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La jornada europea

Antonio Pérez Gómez
Antonio Pérez Gómez
viernes, 13 de marzo de 2009, 09:11 h (CET)
Ya terminaron los octavos de la Champions. Un año más, el capricho del bombo y la calidad de los equipos definen a los ocho mejores escuadras de fútbol en Europa. Los octavos de final, como siempre, suponen una vara de medir implacable e impecable. Significan el filtro que separa lo mediocre de lo bueno, lo bueno de lo mejor. Clarifican, despejan dudas, abren ojos. Como siempre, ponen a cada uno en su sitio.

Y estos octavos de final, otro año más, arrojan pocas sorpresas. Por desgracia para algunos y regocijo de otros, hay poco margen para la casualidad y y sí para la causalidad. Si analizamos a los ocho mejores equipos de Europa este año, podemos ver lo cartesiano de la suerte. Todos están ahí por algo.

El Manchester: líder de la liga más poderosa del mundo y con un juego de memoria que le hará llegar posiblemente hasta lo más alto del cuadro, a poco que la suerte lo acompañe en los cruces. El Oporto, practicante de un juego alegre y vistoso, con unos bonitos movimientos de ataque, muy de la escuela portuguesa y una defensa sorprendentemente buena (ya solo le queda tener un portero de verdad para ser temible). El Arsenal, el equipo que mejor lleva haciendo fútbol en la Premier desde finales de los 90, el entrenador que inventó a Bergkamp, Kanu, Anelka o Henry nos trae ahora a Europa una propuesta insultantemente joven. El Liverpool, una máquina táctica, tan despiadada como apasionada, en el que el músculo, la disciplina y la emoción suple la calidad o la inspiración de otros equipos. El Bayern, el rodillo alemán que se ha conjurado para machacar en Europa este año. Sólo otro conjunto tan rocoso como el teutón podría arañara la pintura del Panzer alemán, ¿pero quién? Y el Chelsea. Un impresionante equipo basado a partes iguales en el físico y la técnica de sus potentes jugadores multimillonarios. Casi nada. Por cierto, pleno inglés. 4 de 4. Vaya tela.

Obviamente, habrán observado que he dejado a los dos representantes de la liga española para el final. El Villareal no se ha colado ahí de chiripa. No está en octavos por un golpe del azar. No se encuentra entre los ocho mejores conjuntos del viejo continente por suerte. Tan absurdo es negar la bondad de su cruce con el Panatinaikos griego como negar que ha sido el único equipo en la historia del fútbol español capaz de ganar en el infierno del Olímpico de Atenas (que le pregunten al Madrid)... ¡Y con Busacca arbitrando! (el trencilla es tan malo que no me sorprendería que le dieran una semifinal...y, si no, al tiempo). Llegar hasta aquí ya es premio de sobra para los amarillos, pero Pellegrini sabe lo que se hace, y si el bombo es generoso...nunca se sabe.
Y, por último, el Barça. Puff! Menuda maravilla de equipo. Sigo creyendo, como lo vengo haciendo desde Octubre, que es el máximo candidato a coronarse emperador de Europa en Roma este año. ¿Sus armas? Ya las hemos ido glosando en estas columnas a lo largo y ancho de toda esta temporada. Sólo un inoportuno cruce en un momento particular de bajón físico de los catalanes podría impedir a los de Guardiola conseguir su tercera Champions

Ya, ya. No se apuren. En unos instantes reparto caña al R. Madrid.

¿Quién no está en Champions? Pues los mediocres, los chapuceros, los que repartían sueños por las esquinas, los que creen ganar solo con casta y orgullo y se hicieron encima con la primera estrofa del Never Walk alone, los que ya no son grandes o los que creen que lo son por haber empatado en el Bernabeu o tener entre sus filas al yerno de dios.
No están los italianos, que desde que hace años el esplendor de la Liga les superó, vagan errantes intentando cambiar su viejo estilo de juego, tan rácano como nauseabundo (La Roma lo intenta, pero no le sale). Il Calcio, ahora también se ve superado por la Premier. Pero su reacción es penosa: Se han dedicado a comprar a precios astronómicos los deshechos de tienta de España e Inglaterra. A este paso, en Milán van a poner un cementerio de elefantes.
Y, como saben, tampoco están los equipos madrileños. En el Atco., pese al discurso oficial, están encantados. Solo el forofo radio-hooligan De la Morena y su cohorte de correveidiles colchoneros estaban realmente indignados. Haber alcanzado los octavos para un equipo con la plantilla, la idiosincrasia y el historial del Atlético de Madrid está muy bien. Comprendo que mis amigos atléticos sepan que han perdido una oportunidad histórica de haber pasado a cuartos. No por la calidad del conjunto de Abel, sino porque el Oporto no sonaba superior al Atco. de Madrid (aunque sobre el campo, los dragones hayan barrido a los madrileños en juego, que no en el marcador).

Y llegamos al Madrid. Alguien escribió hace miles de años que hay que saber cuando se es conquistado. Hace cientos alguien mucho más bajito apostilló que una retirada a tiempo es una victoria. El Madrid no sabe nada de esto. Vive en una constante huida hacia adelante. La gentuza que viene presidiendo el club en los últimos años, esa panda de vividores, de buenos comedores y mejores bebedores (García sic) que rige los destinos del mejor club futbolístico de la historia de este deporte (comprendan que ya hay que agarrarse a este dato para alabar al club blanco) han ido autocomplaciéndose desde hace años y han conducido al Real Madrid a lo que es hoy en día. Un equipo que en Marzo ya está fuera de las 3 competiciones a las que aspiraba a principios de temporada y que que solo apunta a ser segundo para no tener que jugar en Agosto contra el Anorthosis (o el Twente, o el Grasshoppers...) una siempre peligrosa eliminatoria para entrar en la Champions el año que viene. Ver jugar al Madrid y al Liverpool el martes era doloroso. Incluso para aquellos que se alegran de las desgracias del equipo que más y mejor ha venido representando a España. Era un equipo de hombres contra niños. Podrían haber estado jugando seguido hasta el día siguiente, que los blancos no le llegaban a Reina. Fue patético, en el sentido estricto y etimológico de la palabra. Se trataba de un equipo que sabía a lo que jugaba, un equipo solido, un equipo planificado; contra un equipo hecho a empellones, pobre, débil, improvisado, sin juego, un equipo confeccionado a retales, pensado, imaginado (me niego a decir planificado) por 10 cabezas diferentes durante los últimos cinco años. Muy poco que salvar. Quizás Lass y Casillas. ¿Se imaginan a Lass en un equipo que se pa a lo que juega? ¿En un Chelsea, en un Barça? ¿Se imagina a Casillas con defensas organizados delante de él?

En fin. Ya se lo digo yo, por desgracia, esta debacle en Anfield (debacle menor, pues sin el de Móstoles, la media docena les cae fijo) no va a provocar ningún cambio, ninguna decisión genuina. Sólo otro paño caliente. Se habla de elecciones en Mayo/Junio. Sin tiempo para planificar la temporada que viene. Otro año más al pairo, al socaire del bombo generoso. Con suerte, se pasará la fase de liguilla.

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