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La ONU y ¡las feministas al poder!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 19 de marzo de 2009, 13:57 h (CET)
Cualquier antropólogo que conozca su oficio nos podría informar sobre las diferencias entre los esqueletos de un hombre, una mujer y un niño, tanto por la estructura de sus huesos, como por su tamaño o la forma de su cráneo. Es evidente que la complexión más robusta de los varones y la función, específicamente, reproductora de las hembras constituyera ya, desde los albores de la humanidad, una de las causas diferenciadoras en cuanto a los cometidos que cada género se atribuyó sin que hubiera, en esta separación de roles, ningún afán de capitidisminuir a las representantes femeninas respecto a sus compañeros, los machos. Ellos se ocupaban de los trabajos duros, de protegerlas a ellas y a sus hijos del ataque de las bestias salvajes y de las otras tribus rivales, al tiempo que se ejercitaban el arte de cazar para proporcionar sustento a toda la colectividad. Ellas, más débiles, asumieron el rol de cocinar, criar a los hijos, y cuidarlos realizando las funciones más sencillas, como secar las pieles, curtirlas y fabricar prendas para abrigarse con ellas.

De hecho, y es lógico que así fuera, los sucesivos inventos que los hombres han aportado a la civilización han salido, en su gran mayoría, de mentes masculinas que, incentivados por el deseo de aliviar las rudas labores a las que, forzosamente, se debían dedicar, azuzaban el ingenio para encontrar nuevas técnicas que les permitiesen cumplir sus tareas con menos esfuerzo. Han pasado muchos siglos, de hecho la mayor parte de las Historia conocida, en los que la carga de defender a la familia, ir a las guerras, trabajar el campo, y proporcionar el sustento a las familias, ha correspondido en una parte mayoritaria al varón, mientras las mujeres se ocupaban de las labores del hogar y la crianza y el cuidado de los niños. Es evidente que el hecho de que la mujer no se esforzara particularmente en adquirir cultura, ni en ejercitar sus músculos ni, mucho menos, en querer asumir los cometidos tradicionalmente asignados a sus compañeros del otro género. Dudo que, la mayoría de féminas de aquellos tiempos pasados, se planteara el sentirse postergada, humillada o en inferioridad de condiciones respecto a sus compañeros masculinos, simplemente, sabían que eran distintos físicamente, que unos y otras se complementaban y que, las familias, tenían la misión de perpetuar la especie mediante la procreación.

No cro que, las primeras sufragistas, como la misma Mary Shelley, de soltera Mary Wollstonecraft, librepensadora como su padre y feminista como su madre; las famosas suffragetes inglesas o la Susan Brownell americana, promotora del “sufragio universal” hubieran podido concebir que las mujeres, apenas un siglo más adelante, no sólo hubieran conseguido y superado sus demandas de igualdad, sino que hubieran dado un salto cualitativo en la exigencia de más derechos, como ha sido su última gran batalla en la que no se limitan a querer igualar y superar al hombre ( al que injustamente acusan de quererlas dominar), sino que han llegado, en su desbocada carrera de insensatez y egocentrismo, a querer constituirse en jueces de la vida de los seres que han concebido, sin importarles el hecho de ser, precisamente ellas, las designadas por la misma naturaleza para perpetuar la especie. Los movimientos feministas se han ido identificando con las filosofías relativistas y el progresismo de izquierdas, de forma que se han erigido en una fuerza formidable a la que, como no podía ser de otra manera, se les han ido adhiriendo representantes del sexo opuesto viendo, en las reivindicaciones de las mujeres, un medio para desarrollar políticas desestabilizadoras, especialmente encaminadas a luchar contra la religión y en promover la defensa de la libertad de las mujeres para abortar libremente, como un desafío a las leyes de la naturaleza y un medio más para luchar contra la moral, la ética y el orden establecido, tradicionalmente defendidos por el cristianismo.

La llegada del señor Obama a la presidencia de los EE.UU ha sido una ventura para el feminismo radical ya que, el demócrata de la Casa Blanca, no ha tenido empacho alguno en posponer la “moral” a los llamados “derechos de salud sexual y reproductiva” entre los que, curiosamente, se incluye el de la madre de deshacerse de un hijo no deseado, dándole todas las facilidades para ello y el apoyo incondicional de la propia ONU, que se han tomado en serio lo de controlar el incremento de población mundial por el expeditivo método de eliminar a los fetos. La CSW (Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer) continúa sus reuniones en las Naciones Unidas. Están empeñados en dejar sin efecto lo dispuesto en la reunión de Beijín( China) donde se rechazó hacer del aborto un “ derecho” internacional y se impugnó el concepto de “derechos sexuales”. Es obvio que, el término “derechos de salud sexual y reproductiva” equivale, para las feministas, al derecho a abortar; identificando salud con embarazo como si, tal situación, fuera una enfermedad de la mujer en lugar de un privilegio de la naturaleza.

Sin embargo, la fuerza y la influencia de las doctrinas relativistas sobre las masas y la extensión del feminismo, presentado como una reivindicación ancestral de las mujeres; como la exigencia de una compensación que les es debida por la supuesta “opresión” de los hombres sobre ellas; como una “vendetta” porque no se las permitiera acceder a los puestos ocupados por los hombres y como una queja por una supuesta marginación cultural ( llevan años acudiendo a las universidades y ejerciendo funciones que antes eran exclusivas de hombres, pero no dejan de quejarse). Porque, señores, ya no se trata de tener los mismos derechos de los hombres “en igualdad de condiciones”, porque esto ya no les basta; ahora luchan para obtener privilegios sobre los del sexo contrario y, para ello, se han inventado eso de la “paridad” como un medio para copar puestos de dirigentes, independientemente de si están más capacitadas o menos que los hombres para tales misiones. Un ejemplo, deprimente, del tema de la paridad nos lo han dado el ramillete de ministras incompetentes que acompañan al señor Zapatero en el Gobierno; una vergüenza para España y para las mismas mujeres, que se ven desautorizadas en sus peticiones de igualdad ante una muestra tan chabacana de incompetencia y frivolidad.

Pero, donde se produce el escándalo es en el propio Partido Europeo Cristiano que, probablemente, por estrategia política, y por presión de los miembros del grupo cristiano demócrata; en una declaración publicada en el mes de Enero, titulada “Borrador del Documento de Elección de EPP 2009”, el Partido Popular Europeo (EPP) eliminó algunos principios fundamentales que apoyaban el matrimonio tradicional y la vida humana (declaración de posición del 2004). Al parecer, ya no defienden “la vida humana en todas sus formas( incluso el embrión) y en todas las etapas” ni el matrimonio como “vínculo único entre hombre y mujer”. En fin, que en todas partes cuecen habas y, viendo estas actitudes en partidos de profundas raíces cristianas, nadie se puede sorprender de que, el PP del señor Rajoy, ande dando traspiés, olvidándose de defender a capa y espada aquellos valores básicos que sus bases, mayormente cristianas, le vienen reclamando desde que decidieron lanzarse al campo y desprenderse de aquellos “lastres” que les eran incómodos para conseguir más votos. Lo que ocurre es que, visto lo visto, y observando lo que está ocurriendo en el seno de la formación que preside Rajoy, nadie diría que se trata del mismo partido que dirigió el señor Aznar.

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