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Etiquetas:   Disyuntivas  

Inconformistas de los buenos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 2 de marzo de 2009, 04:45 h (CET)
La conformidad, de manera especial aquella adquirida con una actitud cerril e irreflexiva, sólo adormece a las personas. El CONFORMISMO no sé si alguna vez deba ser total, tendría que ser muy exigente; y si tanto exigimos, siempre quedarán resquicios de desacuerdos. La conformidad suele ser parcial, conformes con pequeñas cosas; lo del acuerdo total no es de estas sociedades en las que vivimos, no estamos hechos para eso.

Es por esto y las voces manifestadas a su través, que abogo por la actitud del INCONFORMISMO auténtico; ese que pone de manifiesto el sentimiento de una serie de personas. Insisto aún con mayor énfasis, cuando nos refiramos a personas alejadas de los emporios dinerarios y políticos, ciudadanos más bien sometidos a una continua agresión. Una de las más graves sería la de someterles a un silencio castrante. Ante eso, proclamo el más sano inconformismo.

Como homenaje a las voces espléndidas que se han venido manifestando en diferentes áreas de la sociedad, me permitirán que lo exprese con un soneto, como un canto a eso de mantenernos despiertos frente a la que se nos viene encima. Esta es la idea:

Soneto inconformista
Necesito el vacío de Chillida,
de sujetos ahormados al margen,
para un encuentro feliz en origen,
fiel retrato de inquietud nítida.

Nuestra vida chirría comprimida,
tampoco sirve una pura imagen
entre numerosos lobos que rugen,
quedando la dignidad reprimida.

¿Queremos una moral prescindida?
La tensión que comienza intimista
nunca debiera quedar eximida,

cómplice tenaz, noble y reformista,
con la mejor condición esgrimida y
pertinaz talante inconformista.


Como complemento a mi reconocimiento por esa labor plena de inquietudes, periodística, profesional, o de simple ciudadano; les incluyo este minicuento que elaboro para la ocasión:

El avestruz de varias cabezas

Era un avestruz con varias cabezas, altanero y veloz. Ante el peligro inminente, se le planteó el problema de cómo esconder tantos apéndices craneales. La necesidad se convertía en acuciante, por que además se había apuntado a las elecciones inminentes del mes de Marzo. Precisamente por eso, con sus dos largas patas no daba abasto para llevar cada cabeza a su sitio. En menudo lío se había metido el avestruz democrático. Cada cabeza quedaba en posiciones poco favorecidas. Las veíamos en el yate de sus contubernios cerca de Finisterre, en cacerías furtivas de componendas jurídico ministeriales, entre grandes capitales desaparecidos, haciendo la buena obra de ayudar al que más tiene; y a otras, totalmente ocupadas en el invento del voto representativo sin que se notara, para seguir igual. Más parecía el voto preservativo, de sus fuentes soberbias. Aún no se sabe el final, hay quien no cree que se puedan juntar las cabezas. Eso sí, mientras, el avestruz corre sin parar … atiborrado de preguntas, altanero y prepotente.

Entre todas estas, y otras mejores, ha llegado uno de esos momentos cruciales de toda democracia. No sabemos si sucederá aquello de que “todos han ganado”, en medio de debacles y resbalones. Confiemos en el buen acomodo postelectoral, lo necesitamos para la recuperación económica, para que retornen las palomas de la paz que no sé por donde vuelan, y la consecución de una concordia amistosa y hasta placentera.

Ya ha pasado el tiempo suficiente para que la evolución humana, con las mutaciones que se requieran, elaborara otros caminos de convivencia y libertades. Ya duele en lo más profundo, que estas presuntas libertades y convivencias no pasen de nominales y cueste tanto encontrarlas.

Con perdón del avestruz, que nos mirará con mala cara.

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