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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La mala educación de Esperanza Aguirre

Mario López
Mario López
domingo, 22 de marzo de 2009, 10:58 h (CET)
La manifiesta animadversión de la presidenta de la Comunidad de Madrid hacia los medios del Grupo PRISA se contradice extraordinariamente con el liberalismo del que ella misma presume y le ha llevado a ponerse en evidencia en las situaciones más peregrinas. Una política de su raza, sabuesa y expeditiva, debería ser más cauta y medir mejor el alcance de su pegada.

No se puede estar sistemáticamente en conflicto con unos medios que para una gran parte de la ciudadanía casi son sinónimos de nuestro sistema democrático. EL PAÍS se fundó en 1976, un año antes de la legalización del PCE, que viene a ser el primer paso decisivo en la transición de la dictadura a la democracia, y en torno a él se concentró la mayor parte de los primeros espadas del nuevo régimen. Artistas, intelectuales, periodistas, políticos y ciudadanos en general cuyos pedigríes democráticos estaban fuera de toda discusión, hicieron del diario EL PAÍS la publicación propicia para coadyuvar, desde la inteligencia y el debate, a la creación de una opinión pública acorde con los nuevos tiempos. Sinceramente, no sé cuál es la aportación de Esperanza Aguirre a nuestra cultura democrática. Siendo madrileño y no habiendo salido en los últimos años fuera de mi Comunidad, no soy capaz de recordar un solo gesto de mi presidenta que la iguale en méritos democráticos al diario EL PAÍS en particular y al Grupo PRISA en general. Lo que sí conozco, gracias a mi actividad laboral, es el extraordinario estado de abandono en el que el Gobierno de Esperanza Aguirre tiene sometidas a todas y cada una de sus Consejerías. La última irrupción extemporánea que, dicho sea de paso, me recordó vivamente a otro ilustre preboste ya finado, Jesús Gil y Gil, me ha llevado a situar el concepto que ya tenía de la presidenta a un nivel extremadamente degradante. Llamar por teléfono a la Cadena SER para mentir hecha un basilisco y colgar el teléfono, dejando al periodista con la palabra en la boca y estando, como se dice en términos radiofónicos, en el aire, además de una impostura democrática es una inaceptable falta de educación. No se disculpará. Nosotros a ella tampoco.

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