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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Barcelona   -   Sección:   Opinión

Una poltrona demasiado amplia para Ada Colau

De agitadora urbana a alcaldesa de Barcelona
Miguel Massanet
jueves, 17 de marzo de 2016, 09:51 h (CET)
“Cuanto más sube el mono más muestra la cola” G. Herbert.

Cuando un político/a se deja arrastrar más que por el sentido común, la correcta valoración de sus posibilidades como persona, el acervo cultural que posee y la clase de formación que ha recibido; por la popularidad que ha adquirido como activista y agitadora de masas, por sus enfrentamientos con la policía o con los agentes judiciales, por haber sabido aprovechar las ocasiones para engañar a quienes confían en ella o, incluso, haber arrastrado a la prensa adicta a sus ideas revolucionarias para que, en situaciones previamente escogidas, en casos extremos capaces de movilizar los corazones de las personas de buenos sentimientos en contra de un supuesto “poder fáctico cruel y avaricioso”; valiéndose de ancianos, familias numerosas o enfermos, para convertir los desahucios en un espectáculo con cámaras y focos, destinado a presentarlo como una práctica deleznable, deplorable y merecedora de rechazo público.

Cuando la verdad de todo este enredo, la realidad, lo que prácticamente ha venido ocurriendo, lo habitual en el noventa por ciento de los desahucios que se han celebrado en estas tierras catalanas; se ha debido a casos de inmuebles pertenecientes a constructoras, promotoras, sociedades privadas etc. que no pagaban sus cuotas por los préstamos hipotecarios recibidos de las entidades crediticias.

También han habido sujetos ambiciosos, fruto de las prácticas especulativas durante la burbuja inmobiliaria que ,con las facilidades dadas por los bancos para constituir hipotecas de hasta casi el 90% de su valor real o sobrevalorado, quisieron enriquecerse comprando varios pisos, pagando la entrada en efectivo y suscribiendo sendas hipotecas lo que, de haber seguido el boom inmobiliario, les hubiera permitido venderlos, a los pocos meses, con una importante ganancia; no sucedió así y, las sub-prime americanas causaron el efecto de dejar a estos individuos colgados de la brocha, sin posibilidad alguna de atender a los pagos que se habían comprometido a realizar. Evidentemente, para la política a la que nos venimos refiriendo, la señora Ada Colau, alcaldesa motu propio de la ciudad de Barcelona, cuyo currículo se caracteriza por unos estudios no acabados de filosofía y, eso sí, toda un brillante carrera como activista; agitadora de multitudes; enfrentamientos con las fuerzas del orden; conductora de manifestantes; avaladora de okupas; presidenta de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y Dación en pago, no le interesaba acudir a defender a esta clase de deudores hipotecarios y se limitaba a presentar su “espectáculo” en los casos en los que se podía sacar fruto político por el impacto sociológico que causaban.

Gobernar una ciudad de la complejidad de la capital catalana, no es algo que se pueda improvisar, que no requiera una preparación adecuada, que se pueda prescindir de unos conocimientos, aunque no sean profundos, sobre las leyes municipales o que no haga falta unos preparaciones básicas sobre urbanismo y, si se nos apura, sobre economía, ya que todos estos elementos se los va a encontrar un alcalde en el quehacer diario de un ayuntamiento como el de Barcelona. Ya no hablemos de los requisitos exigibles para relacionarse con las autoridades, con los mandatarios extranjeros con los que tenga que tratar y con las diversas representaciones de las religiones establecidas en la ciudad. ¡Una señora que ha sido arrastrada por el suelo de las calles por las fuerzas de orden público, que ha clamado en contra de las leyes del país y que es partidaria de legalizar a los okupas y de establecer limitaciones a los alquileres privados sólo porque se ha creído que todos los ciudadanos deben suplir al Ayuntamiento en sus funciones de evitar que existan pobres pidiendo en las calles! ¡Y por si no bastara ahora resulta que es separatista!

Colau lo primero que hizo, al hacerse cargo de la alcaldía, sin encomendarse al Diablo o a la Virgen de Montserrat, con la excusa de los pisos que los vecinos alquilaban a los extranjeros y que, el propio Ayuntamiento fue incapaz de evitar que en ellos se armasen escándalos públicos; fue declarar una moratoria turística. Con lo que no contaba es que había una serie de proyectos de hoteles, restaurantes, bares etc que ya estaban aprobados por el propio Ayuntamiento, a los que les pilló la moratoria en pleno verano, cuando precisamente esperaban conseguir buenas recaudaciones. Muchos impugnaron la medida y ganaron, viéndose el Ayuntamiento precisado a volver atrás su prohibición. Ahora reincide en el mismo error, anunciando que va a prorrogar la moratoria turística un año más. Lo que le va a costar a la ciudad seguramente se fijará en varios millones de euros. Recuerden que ya intentó espaciar la llegada de cruceros turísticos a Barcelona con la excusa de que llenaban demasiado las calles de la ciudad. ¡Inefable!.

