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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

Las intrigas y contubernios de Sánchez, mientras Rivera traga bilis

“La traición se cometen muchas más veces por debilidad que por un designio premeditado de traicionar” F. de la Rochefoucauld
Miguel Massanet
sábado, 19 de marzo de 2016, 11:54 h (CET)
Existen personas a las que les tira tanto el ansia del poder, a las que el afán de ser importantes, de triunfar en política y de gobernar, es tan fuerte que, para conseguirlo, son capaces de prestarse a las bajezas más insospechadas, las humillaciones más denigrantes y las acciones más ridículas y descerebradas, con tal de tratar de alcanzar su objetivo. En el caso de este señor que sigue al frente del PSOE, a pesar de haber conducido a su partido a los resultados electorales peores de su historia en democracia; el actual líder del partido, señor Pedro Sánchez, tenemos que reconocer que, seguramente por humillar a su adversario político, representado y personalizado en la figura de Mariano Rajoy, el presidente en funciones del gobierno español y líder del PP y buscar desbancarlo en su carrera hacia la Moncloa, sería capaz de emular al Fausto de Goethe en su pacto con Mefistófeles.

Pero, señores, todo debe tener un límite; deben existir ciertas reglas que pongan en cuarentena ciertas conductas y es preciso aceptar que existen fronteras morales y éticas en cuanto a los procedimientos que pueden ser aceptados, permitidos o legítimamente utilizados para alcanzar los objetivos a los que se aspira y, por el contrario, los hay que, por su ruindad, su indecencia y sus posibles consecuencias nefastas, no sólo para quien los pone en práctica, sino para aquellas comunidades, regiones o países que puedan resultar concernidos por éstos. El señor Sánchez está en una situación complicada y podemos entenderlo. Primero tuvo que luchar con un hecho insólito, cuando el señor Rajoy, del partido más votado, renunció a aceptar el encargo del Rey para formar gobierno. Luego le tocó a él asumir esta tarea, cuando Felipe VI se lo encargó a él. Pero, a pesar de que el señor Sánchez parece que entendió que el encargo recibido ya lo situaba como presidenciable y así se lo tomó tan a pecho que, en lugar de buscar apoyos, se sintió autorizado a presentarse como el nuevo elegido, velis nolis, para el cargo de Presidente; hasta que tuvo que apearse de su trono imaginario cuando, dos votaciones en el Parlamento, le hicieron despertar de su sueño para regresar a una realidad que lo situó en el puesto que se merecía: ser un candidato fracasado en su misión de conseguir los apoyos precisos para poder gobernar.

Es cierto que todo se le puede negar al líder del PSOE, menos cabezonería. Incansable y mintiendo a diestro y siniestro diciendo que no existían líneas rojas, que estaba dispuesto a negociar con cualquier partido y a llegar a acuerdos para conseguir apoyos de investidura aunque, para ello, tuviera que ceder cuotas de poder e incluir en el futuro gobierno de la nación a miembros de otros partidos. Se olvidó de que fue él el que dejó fuera de la negociación al partido más votado, al que había gobernado durante la última legislatura, cuando repitió, una y otra vez, que no quería hablar con Rajoy ni con ninguna persona del PP. Vean, no obstante, la gran contradicción del señor Sánchez cuando intentaba negociar con Podemos en busca de su apoyo; en otra cámara estaba negociando un acuerdo con Ciudadanos, a espaldas de Podemos, de lo que los negociadores de este partido se enteraron cuando Sánchez y Rivera, con gran aparato propagandístico y un boato impropio de un mero acuerdo sin otra trascendencia, como se está viendo, que formar un grupo que representaba 130 escaños, insuficientes por sí solos para poder gobernar.

Llegados a este punto el señor Sánchez parece que se desentendió de Ciudadanos y de su líder y empezó a actuar por su cuenta buscando, en esta ocasión, llegar a acuerdos con el señor Pablo Iglesias de Podemos, que se mostró poco dispuesto a apearse de sus exigencias y, entre ellas, la de mantener el famoso referéndum por el derecho a decidir que les había prometido a los separatistas catalanes. Y aquí empezó el martirio del líder del PSOE, viéndose obligado a ir cediendo parcelas de poder que se le iban exigiendo por los negociadores de Podemos, hasta que llegó un momento en el que le fue imposible seguir cediendo al chocar las exigencias de los “podemitas” con las líneas rojas que le habían marcado los barones de su partido.

