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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El G–20 dando palos de ciego

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 17 de marzo de 2009, 12:09 h (CET)
Verán ustedes, si hay algo que deje a los ciudadanos más fríos que una barra de hielo es que, desde las más altas instituciones de la economía mundial –en este caso hablaremos de la reunión de los ministros de finanzas encargados de preparar la cumbre del G-20, que tendrá lugar dentro de dos semanas y media –, se nos den mensajes tan “esperanzadores” como aquel con el que el señor Alystair Darling, canciller del Exchequer británico, quiso resumir los resultados de esta asamblea preparatoria, cuya misión fundamental se centraba en concretar y concertar las medidas anticrisis que sus superiores, los mandatarios que forman el G-20, deberían refrendar para poner en marcha un plan concertado destinado a solucionar o, al menos, paliar los efectos de la actual crisis económica mundial. Y es que, el canciller británico, tuvo que hacer un esfuerzo de imaginación para conseguir resumir, en unas frases, el resultado de una asamblea en la que no se llegó a ningún acuerdo, procurando que de ella se desprendiese un mensaje tranquilizador para la opinión pública, ya bastante reticente ante tantas reuniones y tan pocos resultados obtenidos de ellas. El fruto de su intento fue más bien decepcionante porque, el compromiso de “emprender un esfuerzo común y sostenido para restaurar la confianza”, que quiso propagar el prohombre británico para tranquilizar a la opinión pública, no ha hecho más que redundar en otros que nos vienen lanzando periódicamente desde que se inició el asunto de las famosas subprimes.

No es que el problema se centre en las divergencias entre los EE.UU y Europa, que también, es que, cada país, tiene su propia fórmula y aboga por distintas estrategias para enfrentarse a la recesión, según sea la parte de sus propias economías en la que más le afecte la recesión mundial. Ocurre que, las nuevas potencias emergentes (China, India, Brasil), tienen un peso específico, cada vez mayor, en las decisiones financieras mundiales; lo que complica llegar a acuerdos comunes dentro del amplio espectro del G-20 y, tampoco se puede decir que en la UE todos remen en la misma dirección. La Merkel y el Director del Banco Mundial no son partidarios de inyectar más dinero al sistema financiero, estimando que, si bien pudiera ser bueno a corto plazo, pasado el primer efecto, las consecuencias serían nefastas; los EE.UU, por su parte, se están dando cuenta de que el multimillonario plan del señor Obama (con la oposición de Republicanos y algunos demócratas) puede que no sea suficiente y se muestran inclinados a poner más dinero para reforzar el sistema financiero. Los franceses y los alemanes se muestran partidarios de esperar, para comprobar los efectos de las primeras medidas de choque que se pusieron en práctica, antes de esquilmar sus respectivas arcas públicas con nuevas aportaciones; por el contrario los EE.UU e Inglaterra, estarían dispuestos a que su gasto público pudiera alcanzar el 2% de su PIB. Sin embargo, lo cierto es que, tanto Estados Unidos como Inglaterra, están acumulando unos déficits públicos que preocupan a sus socios europeos que temen las consecuencias de que, en un futuro, se pudieran derivar de una carga semejante.

Por otra parte, hay temas puntuales que afectan a distintas naciones como el caso de China a la que le preocupa el impacto de la revaluación de su moneda o, lo que ocurre en el Japón, que les preocupa la disminución de sus exportaciones y hay otros países que parece que centran sus esfuerzos en problemas accesorios, como ocurre en Gran Bretaña con los paraísos fiscales. En fin, que, según parece, esta nueva reunión del G-20, ésta en que el señor Rodríguez Zapatero tiene puestas todas las esperanzas de que se solucionen los problemas de España; tiene todos los visos de ser una segunda edición, corregida y aumentada, de lo que fue la primera de Washington; cuando ya comentábamos que no era más que un placebo para ir encubriendo a los ciudadanos, que la realidad no era más que la evidente incapacidad de los gobernantes, del FMI y del resto de instituciones financieras, para encontrar la salida al enorme problema de esta recesión financiera mundial.

Por si fuera poco, parece que las naciones que forman el G-20 quieren reforzar el Fondo Monetario Internacional, para darle un fondo de maniobra para poder responder a la crisis, con una cantidad que podría estar cercana a los 250.000 millones de dólares. Por lo que se barrunta y, el señor Solbes, ha comentado, parece que el Japón ha aportado 100.000 millones y que, Europa, pudiera tener que contribuir con otro 75.000 millones de dólares, con lo que la cuota que nuestro ministro de Economía calcula que nos puede corresponder a España, podría estar en unos 3.000 millones de euros. Lo que ocurre es que, cuando uno suma las cantidades que el Estado está comprometiéndose a proporcionar para la financiación a las autonomías ( acuérdense de los 1.400 millones a Catalunya); a apoyar a los bancos; a ayudar a las industrias con problemas; a cubrir las crecientes obligaciones derivadas del aumento del paro; al pago de los intereses correspondientes al endeudamiento público; a las ayudas a los Ayuntamientos (8.000 millones de euros) para obras de infraestructuras etc; no conseguimos que salgan los números sin que el endeudamiento del Estado alcance cifras verdaderamente astronómicas. Y, todo esto, en el caso de que se consiga que fuera de España se venda nuestra deuda o que dentro del país, se vaya colocando las que se vayan emitiendo. No debemos olvidar que, el crecimiento del desempleo y el descenso de la afiliaciones a la seguridad social, van a crear evidentes tensiones en las cuentas de la Seguridad Social y, algo parecido le va a ocurrir a Hacienda, con el descenso de las recaudaciones por IVA, IRPF , Impuesto de Sociedades y el de Trasmisiones Patrimoniales; producto de los efectos de la recesión en todos ellos. No es raro que el señor Solbes se haya quedado sin voz y que, en el PSOE, se dediquen a buscar temas con los que entretener a la población, para que no se aperciba de la espada de Damocles que está pendiente sobre todos nosotros. Pero una parte de los españoles todavía creen en el milagro del socialismo que nos ha conducido a la situación actual; puede que sigan ciegos a la realidad pero, es probable, que cuando quieran despertar ya sea tarde para reaccionar y tengan que enfrentarse a las consecuencias de su ceguera política. Se lo tendrán merecido.

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