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Política: ¡puaj!

Ángel Ruiz Cediel
Redacción
miércoles, 4 de marzo de 2009, 11:04 h (CET)
Una vez más se ha cumplido a carta cabal el primer axioma de nuestra peculiar democracia: aquí nadie gana las elecciones, sino que las pierde quien ostenta el poder. Así ha sucedido en las recientes elecciones autonómicas gallegas donde Touriño se las ingeniado para procurar la democrática alternancia, y así en las vascas, donde, a pesar del pánico atávico en el que viven ancestralmente sus habitantes, ha comenzado a asomar el hartazgo de los nacionalismos y el empacho de un porvenir nacionalista que se ha resuelto reiteradamente con el buen vivir de los mismos que han sesteado a la sombra del roble de Ajuria Enea.

Lo de Touriño estaba cantado. A lo mejor es que sabía que su gestión no daba más de sí y se decidió en sus últimas bocanadas de poder a gastar como nuevo rico y otorgar contratos per se o con sus socios a quien más convenía, pero no hay la menor duda de que finalmente ha sido su peor posible enemigo. En realidad, el PSOE ha sido siempre su peor posible enemigo: no hace falta ninguna campaña para vencerle, sino que basta con darle cuerda suficiente para que se ahorque. De alguna manera, son los herederos legítimos de la UCD, aquel partido de la primera etapa democrática que enalteció el eslogan “¡Cuidado, que vienen los nuestros!”

En pocos partidos se da la contradicción con tal énfasis que en éste. Por más que uno quiera comprenderlo o someterlo a análisis, no hay lógica que lo soporte, ni siquiera una causa que lo justifique. Ya se puede buscar en la sociedad al completo tal cantidad de bocazas, inconscientes o sabios de mucho postín y ningún acierto, que ya es más que difícil encontrarlos y casi imposible reunirlos bajo la misma bandera. Sucede con los sabios económicos de su credo —los mismos que a alguno le metieron en la cárcel por una falta y que a otros les otorga miles de millones de euros por la misma falta—, que a Presidentes autonómicos que se desbocan por el oneroso despilfarro de los nuevos ricos. Me recuerda, sin poderlo evitar, a aquel Presidente autonómico que se hinchó durante su mandato a caviar Beluga con cuchara sopera, o a aquel otro pseudopresidente de la misma Autonomía que antes de ser nombrado como tal corrió a encargarse unos cuantos trajes a la medida de Armani.

“Lo que hay repartir es la riqueza, no la pobreza”, coreaban todos los mandamases sociatas de la época gonzalera, y bien que repartieron, bien, aunque, eso sí, teniendo en cuenta el principio fundamental de que quien parte y reparte... Hagan recuento de cómo viven hoy, y verán qué risa. Cosa que, según bien se echa de ver, han mantenido hasta nuestros días como Principio Fundamental del partido, no hay más que ver la modestia izquierdista con que ministros o altos cargos decoran sus pisitos o sus despachos oficiales, o incluso reparan las goteras de sus viviendas, que es de temerse que con casi un cuarto de millón de euros goteras no va a haber más en los techos, por más que las extornen a los fondos del erario. Pero, en fin, son así, y así se les ha de querer o de odiar: no hay otra. Males menores, en fin, por los que ninguno de ellos será perseguido o castigado, aunque al mismo tiempo sus mismos compadres en el uso y dominio del poder exijan austeridad social, a los funcionarios usar el papel de la Administración por las dos caras y aun a Juan Pueblo consumir a tutiplén productos españoles, al mismo tiempo que el Estado que gobiernan adquiere los uniformes de las Fuerzas patrias en China o las empresas españolas se desradicalizan (con ayudas oficiales) para trasladarse a la India, Malasia, Marruecos, Turquía o la tierra del chinito mandarín.

Contradicciones constantes que, a imagen de esa Ministra de Defensa pacifista que vende armas a los israelitas para que den matarile a los moritos de Gaza (¿para qué otra cosa, si no?), no les impedirán intentar tomar protagonismo no sólo en la política nacional durante los casi tres años que les quedan con más medidas como ésa de regalar dineros a los ayuntamientos que están quebrando a incontables pequeños empresarios para que desorienten a la peña con el número de desempleados, sino también buscarán, allá donde han obtenido mejor resultado electoral por causa de lo cansino de quienes gobernaban —el País Vasco—, acuerdos que les acerquen al poder para hacer más de las suyas.

Hoy mismo, sin ir más lejos, ya habían decrecido notablemente en las radio socialistas los decibelios de los insultos al PP, y en la prensa escrita de su credo el guante blanco ha hecho su aparición resplandeciente la dulzura, con un Pepe Blanco caballeroso y conciliador con esos mismos mortales enemigos a los que ayer mismo tildaba de corruptos en masa y hasta de enemigos de la democracia. Hay que hacer pactos para meterse de rondón el meollo del poder, y no se sabe si al final se tendrá que pactar con la pérfida Trinidad, con el derechista PP o con los mismos nacionalistas a los que una vez y otra han satanizado con epítetos que aún los académicos buscan en el DRAE; se hará, sin embargo, aunque nada más sea que por el interés general de España, que si han de sacrificarse, se sacrificarán y se corregirán, y aun serán capaces de desdecirse en digo donde dijeron Diego, para que allá donde sembraron división, odio y resentimiento, coyunturalmente crezca la concordia y aún el acendrado amor.

No se cansan los ojos de ver ni los oídos de escuchar las mismas cosas una vez y otra, y otra y otra, y, sin embargo, les funciona. Política: ¡puaj!

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