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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

El Kominform de la izquierda empieza a resquebrajarse

“Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos” W. Shakespeare
Miguel Massanet
viernes, 18 de marzo de 2016, 09:14 h (CET)
¿Qué tanto de culpa tendremos los españoles en haber permitido, con nuestros votos, con nuestras pasiones y con nuestra insensatez, el que nuestra nación haya alcanzado el grado de demencia colectiva en el que, sin duda alguna, nos hemos incluido? Algunos, insensatos, a esto le quieren llamar cambio y otros, los más “buenistas”, si se me permite el palabro, lo quieren presentar como una muestra de las libertades a las que todo hombre tiene derecho, sin pararse a reflexionar que, estos cambios que algunos demandan pueden ser perjudiciales para España y los españoles y que, quienes se ofrecen para capitanear estas presuntas “reformas políticas” no son, precisamente, la clase de líderes que las personas sensatas, con sentido común, preparadas y bien informadas, escogerían para dejar el gobierno de nuestra nación en sus poco de fiar y torpes manos.

La realidad es que, las elecciones del pasado 20D, nos dejaron un panorama político lo suficientemente complicado para que quepan una serie de combinaciones, la mayoría de las cuales ponen el vello como escarpias, sólo de pensar en que pudieran materializarse alguna vez. No obstante, el veto que ha conseguido el señor Pedro Sánchez, el líder socialista que llevó al PSOE a los peores resultados de toda su historia, en contra del centro derecha del PP, al que muchos de los partidos de las izquierdas, desde el partido socialista, tradicionalmente de centro izquierda, como los más extremistas, entre los que se encuentra el del comunismo bolivariano presidido por el señor Pablo Iglesias y ya no digamos los nacionalistas y separatistas, se han adherido; ha creado una especie de entente en contra del PP y, con mayor virulencia si cabe, una campaña a muerte en contra del señor Rajoy, que permite pensar que hay un intento solapado de transformar a nuestra patria en una nación regida por los mismos sectarios que han conseguido convertir a muchas de las naciones de Suramérica en sucursalistas del comunismo leninista; algo que las ha transformado en rehenes de sus dictadores y en víctimas de sus políticas igualitarias, que los han conducido a la bancarrota, como se ha visto en el caso de Venezuela.

Sin embargo, como ya era previsible, a medida que la lucha por el poder se va exacerbando; que el tiempo discurre sin que se consigan las coaliciones precisas para formar gobierno y que los distintos grupos que constituyen esta amalgama de políticas de izquierdas , pero diferenciadas en cuanto al grado de extremismo y radicalidad de las distintas formaciones que la integran, empiezan a ponerse de relieve las diferencias que existen entre ellas respecto a los métodos, más o menos expeditivos, que son precisos utilizar para llegar a conseguir sus objetivos que, como ya nadie duda, se centran en conseguir la máxima cuota de poder posible, aunque ello las conduzca a traicionar a aquellos otros partidos con los que han venido colaborando, para desbancar a la derecha del gobierno.

Últimamente, hemos tenido ocasión de comprobar como las primeras diferencia importantes han surgido en el partido de Podemos, que no olvidemos que es una agrupación de cuatro formaciones con sus propios líderes, agrupadas artificialmente y que empiezan a dar muestras de querer ir por su propio camino, que no siempre coincide con el que el señor Iglesias, factotum de la alianza, les pretende imponer. La expulsión de su cargo de Secretario de Organización, Sergio López, brazo derecho de Iñigo Errejón, el número dos del partido, puede que se quiera pintar como un hecho intrascendente, pero para cualquiera que tenga algo de sensibilidad política, es un acto muy serio que, sin duda, va a tener que encajar Errejón pero que, con toda seguridad, va a tener sus consecuencias dentro de su partido. La primera fisura a la que, con toda probabilidad, le van a seguir otras si tenemos en cuenta lo ocurrido en Madrid con la renuncia de 9 de sus miembros o la batalla que lleva por su cuenta la alcaldesa de Barcelona, la señora Ada Colau, que se ha declarado independentista, y que parece muy interesada en llegar a acuerdos con distintas organizaciones catalanas para crear un partido, Barcelona en Comú, que pudiera independizarse de su sumisión a Pablo Iglesias y que sigue intentando profundizar en busca de hacerse con la propia Generalitat catalana, si se tiene en cuenta el éxito de su campaña para la alcaldía, en la que derrotó a CDC y su candidato el señor Trias, toda un institución en el ayuntamiento catalán.

