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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   PSOE   -   Sección:   Opinión

Sánchez ha encontrado en el PSOE la misma inmundicia de la que acusaba al PP

“Nunca entenderás el daño que hiciste hasta que otra persona te haga lo mismo, por esto estoy yo aquí” Karma
Miguel Massanet
miércoles, 16 de marzo de 2016, 09:14 h (CET)
El señor Sánchez da la impresión de que no se ha apercibido de que su periodo de protagonista, en el intento de conseguir apoyos para poder cumplir con el encargo de Felipe VI de formar un nuevo gobierno para España, ya ha finalizado y, por si fuera poco, con un sonado fracaso en las dos votaciones que condenaron al ostracismo sus intentos de promocionarse para el cargo de Presidente del gobierno español. Como el recordado cómico Joe Rígoli que popularizó la frase “me voy, pero yo sigo”, el señor Sánchez continua asumiendo un protagonismo que las Cortes le negaron, apoyado en lo que, desde hace unos días parece que se ha convertido en su eslogan principal: “Yo represento a 130 escaños”, algo sumamente curioso si se tiene en cuenta que, cuando el señor Rajoy del PP reclamaba su derecho a formar gobierno, por haber sido el PP el partido más votado, el señor Sánchez no se lo tomó en cuenta, haciendo caso omiso de un argumento que, no obstante, sí se había tenido en cuenta en las anteriores ocasiones en las que se produzco una situación semejante, en las que el partido vencedor, aún sin mayoría absoluta, fue el que entró a gobernar.

Resulta sumamente contradictorio, rondando lo que se podría entender como desdecirse de sus propias afirmaciones, que el señor Albert Rivera mantenga el acuerdo con los socialistas, permitiendo que estos estén negociando alianzas con los señores de Podemos cuando, por activa y por pasiva, se habían opuesto taxativamente a llegar a acuerdos con el partido del señor Iglesias que, por cierto, sí sigue afirmando que, con Ciudadanos, no están dispuestos a formar coalición alguna. En cualquier caso, el simple hecho de que Sánchez, en este delirio que se ha apoderado de su persona, de conseguir, a cualquier precio, el ser nombrado presidente del gobierno español, se preste o pueda prestarse a formar alianzas hasta con el mismo diablo ( obviando, por supuesto, lo más beneficioso para España que, si hubiera superado su animadversión hacia Rajoy y se hubieran puesto de acuerdo con el PP; hubiera sido una gran coalición de los dos grandes partidos nacionales), aunque ello le lleve a aceptar la abstención de los partidos nacionalista, Dios sabe a base de que ocultas cesiones y con el apoyo explícito de los comunistas bolivarianos de Podemos; aún a sabiendas de que, si incurriera en semejante error, acabarían siendo, al poco tiempo, fagocitados por la formación de Pablo Iglesias.

Sin embargo, lo que sí es cierto es que, el partido que lidera el señor Pedro Sánchez, ha dejado de poder seguir arguyendo, para no negociar con el PP, el argumento de su enfangamiento en casos de corrupción, aunque, en el suyo propio, fueran más numerosos y de mayor impacto económico, los casos de imputados o investigados por presuntos delitos de prevaricación, malversación de caudales públicos, cohecho, encubrimiento y apropiaciones indebidas; como se ha venido demostrando en los 600 imputados del caso de los ERE fraudulentos destapados por la juez Mercedes Alaya. La excusa era que todos ellos habían tenido lugar antes de que el señor Sánchez asumiera la secretaria general del PSOE y ello le permitía presentarse como un político no afectado por ningún lastre de corrupción. Pero este salvoconducto ha dejado de tener validez desde que ha apoyado, con especial énfasis, al miembro de su partido en la comunidad gallega, señor Gómez Besteiro, imputado por diez delitos distintos que, si bien ha dicho renunciar a una hipotética designación a aspirante a presidir la Xunta gallega, algo que todavía no se había confirmado; no ha renunciado a su actual cargo orgánico y a su posición de “barón” del partido socialista en tierras gallegas.

Pero difícilmente, salvo en el caso de tener una cara dura resistente al mismo fuego, el señor Sánchez puede acusar a su rival (en su caso enemigo) político, el PP, cuando su partido tiene abiertas, en la actualidad, 264 causas contra las 200 que afectan al PP. Llama la tención el caso de Manilva (Málaga) en el que, en dos semanas, han sido imputados tres alcaldes distintos; pero la lista es interminable con otros socialistas de Cáceres, Plasencia etc. El que el señor Pedro Sánchez quiera esquivar las responsabilidades políticas por la corrupción en su partido y por los intentos descarados de encubrir la responsabilidad de la Junta de Andalucía, en el caso de los ERE fraudulentos, empezando por hacer todas las gestiones precisas para que retiraran del caso a la juez Mercedes Alaya, la única que consiguió sacar a la luz todos los trapos viejos de la UGT andaluza y de muchos miembros del Parlamento, entre ellos los barones del PSOE los señores Cháves y Griñán, actualmente procesados.

