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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La fabricación de criminales

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
domingo, 15 de marzo de 2009, 10:26 h (CET)
A veces me da la impresión de que ciertas formas de difundir una noticias, más que simple y deplorable amarillismo periodístico por ganar ciertas cuotas de devotos, son oscuras maneras de fabricar criminales. No; no para personas normales o con la estabilidad suficiente como para soportar ciertas circunstancias adversas de la vida, sino para esas otras personas marginales con trastornos severos de conducta que quieren saltar y no saben cómo, o que precisan enfermizamente de cierta notoriedad para dar sentido a su pueril existencia, aunque sea conseguida en base a sangre ajena y aun propia: es un efecto llamada.

La sociedad en pleno ya contribuye de una forma excesivamente importante a la creación de monstruos que nos sobresalten, y aún que nos asesinen o perpetren sus barbaridades contra los nuestros, poniendo en el mercado libre juegos, videojuegos, películas y libros que ensalzan, premian y promueven la violencia extrema gratuita, gremial, urbana o de entretenimiento. Ya fabrica suficientes monstruos entre la infancia, ya, ofreciéndoles productos tan perfectos que, en las mentes poco experimentadas de los niños y los jóvenes, la realidad y la ficción forman un todo indisociable. Mala, mala cosa es ya privarles de modelos y ejemplos constructivos para sí y para la sociedad, y mucho peor lo es sustituirlos por los deplorables freakys que inundan todos los medios de comunicación, lanzando el mensaje subliminal de que siendo imbécil, puta, un adefesio, un ridículo don nadie o un genio de la estupidez más supina se vive mucho mejor que siendo una persona de bien, esforzada y con ideales loables que redunden en beneficio de la sociedad a la que pertenecen. Podría parecer que ya es rizar el rizo que, además, se promuevan entre la infancia y la juventud productos que conducen inexorablemente al establecimiento mental de una moralidad sin moral y una ética sin ética, toda vez que en esos productos los personajes protagonistas parecen escapados de las SS o de psiquiátricos para enfermos psicopáticos irrecuperables; sin embargo, en un ir más allá todavía, unos cuantos periodistas sin escrúpulos no sólo ensalzan la naturalidad con la que este jaez de criminales perpetra sus matanzas, sino que parecen admirarlos o endiosarlos, aportando, además, datos de cómo y de cómo se pueden conseguir armas de fuego en el mercado negro o en Internet, y, aún no satisfechos, parecen justificar que con masacres semejantes un repugnante individuo con las neuronas en punto de cruz pueda convertirse en héroe inolvidables, e incluso pudiera ser que en protagonista de una venidera película. A estos periodistas —o lo que sea— se les debiera juzgar por cómplices necesarios... para los siguientes crímenes o las masacres que con toda seguridad van a cometer otros perturbados, inspirados en ellos. Están ofreciendo a los potenciales criminales, vías que alivien de presión su retorcida frustración. No se liberarán, claro; pero eso no lo sabrán los criminales, sino cuando ya los hechos son irremediables y la teoría se mostró como aún más frustrante.

No es necesario ser psicólogo para saber que cuando un niño se encuentra ante una nueva situación en su vida incipiente tira de lo que tiene aprendido, sea por comparación de situaciones en su entorno doméstico, en el escolar, en los cómics o en sus videos. Para él la situación es tan nueva que sopesa lo poco que tiene a mano, realidad o ficción, y lo pone en práctica: ya se verá cuál es el resultado. A pesar de saber esto, tanto los gobiernos como las empresas y los propios padres permiten que los jóvenes tengan acceso a estos ejemplos depravados que mencionaba más arriba, insertando entre sus procederes posibles los de perturbados psicópatas que, en un arranque de desengaño, tiran por la calle de en medio y exterminan a quien sea. Gobiernos, empresas y periodistas están haciendo un pan como unas hostias: ellos son los verdaderos forjadores de estos criminales. Si los ejemplos, reales o de ficción, que estos tarados tuvieran al alcance de sus meninges fueran loables, sin duda podrían salirse de los límites... normales, pero jamás llegarían a perpetrar esas atrocidades que siegan para siempre la vida de muchos inocentes que tenían todavía toda una existencia por delante. El Sistema, sin duda alguna, está terminalmente enfermo: él es un psicópata.

Es particularmente doloroso para quien se respeta a sí mismo contemplar cómo hay personas que por salir en la tele, por esos cinco minutos de gloria —a su entender, que en realidad es de mezquino ridículo—, son capaces de ir a ostentar de cuernos al programa que sea; pero más doloroso todavía es saber que todos ellos son movidos por teóricamente bien formados profesionales que se valen de su minusvalía mental o intelectual para convertirlos en la risión o el hazmerreír de toda la audiencia. Estos profesionales —y otros como ellos— debieran estar proscritos por ley, y aun perseguidos y encarcelados. El daño que hacen a la sociedad en pleno es enorme, y dudo mucho que bien analizado haya un solo fiscal o un solo juez que sean capaces de eximirles de su parte de responsabilidad penal. Ellos, y los gobiernos y los poderes legislativos que no han intervenido en su contra todavía —¡y ojo que tienen tiempo para meterse con las cosas absurdas, como los educativos cachetes y tonterías como ésas!—, son a todas luces cómplices de estos actos, siquiera sea por inacción. El mismo colegio de periodistas, además de cobrar cuotas a quienes han completado sus estudios de periodismo, debiera intervenir para otra cosa que para solamente para cobrar, y regular la ética profesional, de modo que esta clase de individuos no pudiera enfangar tan miserablemente una profesión tan digna.

Ayer fue en Alemania donde se perpetró la matanza; anteayer, en los Estados Unidos de Norteamérica; y antes que eso, en mil países diferentes, pero todos ellos inundados de mezquinos periodistas de semejante pelaje, y, desde luego, con gobiernos consentidores con empresas que comercializan juegos o programas que ofrecen modelos tan abyectos como los que emularon estos menudos criminales. Nunca se ha perpetrado barbarie semejante allá donde existe cierta moralidad social, o donde los modelos promovidos por los poderes para los niños y los jóvenes son personas que han dedicado sus vidas al beneficio de los demás, y no la han consagrado a su extinción. ¿Por qué será?...

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