Los evidentes desplantes, que el señor Rivera pretende disimular, del señor P.Sánchez, al reunirse por separado con el señor Iglesias en busca de un pacto con Podemos, unido a la imprevista visita al señor Puigdemont, el presidente catalán de la Generalitat, en la que, muy probablemente, se trataron otros temas de los que han trascendido, como pudiera ser buscar una abstención para la investidura a cambio de, quien sabe que promesas de darle la vuelta a la ley para permitirle una suerte de consulta, dentro de un tiempo prudencial, que satisficiera el empeño de los políticos catalanes respecto a la dichosa consulta. ¿Qué pasará si, al fin y al cabo, el pacto de los socialistas con Ciudadanos tiene que ponerse a prueba, porque el señor Sánchez quiera gozar del apoyo de Podemos y decida nombras vicepresidente al señor Iglesias? Sabemos que, tanto Iglesias como Rivera, se han manifestado taxativamente en el sentido de no querer compartir ninguna alianza en que participe la otra formación. ¿Qué piensa, en realidad, aparte de lo que declara públicamente, el señor Rivera, de esta postura del PSOE, prescindiendo de ellos en sus reuniones con los otros partidos de los que pretenden conseguir los votos o, al menos, las abstenciones?

Es posible que en este tiempo, hasta que se cumpla el plazo de dos meses que les queda a la formaciones políticas para conseguir apoyos necesarios para la formación de gobierno, todavía nos queden muchas sorpresas que desvelar, aunque lo que parece más evidente es que, a medida que se vaya acortando el plazo y se vean más claras unas nuevas elecciones para el mes de Junio, estos pequeños desencuentros entre las izquierdas se conviertan en recriminaciones y, quien sabe, si en enfrentamientos que conviertan el panorama político en algo todavía más complicado de lo que en la actualidad lo es. No olvidemos que Podemos es, en teoría, un partido asambleario en el que las bases están acostumbradas a expresar públicamente sus opiniones y que, en un momento determinado, pudieran decidir que su directiva no expresa sus verdaderas opiniones y que se debe nombrar una nueva. IU del señor Garzón también tendrá algo que decir con su millón de votos y no creemos que se resigne a no formar parte en un nuevo gobierno de estos que han dado en denominar “de regeneración democrática”, como si los que han venido gobernando España desde que entramos en democracia, no hubieran reunido las características de legitimidad, legalidad, limpieza y representatividad exigibles a cualquier democracia occidental.

Vistas las cosas, todavía se podría pensar que, el PP, cuenta con algunas posibilidades de jugar sus cartas. Y cuando me refiero al PP no presupongo que tenga que ser Rajoy quien lo dirigiera en una nueva etapa como, también es posible, que el señor Sánchez tuviera que ser sacrificado en pro de un acuerdo de gobierno, in extremis, que permitiera a España salir del impasse en el que en la actualidad se encuentra. Pensamos que una solución como esta sería quizá la mejor que se pudiera proponer para salvar personalismo, viejas rencillas y descalificaciones que, en las actuales circunstancias estamos convencidos que constituyen barreras difíciles de sortear.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos que nos estamos jugando todo lo bueno que se había conseguido, echando por la borda las esperanzas de una pronta recuperación, para embarcarnos en una aventura revolucionaria que no apunta a otro resultado que el volver a vernos a las puertas de un rescate europeo, solo que, en este caso, mucho nos tememos que no habría las posibilidades que se le concedieron a Grecia, después de que el RU ya pusiera el listón muy alto, lo que ha convencido a Europa de que ya no es momento de ceder ante nuevos desafíos.
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