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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Fisonomía universitaria

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 23 de marzo de 2009, 10:43 h (CET)
Se dice del arte, y se dice bien, que requiere de unas determinadas cualidades; digamos, como especie de requisitos; sin ellos, aquello va separándose de la idea artística. Así, la curiosidad, la bondad, la ternura y el éxtasis. En rigor, sirven también otras cuantas, como la laboriosidad, la sinceridad, método e iniciativa. Resultan cruciales para el BUEN APRENDIZAJE, de los conocimientos, esencias y maravillas. En el caso de los artistas, en recorridos estéticos, indagaciones y misteriosas profundidades. Al tratar de la Universidad, además de estos mismos objetivos nada desdeñables; el estudio, la ciencia, el pensamiento, las condiciones técnicas y su apego a la realidad social, resultan incontrovertibles. Por consiguiente nos colocamos ante un denominador de anhelos comunes. Insatisfechos con lo circundante, atendemos al amplio horizonte de ideas y conceptos, con nuevos resultados, con las repercusiones devenidas de dichas actitudes. Unas veces para establecernos con más satisfacción en la vida; pero sin librarnos del todo de penalidades y quebrantamientos, que también se generan. Arte y Universidad, como instrumentos señeros, tras esas mejoras anheladas.

Los paisajes presentan variaciones todos los días, claroscuros y tormentas. Así ocurre con el pretendido encantamiento de las obras de arte, atraviesan caminos llenos de complicaciones, con DESVÍOS impresionantes. Quizá los muy entendidos opinen de otra manera, pero quienes no pasamos de aficcionados, apreciamos pronto los obstáculos que surgen en el camino para pescar las maravillas artísticas. Abruma ese exceso de mercadeo, con frecuencia entreverado de oscuras inversiones públicas y privadas. Quién prime, la obra artística o la programación exhaustiva de su muestra, no siempre juega a favor del arte. Rencillas y ostracismos, junto a exposiciones plagadas de mimetismos y sensacionalismos, nos conducen con reiteración a quedar impresionados por banalidades, y eso no es impresionismo vero.

Del mismo modo, o con un cierto paralelismo si ustedes lo prefieren; la excelencia de la labor universitaria, se ha visto afectada desfavorablemente por múltiples circunstancias. El funcionamiento de la Universidad necesita recursos, actitudes y compromisos. Si estos escasean, la cumbre de la enseñanza decae, se transforma paulatinamente en una entidad ANACRÓNICA, fuera del sitio solicitado. Por inmovilismo quizá, se originaron crecimientos, sólo mastodónticos, de sus estructuras, con mucho número y poca evolución. Tampoco le han beneficiado los dirigismos ideológicos, poco propicios a la autonomía científica y a la claridad del pensamiento. Los politiqueos más directos entrañan más desorientación que maravillas, no son su campo adecuado.

Mucho se discute sobre las reformas gestadas en las reuniones de Bolonia, encaminadas a la creación del germen para la renovada UNIVERSIDAD GLOBAL. Entre las múltiples opiniones vertidas al respecto, uno se queda con la sensación de que construyen un aeropuerto sin saber como dispondrán las pistas de despegue. La típica gestión desde unos despachos, elaborada por mentes privilegiadas; el resto de los componentes –Alumnos, docentes y la propia sociedad-, deberán ajustarse a sus dictados, caiga quien caiga, y al ritmo establecido desde esas mentalidades. Sin embargo, la Universidad comprende un entramado de suficiente complejidad, para que surjan serias discrepancias, enfrentadas a elucubraciones simplistas.

Hasta el mismo Profesor Puyol, involucrado en la gestión de estos cambios universitarios; en su magnífico artículo en la tercera de ABC, expone algunos retos importantes del plan de Bolonia, a los que el contempla en plan benévolo y tono netamente positivo. Muy pocos dudan de la conveniencia, de los motivos, para proyectar una serie de cambios en la Universidad. Su situación actual es manifiestamente mejorable, según sus propias palabras. La cuestión se centra en la CASCADA de DECISIONES originadas, algunas precipitadas, otras con un futuro dificultoso, y muchas discutibles por imprecisión y prepotencia manifiesta.

El hecho de que se PROPONGAN “Nuevos productos” educativos, de por sí, no garantiza la bondan de lo nuevo; menos aún con esa uniformidad para toda la amplia Europa educativa. Eso de la educación en lotes obligados y en gran parte desconocidos, ¿Cómo va a convencernos? Se alaba el reto de “Modificación de contenidos”, que parece más propio de una valoración sedimentada con pausa, con ese sabor de una Universidad (Harvard, Oxford, Navarra, Valencia, etc.); no seduce ese cambio a golpe de despacho. Se cita la “Movilidad” de estudiantes y profesores; y puede quedar en bailes de polka o en viajes de 2 ó 3 meses, en algo con sabor a viaje turístico (Erasmus o similares). ¿Cómo se piensa organizar y sufragar esa movilización? ¿Con qué rendimiento?

No puede derribarse lo actual sin una alternativa estimable. No pueden quedar estos aspectos al albur de una futura organización, ahora en mantillas y en su mayor parte, desconocido aún el detalle de los contenidos. Acaso vaya a predominar la temida privatización de la enseñanza en los niveles altos (Doctorado, master, directrices en la investigación); la cultura universitaria reducida también a un mercadeo, se presta a notables desfases; y este asunto tampoco se explica , más bien se esconde. Se aprecia una pobre contemplación sobre el profesorado, ¿Con el renqueante y escaso organigrama actual se pretende una reforma adecuada? No tienen más que preguntar a los grupos profesorales actuales. ¿Qué conocen sobre Bolonia? ¿Cómo se pretende que se aclaren y resuelvan los cambios? El dislate se acrecienta a medida que introduzcamos valoraciones. Son muchas imprecisiones, lagunas extensas y desinformación, para poder quedarnos con una valoración más entusiasta.

Parafraseando a Renoir, estas situaciones se prestan al comentario siguiente; menos mal que ninguna estupidez de este mundo conseguirá que un buen docente aborrezca su vocación, que un investigador renuncie a su ilusión, o que desaparezca la necesidad de aprendizaje. Es evidente que el plan de Bolonia no es una estupidez; sin embargo, podría llegar a serlo, si los desajustes no aminoran su actual representación. La personalidad de cada Universidad, su FISONOMÍA, se caracteriza por la reunión de experiencias, sensibilidad de los componentes de sus claustros, progresos educativos y en el conocimiento, ensamblaje social, etc. Por eso, entre las buenas universidades, Upsala no es lo mismo que Salamanca; esas diferencias son encomiables e índice de un buen funcionamiento.

Arte y Universidad requieren de una buena revitalización, de una recuperación de sus mejores argumentos. En las modernas evoluciones, como la mentada hoy, se silencian las aspiraciones de mayor rango, ¿Por qué será? La EXCELENCIA y el SENTIDO, no parecen disfrutar del beneplácito de los reformistas. Las discusiones y criterios utilizados no inciden demasiado en las superaciones referidas; se desperdigan por otras vías más ramplonas.

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