Desesperado, sin saber hacia dónde volverse, viendo que el tiempo transcurría y que no conseguía avance ninguno en su afán de formar gobierno, don Pedro, decidió apelar a un procedimiento insospechado por constituir algo inusual en la política española. Decidió entrevistarse con el señor Tsipras de Syriza, el partido “hermano” que logró, en Grecia lo que les cuesta tanto conseguir a los de Podemos: llegar a formar gobierno. Es cierto que las aspiraciones griegas, expresadas por el señor Varufakis, su ministro de Economía, no consiguieron doblar la resistencia férrea de la CE y también lo es que, finalmente, el propio señor Tsipras tuvo que hacerse cargo de las negociaciones y ceder, una y otra vez, hasta que se sometió a lo que se le exigía desde la CE, que nada tenía que ver con sus pretensiones originales; dispuesto a conseguir el apoyo del presidente griego para que ablandara a los de Podemos y les hiciera abandonar sus exigencias.

Pero, hete aquí que, contrariamente a lo que seguramente esperaba don Pedro, muy educadamente y con la sonrisa en los labios, el señor Tsipras le contestó que no entraba en sus funciones la de entrometerse en cuestiones de otros estados que, a su criterio, debían resolverse dentro de las fronteras de cada país. Como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando, nuestro líder del PSOE ha tenido que aceptar el fracaso y, vamos a ver como se toman esta gestión los señores Pablo Iglesias y sus compañeros en la dirección de Podemos, este intento de puentearles y de que, desde Grecia, se pretendiera presionarlos para que aceptaran un acuerdo, a toda costa, con el PSOE.

Pero en todo este periplo hay un convidado de piedra, un Don Tancredo que, suponemos que pasmado, ha tenido que ver como, desde que acordaron el pacto de 250 temas con el PSOE, este partido ha prescindido de ellos, ha negociado con sus enemigos declarados, los de Podemos, con los que, en repetidas ocasiones, el señor Rivera ha dicho que no quería pactar ni, mucho menos, gobernar. No sabemos qué clase de pactos no escritos pudieron convenir ambos partidos ni, tampoco, tenemos idea de las libertades que mutuamente se concedieran para que, cada una de las dos formaciones, pudieran pactar libremente con otros partidos. No obstante, por la cara de asombro que se les ha quedado a la directiva de Ciudadanos, ante los últimos hechos que hemos mencionado, deducimos que no están viendo esta deriva del señor Sánchez con muy buenos ojos, especialmente, el que haya ido a pedir árnica fuera de nuestras fronteras, sin que les haya hecho partícipes a ellos de dicha decisión.

Puede que Ciudadanos tengan unas buenas perspectivas electorales, de cara a unas nuevas elecciones y, son distintas las opiniones de otras encuestas en las que, tanto se pronostica un batacazo a Podemos, como se afirma que, por ejemplo, en tierras de Bildu, van a lamerle los tobillos del PNV. Lo que sí es cierto es que los últimos acontecimientos tienen visos de que pueda producirse una grave escisión entre sus miembros más leninistas y aquellos, representados por Errejón, que serían más partidarios de llegar a un acuerdo con el PSOE. En todo caso, no queda claro que al PSOE le sirviera una posible coalición con el Podemos de Pablo Iglesias si, una parte de las cuatro formaciones de que consta este partido, como por ejemplo la catalana o la gallega, decidiera ir por libre. Una endiablada situación que no nos queda más remedio que considerar dantesca.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no nos queda más remedio que calificar de una gran boutade la entrevista de P.Sánchez con el señor Tsipras; una reunión que muchos no dudaríamos de calificar intempestiva, improcedente e incluso desleal para con los españoles. Una persona que se nos presenta como aspirante a presidir nuestro gobierno, busca en otros países lo que ha sido incapaz de conseguir en España. Ha quedado demostrada la falta de talla política y debilidad personal del señor Sánchez para asumir responsabilidades de un presidente del gobierno y, estoy convencido de que, dentro de su propio partido, el PSOE, habrán surgido voces críticas que afeen semejante conducta. Claro que,¡es tal el lío en el que estamos imbricados que ya no nos causa sorpresa nada de lo que pueda ocurrir!
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