sin escrúpulos que reprodujo la matanza de inocentes que, en su día, perpetró Herodes el Grande cuando Jesús estaba a punto de nacer!

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