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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La minina

Juan Escribano Valero
Redacción
viernes, 6 de marzo de 2009, 07:24 h (CET)
Señor director: Un encuentro casual y muy agradable, ha traído a mi memoria una pequeña historia que en su día me hizo reír, y ahora, al recordarla lo ha vuelto a conseguir. Con la esperanza de que tu, que me honras leyéndome, por lo menos sonrías, te la voy a contar.

Actualmente, son muchas las parejas que no quieren tener hijos, pero como necesitan volcar sus afectos sobre un ser de sangre caliente, tienen un perro, es más barato que un hijo, lo pueden dejar solo en casa sin que les acusen de mal-tratadores, no tienen que limpiarles las caquitas etc. pues este hecho no es de ahora tiene sus precedentes. Verás

Un matrimonio amigo mío no quería tener hijos, tenían una gata preciosa y en ella volcaban todas sus caricias, le hacían a la gata más fotos que un amante padre puede hacerle a sus hijos, tanto él como ella, daban la brasa a todos sus amigos, mostrándonos las fotos de su gata, con el mismo orgullo que un padre puede mostrar la foto de su hijo cuando da sus primeros pasos. Cierto día, este matrimonio se encontró en unos grandes almacenes con una compañera de él, esta mujer era una pija que no salía de la calle de Serrano, que con voz engolada te pedía fuego diciendo “¿me puedes incinerar el cilindrin?” Las giliplleces no son exclusiva de nuestros días, en aquella época también había idiotas de este tamaño; ocurrió que después de las presentaciones la pija, dijo dirigiéndose a él. “¿Y tu minina? ¡Que hermosa! ¡Cuánto me gustó acariciártela!” La mujer miro a su marido y a la pija con los ojos desorbitados, le pegó un tortazo a su marido le llamó sinvergüenza y salió corriendo, él tardó un rato en reaccionar, lo suficiente, para que ella tomara un taxi y regresara a casa sola. Cuando él llegó a su casa encontró a su mujer envuelta en un mar de lágrimas, le costo (según nos contó) dios y ayuda para calmarla, y para convencerla de que minina es una forma de llamar a la gata, y que la pija la conoció un día en el veterinario donde ella fue con una perrita a la que llamaba “kuki”, con dos Kas.

Nueve meses después tuvieron un bebe precioso al que cuando la madre no estaba delante llamábamos “minino”; tuvieron dos mininos más y una minina, un minino de estos ha sido el grato encuentro que me ha recordado esta anécdota, que con la esperanza de hacerte sonreír te la cuento.

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