Conviene recordar que la deuda pública de la autonomía catalana es de 72.274 millones de euros y recordemos también que el señor consejero de economía, el señor Junqueras, de ERC ha pedido con urgencia al señor Montoro 1.700 millones de euros para poder atender los pagos más urgentes. En este estado de cosas la señora Colau ha decidido lanzarse a la piscina aumentando en un 6’2% el gasto público respecto al pasado 2015; una cantidad total de 2.708 millones de euros. Así y todo es evidente que sus proyectos de establecer un plan de “Ciudad Refugi” para acoger a refugiados que “huyen de la guerra” siguen adelante, sin tener en cuenta que los cupos no se han concretado y que Cataluña, por mucho que ella quiera obviarlo no puede hacer más que lo que se acuerde al respecto desde el gobierno central de Madrid. ¿Con qué dinero cuenta para comprometerse con Lampedusa (Italia) y Lesbos? ¿Cuánto la dadivosa alcaldesa ha pensado que le va a costar a Cataluña su magnanimidad? ¿Por qué no nos dice la señora Colau cuantos inmigrantes acogerá en su propia casa y cuántos los restantes miembros de su gobierno van a recibir en las suyas?

Otros proyectos completamente prescindibles, como es el caso del tranvía por la Diagonal y el bus eléctrico, proyectos que han suscitado no pocas reservas entre los moradores de la propia Diagonal y, evidentemente, van a producir problemas de tráfico, debido al estrechamiento de los carriles para coches, con los consiguientes embotellamientos que la densa circulación de coches que atraviesan Barcelona por esta vía van a crear y las repercusiones que van a tener para el resto de las calles por las que los vehículos sobrantes van a tener que desviarse, lo que va a redundar en más incomodidades y más ruidos para los vecinos que se vean afectados por el cambio.

Es evidente que es necesario valorar lo que, de verdad, quiere hacer esta alcaldesa comunista con la ciudad de Barcelona. Si es que insiste en aplicar sus teorías libertarias ( no olvidemos que Barcelona en Comú, es una de las ramas de Podemos) y se empeña en atacar la propiedad privada; como es el caso de obligar a la Sareb a entregar pisos para alquiler social; a limitar los precios de los alquileres de particulares o poner multas a los propietarios de pisos vacíos o, como parece que está haciendo últimamente cuando ha puesto multas a las floristería de la Rambla y, sin embargo, permite que los manteros, los que sin pagar impuestos se han expandido por toda la ciudad, desafiando a los Mozos de Escuadra y que, sin embargo, gozan de la protección de la alcaldesa que desatiende las reclamaciones justificadas de los comerciantes afectados, que se ven obligados a contemplar, indefensos, como unos individuos que no pagan impuestos y que venden material, en ocasiones robado y, en otras, que son meras falsificaciones de otros productos, vendiendo delante de sus narices los mismos o semejantes productos a los que ellos ofrecen, pero a mitad de precio.

Es evidente que la conjunción de la incompetencia para gobernar una ciudad como Barcelona, unida al fanatismo anticapitalista y a la egolatría de una señora que es evidente que se está supervalorando, puede, si no se le pone remedio pronto, que logre acabar con el prestigio que, durante tantos años, se ha labrado la ciudad Condal; perder su carácter de ciudad abierta al turismo, cosmopolita y donde se celebran eventos internacionales importantes. Sin despreciar el efecto repelente que para las industrias, multinacionales y grandes superficies y comercios puede tener el convertir a Barcelona en la más cara de las ciudades de España, en la que más impuestos se paguen y donde menos libertades existan; algo que, como es evidente, no va a servir para que los turistas vengan a visitarnos con la idea de divertirse, ser libres y pasarlo lo mejor posible.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, queda evidenciado que el sustituir a los políticos de raza, a los que reúnen las condiciones debidas para ocupar un cargo de responsabilidad y que han ido subiendo en el escalafón de la experiencia ocupando otros puestos administrativos antes de alcanzar la alcaldía de una ciudad; por advenedizos, resabiados, mal preparados y, en muchos aspectos sin la inteligencia precisa para saber acompañarse de personas de criterio a las que consultar y tener la humildad de aceptar las opiniones contrarias, aunque puedan venir de un partido de la oposición, no es más que cometer una imprudencia inconcebible, como sería la de entregarle a niño de cinco años un bisturí para que practique una operación a corazón abierto.
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