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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Libres para ayunar o ayunar para ser libres?

María Romo de Oca
Redacción
miércoles, 18 de marzo de 2009, 13:29 h (CET)
Como todos sabemos, las grandes fiestas las preparaba el pueblo judío con oración, ayuno y limosna. Y estos son los tres pilares recomendados también para la gran fiesta de Pascua.

Pero este año el mensaje de Cuaresma destaca, de modo especial, el ayuno.
Creo sinceramente que el ayuno es hoy tan necesario, para nuestra dieta interior, como el que prescriben, en las clínicas de cuatro estrellas, para liberar al organismo de las toxinas que lo envenenan.

No me extraña que en Italia haya entrado la fiebre de los ayunos imprescindibles, al menos por unos días. Ven el ayuno como medio de encontrar esos minutos para hablar íntimamente con Dios.
Hablan del ciberayuno con formulas que van del Facebook y You Tube a los SMS y a los móviles… La sobreabundancia que vive Occidente, a pesar de la crisis económica, se nota hasta en los móviles de última generación que se ven en chicos de cualquier edad y clase. Lo demuestran los millones de fotógrafos improvisados que surgen en la calle ante todo lo que salta a la vista.

Todo esto puede ser trágico porque soportamos, a base de ordenadores, videojuegos, consolas y todo tipo de artilugios informáticos, más de lo que cada centímetro cuadrado de nuestro cuerpo puede soportar. No es extraño que en Europa se hayan desatado todas las alarmas.

Yo misma necesito con urgencia el ayuno de periódicos y suplementos con que nos cargan a los lectores como burros: el motor, la salud, el cultural, el económico, gastronomía, viajes, DVD…¡Fuera todos! Si no cortamos, puede acabar con nuestra salud tanta información que azota nuestra sensibilidad a diario.

Y no hablemos de la excitante publicidad consumista, que tantas veces es pornopublicidad. Reconozco en este abuso de anuncios con que nos explota la televisión en España, -a pesar del varapalo de la Comunidad Europea donde está prohibido-, la gran bestia negra que nos amenaza a todos.

Es evidente que vivimos, además, lo que Lipovetsky llama la “era de la seducción”. Todo se nos presenta bajo un aspecto brillante y atractivo. Los anuncios nos ofrecen los objetos más prosaicos y vulgares como absolutamente apetecibles. Un gel de baño, un crecepelos, un helado, tienen el aspecto más tentador.

Aunque sepamos que se trata de una manipulación descarada, son una trampa de seducción, continua y bien controlada, que nos afecta de muchas maneras.

Por lo pronto, nos mantiene en lo más superficial de la realidad, mas en la imagen que en el contenido, en el aspecto que en los resultados. Sin querer, esta valoración meramente exterior, nos hace a nosotros mismos superficiales.

Pero el tesoro de nuestra alma no se encuentra si no ahondamos. Y entrar dentro de nosotros, discernir, valorar, es hoy ir contra corriente. Hay que saberlo.

Acostumbrados a lo llamativo, a lo externo, actuamos también así en las cosas de cada día. Nos quedamos en el brillo de las palabras, en la apariencia de las personas, en “la religión a la carta”. Pero nada serio se nos da a ese nivel.

Es en lo más hondo de sí mismo donde el hombre descubre la libertad de ser, la aventura de hacerse y, sobre todo, el tiempo de Dios para nosotros, que debe ser sagrado.

Recuerdo, a veces, una canción de rueda que cantábamos los niños."¿Dónde están las llaves? Matarile, rile, rile" y la pregunta insistente tenía una respuesta: "En el fondo del mar". En el fondo. Hasta allí hay que bucear para encontrar las llaves del Reino. Y allí tendremos que ir a buscarlas si queremos encontrar la razón de nuestra vida, el misterio que nos habita. “Respirad en Mí, en el Espíritu que yo os doy…estremeceos de alegría sintiéndome cerca.” Es el camino de la Resurrección.

Se impone encontrar esas llaves, Dios mío, que tanto se pierden. ¡Deseo que todos las encontremos!

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