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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

El síndrome de Diógenes en el sistema político español

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 21 de marzo de 2009, 12:13 h (CET)
Corremos el peligro de acostumbrarnos. La corrupción ha vuelto cuando todos la habíamos dada por desaparecida y puede que venga a instalarse entre nosotros para permanecer. No hay quien se salve, no hay quien pueda llamar tuerto al contrario sin caer en la cuenta de que él está ciego. Corrupción de corrupciones y todo es corrupción. Es España, señores, hagan juego.

Será sin duda casualidad, yo apuesto por ello, pero las más altas cotas de
corrupción se alcanzaron con los últimos gobiernos de Felipe González y
ahora, de nuevo con el PSOE en el poder, han vuelto. Pero no, no estoy
acusando, que la corrupción, sus sombras y sus sospechas alcanzan a todos,
basta con repasar la actualidad. El caso es que nos vemos inmersos en un
ambiente de suciedad y de enfermedad social; si pusiéramos banderitas en un
hipotético mapa de la España corrupta no tardaría en empezar a faltar sitio
para clavarlas. La corrupción no entiende de partidos y la duda de la
desvergüenza alcanza a todos, al menos a todos los importantes y a alguno
menos importante. Habrá que pensar que el hombre, al menos el hombre
político, es malo por naturaleza y se deja seducir fácilmente por el dinero,
quizá simplemente variando la medida en función de la cuota de poder
alcanzado.
El caso es que las primeras planas de los periódicos se llenan de noticias
de este tipo, a veces interesadamente, a veces sesgadamente, pero siempre
reiteradamente, tapando la vida ordinaria, cubriendo la sociedad con un
fondo de preocupación sin que nadie parezca reaccionar. Corremos el riesgo
de acostumbrarnos y convivir con ella con absoluta naturalidad, tal cual
sucede en países del tercer mundo que todos tenemos en la cabeza, en los que
se ha infiltrado en las cañerías del Estado y forma parte natural de él.

Se nos hace ya familiar leer cada mañana las acusaciones mutuas entre unos y
otros, no hay mañana en que no descubramos la mugre que se arrojan los
principales partidos entre sí sin que se den cuenta de que todos están
quedando enfangados, de que pronto van a dejar sin opción política límpida a
sus respectivos votantes habituales.
Los espías del PP de Madrid, el preocupante misterio de los trajes del
presidente valenciano, los desvíos de fondos del Ayuntamiento de Elche al
PSOE, pequeños ayuntamientos como en La Muela... España entera parece
someterse gustosa al reinado de la marranería política, tonto el que no se
haya quedado entre los dedos con algún billete que pasara cerca, tonto el
que no se haya beneficiado abusivamente de tanto dinero como ha corrido a
espuertas en los últimos años. Esto se va convirtiendo en habitual, pronto
conviviremos campechanamente con el cáncer en las entrañas del Estado y no
podremos combatirlo. Y será demasiado tarde, que no parece existir intención
política de corregirlo. Una vez un amigo que había viajado por varios
continentes me habló de cómo en algunos abandonados países del tercer mundo
cuando hay graves problemas la población no los combate, sino que se adapta
a ellos. Está pasando en España, los principales partidos no se han tomado
esta situación con la importancia que puede llegar a tener, no la combaten y
simplemente la utilizan como arma arrojadiza. Padecemos el síndrome de
Diógenes y nos estamos acostumbrando a convivir con la suciedad y el
abandono políticos, guardamos en las férreas estructuras de los partidos una
enorme cantidad de porquería sin que los interesados se den cuenta de que
alguien puede abrir los armarios, levantar las alfombras y demostrar a la
Humanidad la podredumbre que encierran.

Para entonces a los españoles no les importará...

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