Le va a resultar muy difícil, al señor Sánchez, pretender mantener su virginidad en materia de corruptelas cuando, a pesar de dominar a la mayor parte de los servicios informativos del país, de tener a sus órdenes las principales cadenas televisivas y a la mayor parte de los empleados de las mismas, lo que está sucediendo en los sótanos de su formación política, empieza a apestar y a salir por las alcantarillas sin que puedan evitarlo candados y cerrojos, dejando al descubierto lo que había de hipocresía, de falsedad y de desvergüenza en los golpes de pecho que el líder del PSOE se daba, queriendo aparentar que su partido era el ángel guardián de la limpieza, de la austeridad y la superioridad moral, capaz de lanzar la primera piedra y todo un montón de ellas sobre el partido “corrupto”, encarnado por el PP. Basta buscar en las hemerotecas para comprobar que pocos partidos, al menos de lo que ya llevan años, no en el poder, pero sí en el Parlamento de la nación o en los órganos de gobierno de las autonomías, que no tengan casos de corrupción que ocultar. Hasta los recién llegados Podemos, los salvadores de España y los que se han presentado como regeneracionistas de la nación, en estos momentos están siendo investigados por financiación ilegal desde Venezuela e Irán.

Ya es hora de que se quiten las caretas, que se dejen de buscar remover las basuras o, como suelen hacer los hipopótamos cuando quieren marcar su territorio o están enojados, esparcir con los movimientos rápidos de su cola las heces que producen en grandes cantidades. Las posibilidades de que un gobierno dominado por las izquierdas o una simbiosis de partidos políticos de distintas tendencia, antieuropeístas, con la pretensión de anular todo lo que se ha hecho, con mucho esfuerzo y con grandes sacrificios de los españoles, sólo porque los hay que pretenden cambiar a España, trasformándola en una especie de satélite del comunismo bolivariano, a contrapelo de lo que está pidiendo una Europa de la que dependemos, de cuyas instituciones formamos parte y en cuyo sistema económico estamos imbricados; son prácticamente nulas. La pretensión de que, de una tacada, una España convertida en una nueva Grecia, con la particularidad de que los de Podemos son la imagen distorsionada y, por supuesto, más radical de los izquierdistas de Syriza, incluidos a sus dirigentes ya que, al fin y al cabo, el señor Tsipras de Grecia, ha sabido aceptar cuando se ha de rectificar y cuando no queda más remedio que admitir la realidad de una Europa comunitaria, gobernada por países capitalistas, que no van a permitir que un neocomunismo se infiltre en la comunidad, para acabar por llevarnos a lo que se podría comparar con una renovada Unión Soviética, de tan tristes y macabros recuerdos.

España no necesita redentores ni que vengan a explicar batallitas de viejos amargados, pretendiendo hacer creer a los invidentes, es evidente que a los demás debería ser imposible que se dejaran embaucar puesto que no estamos en un país pobre, que la miseria se encuentra por todos los rincones y que todos se están muriendo de hambre; cuando es obvio que esto no es así y que, si es cierto que tenemos mucho desempleo, que no se ha producido necesariamente en la pasada legislatura, sino que tuvo su momento de mayor auge cuando el señor Rodríguez Zapatero se empeñó, con su proverbial inconsciencia e incapacidad para gobernar, en convertir a una nación próspera en lo que, al final de su mandato, quedó reducida a un pingajo a punto de tener que pedir, con urgencia, el rescate de Europa; últimamente se ha recuperado e iba en la buena dirección hacia una renovada recuperación..

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, contemplamos estupefactos a aquellos que debieran dar muestras de sensatez, de evitar cometer errores garrafales que pudieran repercutir en contra del pueblo español o de la preciada unidad de la nación que, contrariamente a lo que sería de esperar de unos políticos que se preocuparan esencialmente del bienestar de los ciudadanos, aunque ello supusiera renunciar a parte de sus ideales; nos encontramos ante un grupo de personajes que van en busca de lo que su egoísmo les pide, que no dudan en utilizar, la mentira, la calumnia, la injuria y los más procaces insultos contra sus adversarios políticos, con tal de alcanzar el poder y de aplicar el clientelismo entre sus seguidores, para que les apoyen para auparse al poder.
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