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Obama, ¿decepción o esperanza?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 15 de marzo de 2009, 10:05 h (CET)
En esta época donde la popularidad mediática constituye un evidente trampolín para conseguir hacerse famoso y, de paso, rico y poderoso; los ciudadanos tenemos el peligro de llegar a creernos que porque un político da una buena imagen en la TV, se expresa con fluidez y con claridad de conceptos ante los micrófonos y sabe sonreír con encanto enseñando una hilera de dientes bien colocados y marfileños, ya nos encontramos ante un personaje de talla. Si, por añadidura, este héroe de masas, sabe venderse como un salvador de la patria y un defensor de las clases menos favorecidas, entonces, señores, ya nos encontramos ante el candidato perfecto para ocupar la propia presidencia de los EE.UU. Pero he dejado de citar algo importante que,quizá, entre nosotros, los españoles, no tendría mayor importancia. aparte de ser motivo de las habituales gracias de algún paisano de aquellos a los que les gusta sacar chascarrillos de cualquier tema; el señor al que nos referimos, por añadidura, ha arrastrado durante toda su campaña una cualidad innata que, en otros tiempos, hubiera sido un serio handicap para sus aspiraciones a la casa Blanca y que, vean ustedes por donde, precisamente y en esta ocasión, ha sido un mérito añadido que ha contribuido, sin duda alguna, a que haya conseguido la presidencia de la nación más poderosa del mundo, los EE.UU de América. El ser una persona de raza negra, descendiente de africanos ha resultado ser una ventaja más, porque nadie ignora que, el señor Obama, además de un notable político tiene la piel de color oscuro.

Quizá, por ser alguien que se supo ganar al electorado, un político distinto a los que le precedieron, poco amigo de formalidades y con una aureola de reformista radical; el señor Obama tuvo el éxito que tuvo, no obstante el hecho de que, en muchos sectores de la sociedad americana sus proyectos de reforma les sonaban a una peligrosa revolución de las costumbres y que, sus ideas respecto al sistema económico, causaran chirridos dentro de el Establishment de Wall Street ( De hecho, desde su llegada a la presidencia, Wall Street ha bajado un 20%). Pero, como sucede con tantas cosas en la vida, una cosa es predicar y la otra dar trigo, y el hecho de haber conseguido el poder a costa del señor Mc.Cain, precisamente en un momento en el que, los EE.UU, necesitaban un gran técnico en economía, un financiero experimentado y un dirigente fajador que los guiase ; esta figura un tanto insegura de Obama, con ramalazos populistas y muchas concesiones a aquellos que detestan que la sociedad americana sea, en una gran parte, una sociedad conservadora en sus costumbres, religiosa en sus sentimientos y poco amiga de experimentos progresistas y de teorías adelantadas en cuanto a la moral y la ética; a pesar del poco tiempo que lleva en el cargo o, acaso por su bisoñez, está dando pruebas de no saber por donde moverse y lo que hacer – aparte de comprometer al Estado en una aventura de billones de dólares que alguien, en algún momento, deberá pagar –; no parece que el camino que ha emprendido haya sido bien recibido, como algunos auguraron, en los ambientes financieros de la nación.

Se dice que desde F.D. Roosevelt (el presidente que tuvo que bregar con el derrumbe económico de 1929) ningún otro presidente había provocado una caída tan espectacular del mercado de valores, como la que ha conseguido producir el señor Obama. Si los analistas políticos pronosticaban que, la llegada del nuevo presidente demócrata, sería un “bálsamo para los mercados”, la realidad del primer mes y medio del mandato del sucesor de Bush, ha demostrado fehacientemente cuan equivocados estaban. Un dato: desde su victoria electoral hasta su toma de posesión el Dow Jones cayó un 17’41%, un record histórico. A ello deberemos añadir el escaso efecto de los macrorrescates puestos en marcha por el nuevo presidente, en los que el pueblo americano había puesto toda su fe. No parece, pues, que los primeros pasos del nuevo inquilino de la Casa Blanca, hayan sido, como diría en Hispanoamérica, demasiado “exitosos” en lo que hace referencia a la enorme recesión que padece el país y a su endeudamiento, que ya está adquiriendo proporciones preocupantes.

Pero si, en el aspecto económico, el señor Obama va perdiendo fuelle y popularidad, me temo que la necesidad de hacer gestos en pro de los que le votaron, de aquellos que, como nuestros progres, se han provisto de una ética y morales relativistas y que tanto son partidarios del aborto como del sacrificio de embriones; le ha hecho cometer, a bombo y platillo, uno de sus primeros errores de bulto. Me refiero a la supresión del veto a la financiación federal para la investigación de las células madre embrionarias, que G.Bush había impuesto en el 2001. Y digo que, aparte de la ignominia ética que se produce cuando se sacrifica a un proyecto de ser humano en estado embrionario; desde el punto de vista científico resulta ser una práctica que ya ha quedado en desuso y superada por la ciencia. He tenido ocasión de presenciar por la tele, una entrevista a un científico que, él mismo, se declaró no creyente, quien afirmaba que este problema moral no lo tenía porque ya no es necesario trabajar sobre embriones humanos para obtener las células madres precisas, que se pueden conseguir del cordón umbilical, de la placenta, de los fetos procedentes de abortos ( algo que repugna a los que odiamos semejante práctica) y de otras células del cuerpo humano, las llamadas “células estaminales adultas” que junto con las ya nominadas, “tienen una gran versatilidad” y son cada vez más utilizadas para revertir ciertas enfermedades ayudando, incluso, a reconstruir órganos dañados.

Todos estos avances permiten desterrar el tener que acudir a métodos tan controvertidos como es actuar sobre embriones, que tienen vida propia y pudieran llegar a ser seres humanos como cualquiera de nosotros, con el mismo derecho a la vida que cualquier otro mortal. El señor Obama, con esta decisión, evidentemente tomada de cara a la galería y suficientemente orquestada por la parafernalia consiguiente; no ha hecho más que cometer un error innecesario y poco meditado que, con toda seguridad, le retirará el apoyo de muchos que le votaron que no comulgan con semejantes ideas ni procedimientos. Como muchos ya pensábamos, el nuevo presidente de los EE.UU, aparte de no ha dado muestras de un especial afecto por España ni por su gobierno (contrariamente a lo que esperaban de él el señor ZP y su equipo de ministros), está incurriendo en las prácticas a las utilizadas por su homólogo español. Se empieza por esto del “diálogo” de los “acuerdos” y de la “paz”, para acabar teniendo que admitir que el Mundo es como es y que no se puede andar de pardillo por entre leones y tigres que saben como sacar provecho de un adversario acomodaticio y excesivamente confiado en sus posibilidades de maniobra. Un peligro para España, para Europa y para el mundo civilizado; porque, el creerse que, sin estar debidamente pertrechado para la defensa y el ataque, sin un fuerte respaldo moral y ético, y sin una concepción clara y práctica de la realidad, se puede negociar con aquellos que buscan arrebatarte la primacía mundial, es lo mismo que hacer de Superman en el reino de la kriptonita.

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