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Etiquetas:   La linterna de diógenes  

11-M: Memoria y dignidad

Luis del Palacio
Luis del Palacio
viernes, 13 de marzo de 2009, 09:01 h (CET)
Hace cinco años tuvo lugar el atentado más sangriento de la historia de Europa. Y sucedió en Madrid. La conmoción que causó, alteró el previsible resultado electoral, que daba la victoria al Partido Popular, y produjo un efecto pendular que otorgaría el poder al PSOE. Se dijo que los ciudadanos no perdonaron al PP el haber atribuido, precipitadamente, la autoría del atentado a ETA, en su afán por evitar que los ciudadanos establecieran el correlato “participación en la guerra contra Irak – venganza islamista”.

La “oportunidad” del atentado, pocos días antes de unas elecciones generales, ha hecho correr ríos de tinta y no es cuestión de rescatar la polémica; pero lo cierto es que si los electores, en realidad, no perdonaran la mentira, es dudoso que el Partido Socialista hubiera vuelto a ganar los comicios, hace ahora un año. Aquel terrible hecho fue juzgado; aunque a muchos, legítimamente, no les convenciera cómo se investigó y se instruyó la causa, así como tampoco a quiénes se acusó y condenó (pocos de los cuales, por cierto, quedan hoy en prisión)

La posibilidad de que se reabra el caso parece factible y, acaso, teniendo en cuenta las numerosas incógnitas no resueltas, deseable. Dilucidar la verdad no debería asustar a nadie, y, desde luego, a ninguno que se considere demócrata.

Lo fácil, lo acomodaticio y cobarde, es decir: “la vida sigue”.

¿Pero, de verdad, sigue para los que sufrieron directamente las consecuencias del atentado?

Y me refiero, claro, a los que escaparon con vida; a los familiares, cónyuges, parejas, amigos que perdieron a un compañero, a un ser querido, aquella mañana de marzo de 2004.

Es seguro que la vida, para muchos de ellos, es un tormento silencioso que acabará justo el día en que abandonen este mundo absurdo.

¿Qué “educación para la ciudadanía” pueden imponer, o siquiera sugerir, quienes no son capaces de honrar la memoria de los muertos?

En esta ocasión, el gobierno no tendría que haber recurrido a ninguna demagógica “ley de memoria histórica”. Tan sólo echar mano del recuerdo de nuestra historia más reciente, recordar a las víctimas y estar cerca de quienes las lloran.

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