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Etiquetas:   Terrorismo   ATENTADO   Bruselas   -   Sección:   Opinión

Cobardía

En la izquierda en general y en algunos sectores de la derecha política europea, se ha instalado un doble miedo interno
Francisco Collado Campana
@fcolladocampana
miércoles, 23 de marzo de 2016, 09:32 h (CET)
Las respuestas al atentado del aeropuerto de Bruselas donde se contabilizan varias decenas de víctimas mortales no se han hecho esperar. Como señala Ignacio Torreblanca, las acciones del terrorismo islámico son en letras mayúsculas contra Europa, pero la reacción europea se escribe en letra minúscula. Desde los atentados del 11M, los de la redacción de Charlie Hebdo, los atentados de París el año pasado y el reciente en Bruselas junto a otros episodios son una muestra de que el sector más radical del mundo musulmán lucha contra una entidad a la que considera monolítica y ante la que se define -pues para definirse como señala Laclau es necesario hacerlo frente a terceros- como occidental.

Cada vez que se produce un atentado, las autoridades de los Estados dudan si pulsar el botón de aumento de alerta terrorista. Lo que conlleva los consabidos riesgos para la seguridad y la pérdida económica que producen estos riesgos no hace falta enumerarlos. A la luz de la mayoría, son obvios y perjudiciales. La pregunta es si cada vez que se produce un atentado vamos a estar escondidos y temerosos en nuestros hogares, interrumpiendo viajes y avisando a nuestros familiares en la lejanía de que “estamos bien”. Porque si recuerdan, cuando Francia aumentó su ofensiva tras los atentados de noviembre, fueron multitud de sectores de la opinión pública los que protestaron contra dicha actuación.

En la izquierda en general y en algunos sectores de la derecha política europea, se ha instalado un doble miedo interno. El miedo a actuar con contundencia frente a objetivos que pueden ser claramente definidos y el temor a las respuestas más sensibilistas desde la opinión pública. No cabe sensibilidad contra un enemigo que está dispuesto a acabar con su propia existencia de per a costa de dañarnos a nosotros, a Occidente. El gran problema de Occidente es que existen posturas que creen que la coacción no es el mejor medio para combatir el terrorismo islámico y el hedonismo acomodaticio que se ha instalado entre una izquierda aún seducida por el multiculturalismo que cree que se puede domesticar a los terroristas islámicos. Al respecto, no se debe olvidar que los perfiles de los nuevos terroristas son los de musulmanes de segunda y tercera generación que han conocido la democracia y las comodidades europeas, no al alcance en los países de origen de sus familias. Mano dura.
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