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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Oración “prêt-a-porter”

María Romo de Oca
Redacción
domingo, 22 de marzo de 2009, 16:59 h (CET)
Dicen que, sí alguien tiene un sueño, tiene ya un camino. Puede poner su ilusión a andar.

Por eso me encanta que el Papa insista: “¡No tengáis miedo a soñar!” Y también que uno de mis autores favoritos, Molinié, se queje de los que nos tachan de soñadores: “No es malo soñar, lo malo es que la gente de fe, no tenga sueños”.

Sabíamos que “se hace camino al andar” pero que se haga camino con los sueños, un camino real que se pisa, ¿no os parece fantástico?

¡Arriba los corazones! Es allí donde nacen los grandes sueños. Si no, viendo el panorama, ¡uff!

Muchos de esos sueños nacen de la auténtica oración, uno de los pilares, junto al ayuno, para prepararnos a la Pascua.

No se por qué creo que la oración para adultos, es otra forma de ayunar, liberándonos de los agobios y preocupaciones que nos acosan. No es raro que, cuando entrevistaron a Rodrigo Rato, siendo Presidente del Banco Mundial, dijera que lo primero en la mañana, era su tiempo de oración serena. Y que tantos ejecutivos hablen del yoga o de otras técnicas de meditación oriental. Entiendo que es preciso ayunar hasta de las preocupaciones económicas ¡de todo! para alcanzar un buen rato de oración.

Claro que este ayuno me gusta más. Cuando uno renuncia a otras cosas para encontrar un Tú, ha aprendido lo que es la oración.

Es curioso que, a pesar de tanta superficialidad, de tanto ataque a lo religioso, la vuelta a las formas de espiritualidad demuestre lo imposible de suprimir la dimensión trascendente del hombre. Que hasta Umberto Eco, hable del “retorno de lo absoluto”, es un síntoma.

En el fondo, la oración no es más que un encuentro personal, tú a tú, con Dios. Lo que Teresa de Ávila describe como “un estar hablando a gusto con quien sabemos nos ama”.Y es doctora de la Iglesia. O sea, que no hay que complicarse la vida. ¡Se puede orar de tantas maneras! Lo único importante es tener el corazón y la cabeza, hechos al amor, ágiles y en forma.

Sí, es un poco como ayunar, pero desde el amor. Lo veo estos días, en las parejas del

Retiro, silenciosas en su banco, rodeadas de niños y pájaros.

¿Y cómo se complementan, esas pausas de absoluto, con el servicio a la realidad cotidiana? Mi amigo Rafael, lo tiene claro. “Yo rezo por mis compañeros de trabajo, por la gente en el metro, rezo cuando leo el periódico… ¡Pasan muchas cosas tristes por ahí!”

Adrianne Von Speyr, que ejercía incansable la medicina, tenía un sentido más práctico. “Yo rezo para coger fuerzas” También podemos rezar uno por el otro…Pero hay que dejar a Dios en libertad. Puede ser que pidamos por un compañero de quirófano y… se convierta un chino”.

Otra cosa importante. Si faltan en nuestra vida esos momentos de intimidad con lo absoluto, se resiente también la intimidad cotidiana, con la familia, el matrimonio, los que nos rodean…

Al permanecer siempre en la superficie, la gente se convierte para nosotros en una realidad virtual. No tocamos corazón. Creemos que nos queremos mucho pero, a la hora de la verdad, volvemos a nuestro rollo, nuestros criterios o imposiciones. No nos queremos. Sólo que no nos damos cuenta porque esto ocurre a niveles profundos. Fue el descubrimiento, que me impresionó, de Guardini: “En el fondo, los demás no existen para nosotros”.

No estamos acostumbrados a esa intimidad del amor a ese mar sin fondo donde, según cantan los niños, se encuentran las llaves.

Cuando el corazón no se ha fabricado una “querencia” como se dice en castellano, una “voglia di te”, como se dice en Italia, algo no va. Hijo, eres un bendito, un pedazo de pan pero “tengo contra ti que has perdido tu amor primero”.

¡Ah! la costumbre, las zapatillas, el sillón…Pero, tranquilos, allí también se puede husmear lo profundo, como ese amigo que reza leyendo el periódico.
Sillón, zapatillas y periódico no casan mal.

Lo importante es no descuidar esa oración “prêt –a- porter”, cuando sabemos que siempre, y en todas partes, alguien nos espera.

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