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Opinión
Etiquetas:   Opiniones de un paisano  

Las poco constitucionales ínfulas de Esperanza Aguirre

Mario López
Mario López
viernes, 13 de marzo de 2009, 23:21 h (CET)
El jueves 12 de marzo doña Esperanza Aguirre remite una carta al diario PUBLICO solicitando una rectificación, en la forma que dispone la Ley Orgánica 2/1984 de marzo, sobre un artículo de Ignacio Escolar. Pide que tal rectificación se realice “con el mismo alarde editorial y relevancia y en los mismos espacios de audiencia que el artículo publicado”. Sin pararme a discutir si un diario puede tener audiencia y si esta, de existir, es mensurable, lo primero que llama la atención de la misiva es la impronta inconfundible de su autora.

Lo mismo te cierra una comisión de investigación, cual aborto a la semana segunda, que exige la pública rectificación de una noticia que le atañe, “con la reserva de las acciones civiles y penales que correspondan en caso de que tales informaciones no sean objeto de rectificación”. No se entiende muy bien la puntualización, pero se intuye. Doña Esperanza está muy por encima del bien y del mal y su ley no es de este mundo. Todos los ciudadanos de este país que han sido injuriados o calumniados públicamente en algún medio de comunicación han tenido que presentar su causa ante el señor juez y ponerse a la espera de que este dictara sentencia. Hasta entonces, todos y cada uno de los ciudadanos ofendidos de nuestro país –incluido nuestro alcalde Gallardón, que tiene mucha ilustración, en su causa contra el famoso locutor amigo de doña Esperanza-, se han tenido que morder las uñas esperando a que se les hiciera justicia. Doña Esperanza, no. Ella, primero sentencia y obliga a que se le repare el mal causado –sin dar ocasión a que Ignacio Escolar, o cualquier otro, demuestre fehacientemente la veracidad de su artículo- y, posteriormente, ya verá ella si, además, le lleva ante el juez. Esta mujer no tiene remedio; lo cual, dicho sea de paso, me importa un bledo. Lo que sí me importa, y mucho, es que los madrileños no vamos a tener remedio como ella nos siga gobernando de aquella manera.

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