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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Tomás Gómez, el jeta

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 17 de marzo de 2009, 12:10 h (CET)
Ni falta que hacer decir que los chorizos donde mejor están es en el bocata, en el puchero o entre rejas. Y que todo político que tiene conocimiento de que algún compañero de filas está llevándoselo crudito tiene la obligación, primero por su servicio a los ciudadanos y segundo por su propio partido político, de investigar el asunto en la medida de sus posibilidades y, si sospechase que pudiera ser cierto, ponerlo en conocimiento de las autoridades competentes.

Así pues, partimos de esa base, que por muy evidente que resulte jamás se cumple en “esta nuestra democracia”, que diría el televisivo Juan Cuesta. Lo cierto es que eso de “los chorizos a la cárcel” es algo que dicen mucho los políticos al tiempo que ponen trabas a la Justicia para cumplir con la obligación que en democracia a los tribunales compete y eso de denunciar a los compañeros corruptos no es que no se cumpla, es que encima suele resultar mortal (políticamente hablando) para el honrado denunciante. Aunque sea por vía interna. He ahí la calidad democrática de nuestra partidocracia.

Curiosamente y tal vez no casualmente la “Operación Gürtel” y el caso de los montajes de “El País” estallaron casi en paralelo, en vísperas electorales y con pocos días de diferencia entre uno y otro, y, sin embargo, parece que no guardan mucha relación entre sí. Pese a los intentos del PSOE de vincular a Aguirre con la “Operación Gürtel” resulta obvio que la líder popular madrileña no tiene nada que ver en las relaciones de Francisco Correa con las personas de organización de eventos, mítines y campañas electorales del Partido Popular.

El caso de los falsos partes de espionaje ha resultado ser una burda trama inventada a saber en qué oscura covachuela mientras que la “Operación Gürtel” sí tiene visos reales de acabar con algún que otro cargo del PP condenado por corrupción. Tal vez la única responsabilidad política que pudiera derivarse en relación con Aguirre sería la que tendría si, una vez probados los hechos y condenados los presuntos culpables, se demostrara que había sido avisada del comportamiento poco ético de su Consejero y diputados haciendo oídos sordos de la advertencia.

Eso sí, ello no menguaría la inmensa caradura Tomás Gómez, el del feo a las víctimas de la masacre del 11 de marzo, que anda día sí día no acusando a Esperanza Aguirre poco menos que de comerse niños por la noche y soltando frases un tanto desafortunadas (la de la zorra y el gallinero) mientras que su número dos en la FSM, Trinidad Rollán, está imputada por corrupción urbanística. Por no hablar de las imputaciones que pesan sobre Pedro Castro, Presidente de la Federación de Municipios y Provincias que llamó “tontos de los cojones” a los votantes del centro-derecha español o de los diputados, como Pérez Raez, que su grupo tiene imputados por presuntas corruptelas. De momento, que yo sepa, el grupo popular aún no tiene ningún parlamentario en semejante situación procesal, aunque a López Viejo, Bosch, y ya veremos si a Martín Vasco, les quede un suspiro, TSJM mediante, para estarlo. ¿Quién no conoce en España, gracias a los medios de comunicación que se jactan hipócritamente de denunciar a los corruptos, a estos presuntos chorizos del PP, ahora ninguneados en la Asamblea madrileña por los mismos compañeros que hace escasos meses les doraban la píldora? ¿Qué me dicen del numerito organizado por “El País” y adláteres, comisión de investigación absurda inclusive, basándose en partes de vigilancia falsos, acaso para ocultar el espionaje, real, que sufrió Ignacio González desde instancias ajenas a la Comunidad de Madrid y del que parece que poco quieren saber?¿Y de Prada, cargo de Génova 13, que parece confundir un vuelo a Tailandia con un acto en Madrid?

Eso sí, nadie fuera de círculos bien informados sabe qué imputación pesa sobre la parlamentaria regional Trinidad Rollán. Y ahí sigue: sentada en su poltrona acusando a los del PP de corruptos. Tomás Gómez, una cosa es predicar y otra dar trigo, no la ha cesado. Tampoco ha exigido su dimisión. Lo de ser honrado y además parecerlo solo se le exige –y bien exigido- a la derecha. La izquierda tiene patente de corso para hacer lo que le dé la gana. ¡Qué jeta tienes, Tomás!

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