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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Krugman reprende a ZP y ZP le entrega el plan E

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 20 de marzo de 2009, 05:24 h (CET)
Se dice que sarna con gusto no pica. Quizá por esto el señor Rodríguez Zapatero ha recibido, sin alterarse demasiado, la lección de economía del Nobel Krugman, profesor de economía de la univesidad de Princenton y próximo a los planteamientos neokeynesianos a los que, vayan ustedes a saber por qué causa, parece que les ha tomado cariño nuestro Presidente. Lo que ocurre es que, en esta ocasión, el señor Krugman no se ha cortado y ha resumido en una palabra el concepto que le merece el estado actual de nuestra economía, simplemente le “aterra”. Claro que el preclaro premio Nóbel de Economía, en esta ocasión, no ha descubierto, como vulgarmente se dice, la pólvora porque esta atinada apreciación ya es moneda común entre muchos cientos de miles, yo diría que muchos millones, de españoles que hace ya mucho tiempo que experimentamos la misma descorazonadora sensación que, tan expresivamente. ha manifestado el experimentado profesor. Sin embargo, no creo que a ZP, la franca y categórica conclusión de su amigo el economista, le haya tranquilizado demasiado y, hasta puede ser que le haya hecho meditar sobre la cadena de sinrazones y meteduras de pata que, al alimón con el señor Solbes, han cometido desde que la crisis empezó a asomar, hace poco más o menos un año y medio.

Pero hay algo, en lo dicho por el profesor Krugman, en lo que deberíamos poner atención por la evidente dosis de pragmatismo que encierran sus palabras. Primero, le ha pedido a Zapatero que realice reformas estructurales, una actución que desde dentro de España y de fuera de ella se le viene pidiendo y que, sin embargo, –por el temor de los socialistas a que los remedios que debieran ponerse en práctica les perjudicaran ante sus electores y por el hecho innegable de que fue el mismo señor ZP quien se puso el dogal al cuello cuando, públicamente, se comprometió a no tocar ni rebajar ninguna de las ayudas sociales que tanto aireó en la campaña electoral – siempre se han negado a aceptar; pero esta terquedad tiene el peligro de que, cómo anuncia el profesor Krugman, la salida de la crisis sea “extremadamente dolorosa”. Pero es que se da la coincidencia de que, el premio Nóbel, propone medidas que la patronal española viene defendiendo, infructuosamente, desde hace timpo. La necesidad de reducir los salarios, bajar los precios y, en especial, a mejorar la productividad para ser compatibles en el extranjero parece algo sensato que, por inverosímil que resulte, no cabe en las mentes obtusas de nuestros líderes sindicales, acostumbrados al endémico enfrentamiento de clases como único medio que ellos consideran eficaz para conseguir mejoras salariales y sociales para los trabajadores. No entienden los señores Méndez y Fernández Toxo que, cuando no hay otra alternativa, es mucho más racional y social el que todos sacrifiquen parte de sus salarios,, para conservar sus puestos de trabajo que el mantener posturas quijotescas que no llevan a nada más que a lo que, desgraciadamente, está sucediendo en la actualidad: un incremento imparable de la tasa de desempleo y un horizonte negro para las industrias que se ven abocadas a enfrentarse a los despidos o al cierre.

El tema de la “productividad”, tabú para los trabajadores y sindicatos en España; parece que fuera de ella, en naciones tan importantes como Alemania, Francia o Inglaterra y, ya no hablemos en los EE.UU de América, es una práctica aceptada, aplicada en todas las empresas y considerada como una medida indispensable para rentabilizarlas. La productividad es la base de los salarios incentivados y la forma más eficiente de que el coste laboral y su incidencia sobre el producto fabricado permitan que salga al mercado en condiciones de competitividad con los de la competencia. Pero Zapatero ha tenido que escuchar del señor Krugman algo que, sin duda, le habrá herido su amor propio y su extremada vanidad y es que, a juicio del Nóbel, España se encuentra en peor situación económica que la mayoría de los países europeos.

¿Recuerdan ustedes las fanfarronadas de nuestro Presidente respecto a nuestra potencia financiera y a la solidez de nuestras empresas? Un cura de humildad a la que deberá someterse si es que, todavía le queda un resto de amor por España y la decencia de anteponer las necesidades del país a las de su partido. Pero me temo que estoy esperando imposibles de un ignorante en economía y un verdadero zorro en cuestiones de tener engañada a la ciudadanía para perpetuarse en la Moncloa. Vean el absurdo de la situación cundo a la recomendaciones del profesor Krugman, en lugar de tomar nota y admitir sus errores, le endilgó el “famoso” plan E, uno más de los siete planes anteriores, todos fracasados, con el que pretende salvar a España de la recesión. Un plan en el que se sigue en la misma línea de poner parches para tapar heridas y gastar más dinero, incluso aquel del que no disponen, para salvar la cara y alargar la agonía del país unos meses más, esperando que Santa Rita, abogada de imposibles, le haga la gracia de hacer un milagro que lo saque del Infierno en el que está metido.

Lo que ocurre, señores, es que en el famoso plan E del que tan orgulloso se muestra ZP no hay ninguna, ni una sola, reestructuración prevista, ni buena ni mala. Será de ver las carcajadas del ilustre premio Nóbel cuando se lea en plan “salvador” de ZP y se sorprenda de que, el señor Zapatero, le hubiera contestado que él opinaba lo mismo y, a pesar de ello, en el documento que le entregara al final de la entrevista, el famoso plan E, no estuviera contemplada ninguna de las reflexiones que le había hecho y, por supuesto, ninguna de las recomendaciones en cuanto a reformas en materia laboral. Y es que nuestro presidente basa todas sus esperanzas en las energías renovables, la tecnología de la información, la biotecnología y la salud, aunque no descarta innovar sectores tradicionales. Claro que nos tendría que explicar el tiempo que va a necesitar para ello, el coste de las ayudas a estos sectores y el porcentaje que todas estas ramas industriales representan respecto a nuestra industria tradicional, aquella que está padeciendo el mayor impacto de la recesión; todo ello,sin tener n cuenta la situación del sector bancario y financiero. Mientras tanto, dejando aparte las utopías del señor ZP y los miles de millones que se están invirtiendo en cubrir el agujero de la Seguridad Social especialmente afectada por las bajas en la afiliación y el deber de atender a los parados que se van incorporando sin parar a las listas del desempleo; lo cierto es que no se vislumbra ninguna intención de rebajar los impuestos y, en especial, a las empresas que están apostando por la I+D. Y queda pendiente el tema de nuestra dependencia absoluta del extranjero en materia de suministro eléctrico y de gas natural. ¿Qué pasa con las nucleares? Otro tema que a nuestro Presidente le da grima pero que, sin embargo, es de una rabiosa actualidad en toda Europa. Nosotros, como de costumbre, pintando en el aire garabatos esperando que alguien nos saque del apuro.

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