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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

¿Dónde están los millones que acabamos de ganar?

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 2 de marzo de 2009, 04:45 h (CET)
Nos llegan las siete vacas flacas, acabamos de merendarnos a la brasa las siete vacas gordas. Y ahora toca pasar hambre. ¿Por imbéciles o por estar en manos de ineptos? ¿Dónde está, dónde hemos metido, qué hemos hecho con los miles de millones que acabamos de ganar en los últimos años de crecimiento económico? ...O ¿quién los tiene?

Partamos de una base de sinceridad, quien esto escribe no tiene ninguna idea
de economía, a mí no me bastaban dos tardes, como a Zapatero le dijo Miguel
Sebastián, para llegar a tener unas nociones elementales de Economía, con
mayúscula. En ese terreno, sé lo que gano, sé lo que gasto y en qué lo gasto
y sé cómo se me queda el bolso si no ando con cuidadín cada fin de mes. Y
punto.
Pero sin embargo tengo un desarrollado sentido común, sé aplicar la lógica y
sé sacar conclusiones de mi observación del mundo cruel en el que me ha
tocado desenvolverme. Y sé que estos años anteriores el dinero ha circulado
a espuertas y algunos se han beneficiado mucho de ello. Sé cómo han crecido
determinados negocios, sé cómo han aumentado los beneficios de determinados
empresarios, sé cómo se han modernizado los yates de recreo y cómo, al
rebufo del crecimiento económico, las grandes empresas nacionales, las
grandes multinacionales y los poderosos empresarios, amigos de los
dirigentes del PP, del PNV, del PSOE, del Bloque Nacionalista Gallego y
otros grupos de decisión han alcanzado más y mayores cotas de poder, riqueza
y beneficios. Que no me hablen de beneficio del pueblo, ni del proletariado
ni de las clases medias. Aquí quienes se han aprovechado, quienes han sacado
enormes beneficios, casi siempre imposibles de medir, no han sido los parias
de la Tierra ni las naciones oprimidas por España ni las capas sociales de
extracción media.
No, dejémonos de coñas, dejémonos de burlas, dejémonos de mezclar churras
con merinas y de distraernos sacando a colación asuntos que no vienen a
cuento: ¿dónde están tantos millones como algunas empresas han ingresado en
los últimos, pongamos, diez años? ¿Cómo es posible que después de cubrir de
oro sus paredes ahora pretendan escurrir el bulto? ¿No hay una labor social
que desempeñar, no es hora de arrimar el hombro, tal vez dejar de ganar
tantos millones, tal vez incluso perder una parte de la inmensa fortuna
acumulada y ponerse al servicio de la sociedad?

No hablo de la tienda de la esquina ni del taller de recauchutados del
barrio de al lado; no hablo de esas empresas con cinco o tal vez diez
empleados; no hablo de esos pequeños industriales que mantienen una empresa
en la que todos los días salen a batirse el cobre porque cualquier día puede
ser el último. Hablo de las grandes cadenas, de poderosas empresas que todos
conocemos, hablo de esas industrias que en los últimos años se han cubierto
de oro y de gloria, sociedades que han estado en boca de todos y cuyos
beneficios se elevaban más altos que los rascacielos en los que estaban sus
elegantes despachos. Sí, hablo de ellas, ¿no sería hora de que invirtieran
toda esa riada de beneficios que han afluido a sus arcas en beneficio de la
sociedad, en beneficio de sus obreros? ¿Cuando las ganancias eran
superlativas los obreros tenían sueldos superlativos? Nadie, salvo las
fortunas más poderosas, participaba de esa ingente ganancia, el obrero
seguía en su cadena apretando o aflojando tornillos sin que tantos millones
que daba a ganar le afectaran lo más mínimo, ¿cómo es que ahora se hace
partícipe al obrero del desastre económico en el que él no tiene arte ni
parte?
¿Dónde están tantos millones, no existe una manera de obligar a que el
dinero que se han llevado algunos durante tantos años cumpla ahora una justa
e imprescindible función social? ¿No hay manera de obligar a nuestros súper
empresarios a devolver a la sociedad las vacas gordas de años pasados, ahora
que nos amenazan las siete vacas flacas?

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