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El delantero mudo

Antonio Álvarez Rodrigo
Antonio Álvarez
viernes, 6 de marzo de 2009, 07:28 h (CET)
Su estrella no brilla porque al lado tiene al yerno de D10s. Pero tampoco le importa. Es sencillo, no le gustan los lujos, siempre trabaja a la sombra y nunca, nunca se ha quejado por que le cambien o por no jugar de titular. Diego Forlán, ese uruguayo de melena rubia y rizada más propia de una mujer que de un futbolista y con ojeras propias de un currante que casi no duerme, guió al Atlético de Madrid hacia la victoria en su duelo ante el F.C. Barcelona.

Es la primera vez que se destaca la figura de Forlán por encima de la de Agüero pese a aportar ambos los mismos goles en el triunfo colchonero (maldita la mala suerte atlética, su primer triunfo de entidad en la temporada beneficia a su eterno rival. La felicidad nunca es eterna). Sin embargo, el partido de ayer por fin encumbró al siete sobre el diez. Su partido fue perfecto. Siempre por detrás del argentino, fue quien lanzó los ataques, quien repartió el juego de un lado a otro, quien descolocó a Puyol y Márquez, quien hizo más daño sin recibir una patada (tan sublime fue su juego, que de las 15 faltas blaugranas ninguna tuvo como diana a Forlán. No le pudieron dar caza).

El uruguayo puso cordura en un partido loco, alborotado, sin cabeza, de cuchillos cruzados. Lógico, pues, que ganase el Atlético, un equipo que no sabe, ni puede controlar los partidos y que es el que mejor se mueve en el ámbito de la locura. Su defensa, un verdadero circo que en cada jugada aporta un nuevo número del que reírse, exige a la delantera rozar la perfección. El Barça, ese niño guapo, listo y bien vestido de la Liga, no sabe aún pelear en el recreo rodeado del resto de alumno que admiran en corro la lucha entre el empollón y el vago de la clase.

La enajenación del juego del Atlético no ha cambiado con Abel, quien quizás la ha aumentado con esa defensa adelantada (con Pablo, una lástima de jugador, otrora una promesa, hoy en día un ridículo) que desentona como una monja en un prostíbulo. Forlán, que llegó al Atlético con el dinero de Torres, pone ese contrapunto de cordura que necesita el equipo. Su Bota de Oro en el año 2005 y su gran carrera profesional deben merecer tantos o más respetos y halagos que Agüero. Sin embargo, el uruguayo, como en él es habitual, no se queja.

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