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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

El caso G13

Mario López
Mario López
martes, 10 de marzo de 2009, 05:41 h (CET)
Allá por los ochenta el que esto relata se pasaba un día sí y otro también en la calle Génova. Más exactamente en su número 13. Iba a visitar a mi amigo Ángel, que era el contable de AP. También a Pedro, el cajero y a una administrativa, de cuyo nombre no me acuerdo, pero que me dejó su guitarra Obation para una desastrosa actuación que llevé a cabo –con un par- en la sala Elígeme.

Ahora lo recuerdo bien, fue aquello por septiembre de 1986. El caso es que yo entraba y salía de G13 como Pedro por su casa. El encargado de dejar pasar a la gente era colega de mi amigo Ángel. Se trataba de un buscavidas que se dedicaba a hacer chapuzas y trapichear con todo lo que se le pusiera a tiro. En el bar de al lado solían echar sus buenas horas mañaneras Álvarez Cascos, Rajoy y otros que ya no recuerdo. Dentro de la sede llegué a ver un día a Isabel Tocino pintándose las uñas de los dedos de los pies. Con esto quiero decir que G13, sin llegar a ser nunca el número 13 de la calle Tribulete, gozaba de un ambiente realmente relajado y el personal era de lo más campechano. El caso es que la caja donde se guardaban los dineros para gasto corriente estaba más ventilada que el malecón del puerto de Tarifa. Ahí el primero que llegaba metía la mano y se llevaba lo que buenamente podía, sin dar explicaciones. A los pocos meses, el cajero Pedro y su jefe –un tal Naseiro, creo recordar- fueron invitados a abandonar el partido porque aquella liberalidad con la que sus dirigentes disponían del caudal relicto ya empezaba a poner en peligro la solvencia económica de la entidad. En una ocasión el vendedor de papel higiénico se tuvo que volver de vacío porque no había con qué pagarle. Mi pobre amigo Ángel alcanzó un estado tal de ansiedad que tuvo que darse de baja. Y ya no volvió. Se fue al Yemen del Sur a sacar unas fotos para una agencia de viajes. Cuento esto para que se me entienda cuando digo que lo que está pasando con el PP en la actualidad me sabe a viejo y no me extraña en absoluto que nadie se acuerde si se ha declarado a Hacienda el coche de Feijoo. Por cierto, el tal Naseiro también tuvo un buen lío de escuchas y espionaje en 1990 y, al igual que hoy, con implicaciones en el eje Madrid-Valencia.

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